CUMPLEAÑOS

Tarde de viernes. Día preferido para la celebración de cumpleaños infantiles. Para mi no deja de ser un engorro sea el día que sea. Me tengo que escapar el día de antes para buscar un regalo e intentar ser original con niños que tienen de todo (es una manía mía en cualquier tipo de regalo, soy incapaz de comprar “cualquier cosa”)

Y llega la tarde del cumpleaños, como es viernes puedo ir, ese es el único día que no trabajo por la tarde. Acabo a las tres, momento de relax con los socios en la terraza cercana, cerveza y tapeo al sol. Aunque no me puedo relajar mucho porque tengo que estar a las cinco y media en el Telepizza (que vaya horas para quedar con lo que alarga el día ahora) y aún tengo que recoger a mi hijo, pasar por casa, dejar trastos y mochilas y coger el regalo. En algún momento de ese proceso colocaré a mi otra hija con una amiga.

Aguantando el sol pretormenta que quema a esas horas de la tarde nos dirigimos a buena marcha hacía el lugar del cumple. Solo quiero llegar, tomarme una cerveza fresca y sentarme. Desde el final de la acera veo los otros diez niños que esperan en la puerta con las cinco madres porteadoras cargadas de regalos (que raro, como siempre, ningún padre). Ya me imagino que lo de relajarme va a ser un poco difícil. En efecto, en cuanto entramos por la puerta del local, me doy cuenta que dentro se está celebrando otro cumpleaños, hay un montón de mesas juntas con unas catorce niñas de once o doce años, gritando, y cuatro madres con cara de aburrimiento bebiendo refrescos en una mesa cercana.

Mientras la madre de la cumpleañera intenta ubicar a nuestros hijos en unas mesas, yo me voy percatando de la mala acústica del local, de lo imposible de mantener una conversación que no sea a gritos, y que necesito aire. Salgo fuera y al momento se reúnen conmigo otras tres madres disidentes. Es curioso pero entre las madres del colegio se han formado subgrupos dependiendo de si trabajamos o no, así que afuera estamos las madres trabajadoras y bastante políticamente incorrectas, y dentro se han quedado justamente las madres que no trabajan.

Afortunadamente nuestros hijos de diez años se abalanzan sobre las pizzas como si no hubieran comido en tres días, así que en menos de una hora se lo han zampado todo y han repartido los regalos. Salimos del local y las chicas de la otra mesa aún estando sacando la tarta y cantando el cumpleaños feliz.

Lo mejor de estos cumpleaños en el barrio es que la segunda parte, la de después de la merienda se hace en el parque, nuestro parque. Tremendo parque con muchos árboles, varias zonas de juego, cancha de baloncesto, varias fuentes, un escenario, un laberinto… y sobre todo nuestro bar con terraza. Nuestro bar de los viernes, allí (las madres disidentes) nos sentamos y durante dos horas charlamos, nos relajamos y sobre todo nos reímos, nos reímos mucho.

Y se pone a llover. Miramos al cielo y nos acabamos la última ronda. Este viernes acabaremos antes de lo previsto.  

Pero los cumpleaños los prefiero en la bolera.

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