THE POLICE (o viaje en el tiempo)

Anoche volví de cenar con unos amigos y mientras acostaba a mis hijos encendí la tele para ver si tenía suerte y podía ver a Jay Kay saltando sobre el escenario ya que no había podido ir a verlo en directo. Y en ese momento Stewart Copeland  salía al escenario entre los gritos de todo el público asistente.

Me puse cómoda, encendí el aire acondicionado, me abrí una coronita muy fría y me dispuse a recordar. Porque yo fui de las que cuando el año pasado Police anunció que volvían, que iban a dar unos cuantos conciertos (los últimos), me fui corriendo a reservar entradas anticipadas.

Porque The Police forma parte de mi experiencia vital y musical. Recuerdo mi primera borrachera mientras sonaba de fondo Message in a bottle en una vieja juke-box de un pequeño antro del barrio viejo. Y durante años, sus canciones siguieron sonando, de fondo musical junto con otras músicas, pero quedaron grabados en la memoria de mi juventud.

Y llegó el gran día. El 27 de septiembre del año pasado. Una del mediodía, mi amigo Alberto, su amigo Paco y yo, un coche y 24 horas en las que queríamos olvidarnos de todo, solo disfrutar como hacía tiempo que no lo hacíamos. Walking on the moon sonando mientras abandonamos Valencia, con el mar a nuestra derecha.

Una mala elección de restaurante (no por la comida sino por el autobús de jubilados que lo abarrotaba) y un incendio en la autopista que nos mantuvo retenidos más de una hora nos retrasó sobre el horario previsto. Llegamos a una Barcelona colapsada de tráfico y con el tiempo justo para llegar al hotel dejar el coche, cenar algo y salir pitando hacía el Estadio Olímpico. El atasco era monumental, mientras yo buscaba vías alternativas para llegar nuestro hotel en el callejero del portátil, Alberto se dejaba llevar por su intuición e iba tomando calles a derecha e izquierda sin que a mi me diera tiempo a situarme en el mapa. Paco decía “no llegamos” y Alberto solo repetía “¡estoy en racha, estoy en racha!”. Realmente lo estaba. Llegamos al hotel, aparcamos en un parking cercano y viendo la hora que era nos olvidamos de cenar, ya nos comeríamos un bocata en el concierto.

Nos repartimos por la Vía Layetana y en quince minutos acudimos corriendo al taxi que Paco había conseguido. Ahí empezó una carrera digna de la última escena de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, pero el taxista entre insultos a diestro y siniestro consiguió llevarnos hasta la puerta del Estadio. Llegábamos con media hora de retraso, pero en la puerta nos dijeron que aún no había empezado. Seguíamos de racha. Nos dirigimos a la barra más cercana, cogimos tres cervezas gigantes y nos fuimos a buscar sitio.

En ese momento se oyó un griterío. Se encendieron las luces del escenario y empezaron a sonar los primeros acordes de Message in a bottle. Primer plano de Sting en las pantallas gigantes. Miles de personas saltando allá abajo… A partir de ese momento solo recuerdo música, risas, cerveza, más música y más cerveza. Cuando Roxanne cerró el concierto nadie se quería ir. Llegaron los bises, y finalmente Every breath you take (éxtasis ante el otro himno) y Next to you cerraron definitivamente la noche. Fue un concierto inolvidable, por ellos, por nosotros, por las luces, por la música… por todo.

Acabamos de madrugada en las Ramblas comiendo montaditos (aún no habíamos cenado) y bebiendo más cerveza. A partir de ahí recuerdo vagamente a Paco metido en el armario de mi habitación del hotel, a Alberto preparando combinados en el minibar y yo a borde del coma etílico. A la mañana siguiente yo me quería morir de la resaca que tenía mientras mis amigos se relajaban en la piscina de la azotea del hotel frescos como una rosa. Buscamos una cafetería para desayunar (ellos, yo lo intenté pero el zumo no quiso quedarse en mi cuerpo más de dos minutos) y dimos una vuelta por el barrio gótico. “Tengo que volver a Barcelona, pero en mejores condiciones” me decía mientras intentaba que el sonido del grupo de música cubana que tocaba en la calle no me reventara el cerebro.

El viaje de vuelta fue más silencioso y relajado. Me apoltroné en el asiento de atrás perdida en el paisaje y en mis pensamientos. Empezaba a recordar algo que había cambiado mi feliz presente el día anterior por la mañana y que no había querido recordar en las últimas 24 horas (pero eso es otra historia).

Alberto siguió en racha unos días más.

Y en el video tocan por primera vez en directo “Message in a Bottle”. La canción aún no había sido lanzada. Grabado para un show británico llamado “Rock Goes to Collage” en el Hatfield Polytechnic Collage.

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