RELATO: PERFUME

Nunca le habían interesado los perfumes hasta ese día, hasta el día en que se tropezó con ella mientras recogía la correspondencia del buzón. No la había visto nunca, supuso que era la nueva vecina del 4º, pero cuando se volvió y la miró se dijo que era muy hermosa, con una feminidad que atraía la mirada hacia la voluptuosidad de su cuerpo, hacia sus caderas, hacia sus pechos, hacia sus labios… la saludó con educación y se dirigió a su propio buzón con gesto torpe. Mientras sacaba las cuatro cartas que tenía acumuladas de toda la semana olió por primera vez su perfume. Entró al ascensor y subió hasta el 5º piso rodeado de esa fragancia, que se le quedó grabada en su pituitaria como nunca hubiera creído que fuera posible.

A partir de entonces la vida se convirtió en una tortura para él. Esa mezcla de esencia y olor personal le indicaba que había bajado en el ascensor unos minutos antes que él. Sabía que no había llegado todavía a casa cuando abría la puerta del patio y no detectaba ni un rastro de su aroma. Ese mismo aroma que le despertaba todos sus sentidos, pero sobre todo sus instintos más básicos.

No se atrevía a decirle nada. Estaba tan cohibido cuando se tropezaba con ella en persona como excitado ante su perfume en su ausencia. Pensó en escribirle, en explicarle… “no, no puedo, pensará que estoy loco”. Y subía resignado hasta su casa, olisqueando las esquinas intentando detectar su presencia.

Una noche, ya de madrugada, estaba esperando el ascensor cuando oyó cerrarse la puerta del patio a sus espaldas. No le hizo falta girarse para saber que era ella, su corazón empezó a golpearle en el pecho en cuanto respiró la primera bocanada de aire mezclado con su aroma.

Ella le saludó con mirada curiosa, a él no le salía la voz en su presencia. Le miró, intentó decir algo y bajó la mirada al suelo. En ese momento se abrieron las puertas de la cabina.

Entraron y pulsaron sus respectivos pisos. El ascensor cerró las puertas, arrancó, tembló y se detuvo, quedándose la cabina a oscuras. Él oyó su respiración agitada. No podía ver sus ojos, esos que tanto le intimidaban. Inconscientemente respiró hondo, y tal y como entraba ese aroma a través de su nariz y se expandía por todo su cuerpo se dio cuenta de que no se podría contener, en ese momento sus instintos le dominaban por completo. Dio un paso hacía ella intentando tantear para no acercarse demasiado bruscamente y de pronto se encontró con su cuerpo, ella le estaba buscando, notó sus labios sobre los de él y antes de perder el último atisbo de raciocinio que le quedaba agradeció haberse curado de ese resfriado que le había tenido casi todo el invierno sin olfato.

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