RELATO: SIN LUZ

Debió de haber hecho caso a su intuición, pero no le dio importancia, quien le iba a decir…

Todo empezó la noche anterior, se fue la luz, de pronto, como siempre, sin avisar. Buscó la linterna que tenía para estos casos y que como siempre que la necesitaba no encontraba, al final y tras varios golpes en la espinilla con un par de muebles que debían haberse movido aprovechando el apagón, la encontró en la cocina, la encendió y volvió al salón. Conforme iba avanzando por el pasillo veía como la luz que salía de ella iba apagándose paulatinamente, ¿Por qué se tienen que gastar las pilas justamente ahora?, claro que si la probara de vez en cuando sí hay luz…

Dió media vuelta, hombre precavido vale por dos, y buscó las velas de emergencia, eso sí lo encontró enseguida, cogió la caja de cerillas que inteligentemente guardaba al lado y la abrió, ¡vacía! ¿y porque demonios la habré guardado vacía?. Miró desolado la luz de la linterna chisporroteando, como pidiéndole permiso para acabar de morirse… y oscuridad total. Se quedé desolado mirando su nueva placa de inducción, no era muy bueno en ciencias pero daba por sentado que no podría encender la vela con ella, ni tampoco con su flamante nueva caldera de tiro forzado, sin llama, claro.

Antes de arriesgarse a seguir deambulando a oscuras por la casa, optó por irse a dormir, ya se lavaría los dientes por la mañana, total no iba a besar a nadie…

El día siguiente transcurrió con normalidad, había preparado una fiesta de cumpleaños para un compañero en el trabajo, estaban todos en la sala de juntas, en una falsa reunión, a una señal tenía que salir disimuladamente e ir a su despacho a por la tarta mientras otro compañero se ocupaba de ir a la otra punta a apagar las luces de la oficina, para que hiciera su entrada triunfal. Sonó su móvil, la señal, y con una disculpa se dirigió a su mesa, abrió la caja y sacó la tarta,… y se quedó mirando la vela, esa enorme vela con forma de número, y se dio cuenta de que se había olvidado de coger el mechero, llevaba media tarde recordándoselo a si mismo… Durante un segundo pensó en ir corriendo al despacho de al lado para buscar un encendedor, pero en ese momento la oficina quedó a oscuras y sus colegas empezaron a cantar… Cogió la tarta y caminó por el pasillo arrastrando los pies para no pisar nada que no debiera, ya se le ocurriría algo… solo faltaba que se cayera con la tarta…

 

Acabado el cumpleaños, los de siempre se dirigieron al pub que había cerca de la oficina. Querían seguir un rato la fiesta… Se acercó a la barra y pidió una cerveza, mientras esperaba que se la sirvieran escuchó una voz a su espalda “¿Por favor, me das fuego?”, se volvió y descubrió delante de el a la mujer más impresionante que había visto nunca. En ese momento, supo con toda certeza, que dejar de fumar esa semana había sido el mayor error de su vida.

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