RELATO: DISFRACES

Se conocían desde hacía años, en realidad eran amigos desde el Instituto, Diego vio por primera a vez a Rafa una tarde de pellas. Lo pillaron fumando detrás del gimnasio y cuando lo llevaron al despacho del director había otro chico allí esperando. Compartieron bronca y desde entonces se habían separado muy pocas veces. Ni siquiera las chicas habían conseguido ponerlos en contra, y eso que alguna lo había intentado.

A los padres de Diego no les gustaba que su hijo fuera siempre con Rafa, decían que él tenía la culpa de que hubiera dejado los estudios, de no haber ido a la Universidad, “¡con lo buen estudiante que eras antes de conocerlo!”, se lamentaban.

A Rafa le regalaron un pit-bull, un cachorro marrón con el pecho blanco. Diego no paró hasta que consiguió permiso para comprarse otro. El día que apareció en casa con su cachorro, totalmente blanco, lucía la mejor de sus sonrisas. Quedaban para llevarlos al veterinario, para adiestrarlos, para pasearlos… para reírse de los pobres perros callejeros que huían aterrorizados cuando los azuzaban contra ellos.

El día en que cambiaron sus vidas comenzó en una tienda de disfraces. Y tenían un gran dilema:

         Yo prefiero la de lobo – dijo Rafa mientras se probaba una máscara que le tapaba toda la cabeza, con un morro del que sobresalían varias hileras de afilados dientes y unas orejas puntiagudas y peludas.

         ¡Joder tío, cómo mola esa! Yo prefiero la de cerdo – y Diego se encasquetó una máscara enorme y rosada con un gran hocico y sombrero de copa negro.

         No sé, ¿no serán demasiado escandalosas? – Rafa dudaba. La verdad es que estaban muy bien hechas, pero no quería gastarse tanta pasta. Total, para usarlas solo un rato.

Parecían un par de críos jugando a disfrazarse, y tras probarse unas cuantas, al final Rafa se llevó la de lobo y Diego optó por una de león.

         ¡Venga tío! ¡que al final llegaremos tarde! – salieron apresuradamente y se metieron en el coche, su amigo de correrías, Fiti, les esperaba al volante de su viejo Ford Fiesta.

         ¿Qué hora es? ¡Al final nos cerrarán! ¡Para, allí es!!

Salieron rápidamente del coche. Sólo quedaban 5 minutos para cerrar. Pulsaron el botón de apertura de la puerta exterior y cuando entraron por la segunda puerta del banco la cajera solo pudo ver a dos tipos con cara de lobo y león que pegaban un tiro al techo mientras gritaban

¡TODOS AL SUELO! ¡ESTO ES UN ATRACO!

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