NOCHE DE JAZZ

Hoy ha sido un buen día. La mañana un poco caótica, estresante y agobiada (hoy que nos faltaba una secretaria, sonaban las cuatro líneas a la vez), pero tras resolver unos cuantos problemas y procesar muchos papeles por fin se acabó. Saber que tienes buenos planes al final del día te anima lo que queda de tiempo hasta que llegan, y eso era lo que nos pasaba a mi socio y a mí, que hoy teníamos entradas para el festival de Jazz y estábamos deseando que llegaran las ocho de la tarde.

Al final se nos han hecho las nueve así que teníamos que cenar en una hora. Una terraza y comida libanesa, en mi plaza favorita del barrio viejo. Allí el espectáculo siempre está asegurado, ya sea un grupo de música callejera, un par de malabaristas, o alguna bronca, y hoy tocaba bronca.

Entre los falafel y el swharma de pollo han aparecido un par de individuos que ya venían embrocados desde el bar del que han salido. Uno provocaba al otro “A que no me pegas” y el otro daba pasos hacía atrás con un hierro en una de sus manos. El que pedía que le pegaran al final se llevó dos hostias en la cara, y mostrando la sangre al personal nos pedía que llamáramos a la policía. Hacía mucho tiempo que no veía una bronca, pero normalmente el que pega es el que corre detrás del que pide que no le peguen, pero esta era tan surrealista que al que le estaban pegando iba persiguiendo al otro, que de vez en cuando le pegaba un puñetazo pero iba huyendo de él.

Yo que conozco a mi amigo y en seguida se pone la capa de superhéroe le prohibí que se levantara de la silla. No quería que nadie me fastidiara el resto de la noche. Me miró con cara de “¿Yo?, solo iba a apartarlos si caían encima de nosotros”.

Y el resto del personal, dos terrazas llenas de gente, miraban la bronca, expectantes,  nadie se levantó a separarlos, supongo que porque no parecía grave (por el momento). Bueno alguien si hizo algo, una turista francesa que estaba de pie a mi izquierda en el momento en que los dos tipos se estaban pegando a la derecha junto a nuestra mesa (eso es tener una mesa bien situada en una terraza) se puso a rezar en voz alta con los ojos cerrados. No se si fue gracias a ella, pero los tipos desaparecieron calle abajo, y alguien debió llamar a la policía, porque al poco llegó una patrulla para poner orden.

Pero nosotros ya estábamos montados en la moto, nos quedaban cinco minutos para llegar al Palau.

¡Y que gusto sentir el aire fresco en la cara, hacía tanto tiempo que no montaba en moto! En cinco minutos la moto aparcada y nosotros buscando nuestro asiento. Luces apagándose y Madeleine Peyroux con su guitarra en mitad del escenario (de nuevo la sala Iturbi) con sus músicos.

Ha sido un concierto tranquilo, con su voz sugerente y sensual acariciando temas propios y de Leonard Cohen o Joni Mitchel entre otros. Hora y media con una de las mejores voces del jazz actual.

Luego otro paseo en moto y una copa en el Black Note. Y mañana hay que madrugar.

Pero ha sido un buen día.

.

Os dejo algo de Madeleine Peyroux.

 

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