Relato: EL DIRECTOR

Guardó el pintalabios y se miró en el espejo de nuevo. Hasta se veía más joven. No hay nada como tomar decisiones, sentir que interesas a alguien, y estar más segura de una misma para sentirse mejor.

Sus hijas se habían empeñado en tomar decisiones por ella desde que se quedó viuda. Que si vamos a alquilar el piso de las afueras para que te ayude a pagar los gastos. Que tú no toques el plazo fijo sin consultarnos. Nosotras nos ocuparemos de los papeleos, tú no te preocupes mamá. Tú descansa…

Y estaba harta de descansar, y de no pensar. Lo de pensar siempre lo había hecho su marido, era el que se ocupaba de las cuentas, de los contratos, de los papeles… ella no entendía de esas cosas. Pero ahora sus hijas la hacían sentirse tonta. Una cosa es que el hombre de la casa se ocupe de los asuntos serios, pero si ellas eran también mujeres… ¿Por qué no podía ella ocuparse de sus asuntos?

Y el director del banco era tan amable, tan encantador… Desde que hace unas semanas le dijo que quería saber en qué podía invertir los ciento veinte mil euros que tenía en plazo fijo se habían reunido varias veces. Él le habló de índices, de puntos, de un tal Jones, de mercados, y de optimismo, tanto que se lo contagiaba a ella. Tuvo que firmar un montón de papeles, pero ahora cuando entraba en la sucursal el director la atendía personalmente y ya no tenía que esperar afuera, haciendo cola delante de la cajera. Ahora se sentía importante.

Llevaba una semana oyendo hablar de la bolsa en las noticias, pero ella no entendía lo que decían. Era demasiado complicado, menos mal que él se preocupaba de su dinero. Hoy iba a preguntarle por sus inversiones, quería darles una sorpresa a sus hijas.

Empujó la pesada puerta exterior y esperó a que se encendiera la luz verde para poder pasar al interior. No vio a ningún cliente, aunque observó unas bolsas de la compra delante del mostrador de la caja. El interventor tampoco estaba en su mesa, un teléfono descolgado y varios papeles en el suelo hicieron que su mirada se dirigiera hacia el despacho del director. Estaban allí, oía voces, debían estar discutiendo negocios importantes. Decidió esperar hasta que él estuviera libre.

Observó la pantalla que había en la columna central del banco. Ella habría preferido que pusieran alguno de los programas matutinos que tanto la entretenían, pero entendía que allí no hubiera quedado serio. En cambio la pantalla estaba llena de números que cambiaban constantemente. Discurrían a gran velocidad por la parte inferior y superior de la pantalla enmarcando la línea quebrada que oscilaba arriba y abajo como una montaña. Ahora el extremo estaba casi abajo del todo, como el final de una gran pendiente.

Se abrió la puerta y una mujer salió con el rostro descompuesto. “Pobre – pensó – no le habrán concedido el préstamo”. Miró hacia la puerta que había quedado entreabierta. Vio al interventor de espaldas, inclinado, parecía estar hinchando algo, se acercó. El director yacía en el suelo, su mirada vacía se perdía en el techo de su despacho. Tenía su móvil agarrado en la mano derecha. El interventor se incorporó trabajosamente, parecía agotado.

         No hay nada que hacer. Ha sido fulminante.

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3 Respuestas a “Relato: EL DIRECTOR

  1. Muy bueno…. jeje. Sacas de donde no hay. El arma mas letal es el dinero y sobretodo cuando no es el tuyo. Buena tragicomedia compañera. Un besazo

  2. Por lo menos el director tuvo la dignidad de sentirse tan horriblemente mal como para caer fulminado por un infarto. Claro que en todo este entramado él no era más que un eslabón, y de los de abajo. Los otros, los eslabones de arriba, hechos de oro macizo e incrustados de diamantes, estarán tan tranquilos, tomándose dry-martinis en alguna isla paradisíaca del Caribe y esperando a que pase el chaparrón.

    Buen relato, me gusta mucho cómo escribes.

    Cuídate.

  3. Gracias de nuevo Juan.

    Odys, ¡tú por aquí!. Y si, fue un detalle por parte del director eso de morirse, jeje. Porqué aunque sólo sea un eslabón, y de los más bajos, puede hacer elecciones importantes para las personas a las que “asesora”. Mi director, por ejemplo, es tan honrado y sincero que muchas veces me ha desaconsejado productos de su mismo banco (no doy más datos que lo despiden). Es un amor.
    Besos.

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