Relato: LA CITA

Sábado. Ocho de la tarde. Diego pasará a recogerme a las nueve y media. Enciendo la luz del baño y acerco mi cara al espejo.

         Vaya ojeras. Necesito relajarme. Últimamente paso demasiado tiempo delante del ordenador. Se me esta apagando la piel.

Tengo tiempo de sobra. Pongo el tapón en la bañera y abro el grifo de agua caliente. Me siento en el borde mientras gradúo la temperatura. Recuerdo que tenía unas burbujas de sales marinas y las busco. Producen una graciosa efervescencia azul mientras se deshacen en el agua.

Miro el reloj de mi dormitorio. Son las ocho y cuarto, debo darme prisa o no me dará tiempo a relajarme un rato.

Busco unas velas perfumadas que tengo en la cocina. Me las regalaron hace dos navidades y todavía no las he estrenado. Lo guardo todo tan bien que se me olvida que lo tengo. ¿Dónde he dejado el encendedor? Voy al salón a buscarlo.

Coloco las velas en la repisa de la bañera y las enciendo una a una. Una suave fragancia a jazmín empieza a inundar el baño, mientras la espuma sigue subiendo. Aún queda media bañera por llenarse.

Echo un vistazo al estado del baño. Ordenado y limpio. Creo que dejaré las velas, por si acaso esta noche por fin Diego se decide. Me gusta mucho.

Voy al dormitorio y me desnudo. Me pongo el albornoz y abro el armario. Escojo una falda negra, larga hasta los pies. La extiendo sobre la cama y saco mis botas de piel nuevas. Arriba… sí, la blusa morada, es cómoda y me sienta bien. Saco la gargantilla de plata y dejo mis anillos al lado del reloj. Son las ocho cuarenta.

Cierro el grifo, la bañera está casi llena y no quiero que se desborde cuando entre en ella. Siento que me falta algo pero no sé lo que es. ¡Música! Se me había olvidado.

Reviso los CDs que están apilados al lado del equipo del salón. Es el tercero. Me llevo a John Coltrane a mi dormitorio y lo pongo a un volumen lo suficientemente alto para escucharlo desde el baño.

Apago la luz, cuelgo el albornoz y me introduzco suavemente en el agua. Son las ocho cincuenta, aún puedo relajarme veinte minutos. Con tener tiempo de secarme el pelo.

Cierro los ojos y dejo que el agua templada inunde mis sentidos. La espuma me acaricia los hombros y el saxo de Coltrane me transporta a otro lugar, a otro tiempo.

El timbre de mi móvil me sobresalta. Seco mi mano en la toalla que cuelga sobre mi cabeza e intento alcanzarlo sin contracturarme.

         ¿Si? – No llevo gafas así que sólo distingo una mancha borrosa.

         ¡Hola! Soy yo, Diego, estoy debajo de tu casa. He pensado que podríamos tomar algo antes de ir a cenar. ¿Estás lista?

         Sí…, casi… espérame en el café de la esquina. Bajo en diez minutos.

Me pongo de pie en un segundo. Mierda, y ahora a arreglarme corriendo.

Saco el tapón y abro la ducha. El agua salpica las velas y las apaga. Me enjabono rápidamente el pelo y me aclaro directamente.

Nueve en punto. Entro en mi dormitorio y mientras me pongo la ropa interior busco entre los discos que hay encima de la cómoda. Encuentro el que busco. Saco el de Coltrane del reproductor. Necesito algo más rápido.

Subo el volumen sin reparos. Me seco el pelo mientras escucho las guitarras de Franz Ferdinand sonando por encima de mi secador.

         Prepárate Diego, esta noche estoy por ti.

 

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