Relato: EL NUEVO

Llevaba dos años dirigiendo en la sombra el departamento comercial, era la mano derecha del director de ventas, pero nunca le habían invitado a comer con “ellos”. Los veía marcharse, ajustándose los trajes de marca, comparando sus móviles de última generación, entre risas. Y él se quedaba allí, detrás de su mesa, intentando poner al día las cifras, los gráficos, los informes pendientes. Sin reproches, lo hacía a gusto, le gustaba su trabajo.

La escena se repetía a última hora de la tarde. Se bajaban al Pub de abajo mientras se despedían de él. “Menos mal que alguien vela por los intereses de la empresa”, y oía las carcajadas perdiéndose por el pasillo. Siempre era el último en irse, sabía que alguna vez apreciarían todo lo que estaba haciendo por el departamento.

Pero hace un mes llegó Juan, “es un recomendado”, escuchó cuchichear a la secretaria de dirección. “Seguro que es un inútil, no durará”, pensó. Pero Juan era eficiente, y además era simpático. Tenía una sonrisa tan cautivadora que se notaba cuando estaba en la máquina del café por el número de mesas vacías que quedaban en administración.

Presentaba los informes como nadie, y si tenía algún fallo lo suplía con una verborrea propia de un experimentado comercial. Desde su mesa oía las risotadas que soltaba el director ante sus anécdotas de fin de semana. No lo aguantaba. Le parecía un trepa.

“¿Te vienes Juan? Vamos a comer al asador de enfrente. ¡Vamos, que hay que parar de vez en cuando!” Cuando escuchó esta invitación sintió como se le aceleraba el pulso, por un momento sus manos se quedaron clavadas sobre el teclado de su ordenador. Vio como pasaban por delante de su mesa, mientras el director le daba palmaditas en la espalda.

“¿Y yo? ¿Cuándo se van a dar cuenta de lo que valgo? El departamento no podría funcionar sin mí. ¡A la mierda! ¡Hoy no hago una puta hora de más!” se levantó enfurecido y cogió su chaqueta.

No lo soportaba más, odiaba esa sonrisa encantadora, esos informes impecablemente presentados, el tono de su teléfono móvil, hasta lo bien que le sentaba su traje italiano “un chollo, rebajado y con defecto”.

El espejo del ascensor le devolvió una imagen de si mismo que no reconocía. Estaba furioso y además quería estarlo. Se abrió la puerta y se abalanzó hacia fuera. El repartidor de correo lo esquivó antes de que chocará con su carrito. Empujó la puerta giratoria y salió al exterior. No podía pensar. Sólo sentía odio. Un inmenso, irracional y profundo odio.

Oyó un bocinazo que le devolvió a la realidad. Miró a la izquierda, un enorme camión frigorífico se aproximaba a toda velocidad. No se podía mover. Sintió un tremendo golpe en el pecho, luego otro en la cabeza, contra el suelo. Unos instantes de oscuridad… abrió los ojos, no estaba muerto. Vio muchos rostros a su alrededor, alguien le estaba gritando…. “¡Qué susto nos has dado! ¿Cómo estas? … Menos mal que estaba aquí Juan, que sino ni lo cuentas…”

Y sobre todos los rostros que le miraban con preocupación resplandecía una sonrisa, una encantadora sonrisa.

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2 Respuestas a “Relato: EL NUEVO

  1. Pues eso que me ha gustado el relato, aunque el malote se llamara Juan 😉
    Y mira que este blog me gusta un rato, como te ha quedado el diseño. No si al final acabamos todos aqui. Besos

  2. Que nooo! que Juan era encantador. Lo ha convertido en malo la envidia, que es mu mala.
    La verdad es que en esta plataforma se pueden cuidar un poco más los diseños. Pero es como si te cambiaras a un bar de diseño precioso y elegante, pero vacío. Supongo que por eso nos quedamos allí, con los colegas, en la taberna.
    Un beso.

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