TRABAJO

Es tarde. Miro hacia abajo desde mi balcón y disfruto del silencio de la noche. El fresco de la madrugada me borra los pocos rastros de sueño que podía tener. Hoy ha sido uno de esos días temido a la vez que esperado. Uno de mis problemas laborales se ha resuelto. No como hubiera querido, pero es mejor un buen arreglo que un mal juicio.

Si por lo menos pudiera fumarme un cigarrillo… Entro de nuevo y bajo un poco el volumen del equipo, no está muy alto pero son las dos de la madrugada y me sabe mal molestar.

Intento escribir algo sobre el tema propuesto para este jueves pero mi mente todavía no ha descargado toda la tensión acumulada durante estos días. Todo por el trabajo, por el dichoso trabajo…

Recuerdo mi primer empleo. En la delegación provincial de una gran empresa. Mis compañeros me adoptaron en seguida porque era la única chica y la más joven de todos. Me gustaba mi trabajo y aprendí mucho en los años que estuve allí. Acabé saliendo de la empresa por decisión propia, no aguantaba el tono y la presión desde la central y me fui. Al poco me siguieron mis compañeros de delegación y formamos una pequeña cooperativa. Era emocionante, la ilusión de crear tu propia empresa, buscar nombre, local, abrirte camino, invertir tiempo, dinero y ver como salían los primeros proyectos. Fueron buenos años, pero una rápida y fulminante enfermedad se llevó al alma de la empresa, un buen amigo y un gran trabajador. Fue muy triste, no pudimos seguir. Disolvimos y cada uno siguió su camino. Todavía recuerdo con cariño esos ojos azules que me contaban sobre los años que vivió en Egipto, sobre sus sueños y sobre todos los planes que tenía para el futuro.

Tras alguna oferta y muchas dudas acabé aceptando la de la empresa familiar. Despacho propio con libertad de horarios, es decir de los que sabes a que hora entras pero no a que hora sales, y eso sí, nadie por encima. El trabajo en sí no me apasionaba pero había otras ventajas, lo tenía cerca de casa, podría alternarlo con mi futura maternidad y conocía a todos los trabajadores, creo que cuando entré había un cuñado y dos primas, luego pasaron varios conocidos, mi hermana y algún que otro primo más.

Estaba intentando reconvertir la empresa familiar en empresa profesional cuando  en mi vida se cruzó mi actual socio. Ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, lo reconozco. Y él lo sabe. “Contigo pan y cebolla” me dijo una vez, y ahí seguimos, hace nueve años que nos conocemos, casi cinco que trabajamos juntos y nunca hemos tenido un problema, ni personal ni laboral. Compartimos gustos musicales, vitales, confidencias y muchas cervezas. Además de algunas penas.

Y me preocupas, llevas acumulada mucha tensión. Sé que aguantas bien el estrés, las jornadas interminables, las reuniones agotadoras que tanto desgastan… pero estás llegando al límite. Hay que parar y éste es el momento. Ya se nos ocurrirá como. Aunque sea como pensamos al principio, antes de que todo se complicara tanto. En aquella plaza tranquila…

Coldplay vuelve a sonar. Es su segunda vuelta. Tengo que intentar escribir algo… que no sea de trabajo.

 

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2 Respuestas a “TRABAJO

  1. Hija, no hay manera de dejar un comentario en LC… así que me dejo caer por su otra sede. La verdad es que, en ocasiones, es muy complicado mantener la perspectiva. Las líneas rojas se mueven, los límites que nos marcarmos una vez se acaban difuminando y llega un momento en que no sabemos muy bien qué estamos haciendo ni cómo hemos llegado hasta aquí. Y eso si tenemos suerte, que hay quien no se da cuenta en su vida.

    Yo no te conozco demasiado, Karmen, pero pareces una persona con las ideas claras y que sabes bien hasta dónde se puede llegar y hasta dónde no. Lo que no significa, claro, que las decisiones sean más fáciles por saber que son las correctas.

    Felices sueños.

  2. Danny, lo peor es tener constancia día tras día que esos límites que te pusiste los cruzas todos los días, que cada día el trabajo va ganando terreno sobre la vida personal, que nos equivocamos de nuevo en las prioridades…
    Tú lo has dicho, sé cuales son las decisiones correctas pero son difíciles de tomar, sobre todo cuando afectan a terceras personas.
    Pero estoy un poco harta de que mi empresa parezca una ONG pero que a las ocho de la tarde sólo quedemos allí los dos de siempre.
    Pero estoy en ello, estoy en ello… antes de que acabe el año me he reorganizado horario, trabajo, tiempo, vida… lo que sea… como que me llamo Karmen.
    Un beso.

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