Relato: LA MUDANZA

Dejo a un lado la última caja y me siento en un escalón del porche. El camión de mudanzas se aleja calle abajo y con él la sensación de que ya no hay vuelta atrás. El tratamiento ha tenido éxito, estoy embarazada de doce semanas, estreno trabajo, casa y una vida nueva. Tengo que demostrar a los que creen que estoy loca que voy a poder con todo.

Reconozco que he empezado con suerte. Cuando me trasladaron aquí empecé a buscar apartamento pero cuando me tropecé con esta casa de estilo victoriano de dos pisos, con la pequeña torre circular rematándola, no pude evitar empezar a hacer planes de lo maravilloso que sería vivir en ella. Siempre me han fascinado este tipo de casas pero suponía que estarían fuera de mi alcance. Sin embargo el de la inmobiliaria me dijo que el actual propietario tenía unos problemas familiares graves y tenía mucha prisa en venderla.

En el salón el sol entra por los grandes ventanales que lo rodean, iluminando las docenas de cajas que hay esparcidas por el suelo. La gran mesa de la cocina está cubierta de platos, vasos y cacerolas. Es lo primero que quiero organizar y así poder empezar a sentirme como en casa, además me apetece mucho un té y para eso necesito encontrar la tetera, el tarro del té y algún vaso limpio.

Una hora más tarde la cocina está en perfecto estado de revista. Miro la hora y me doy prisa. Son las siete de la tarde y quiero dejar mi dormitorio preparado para poder darme una ducha antes de desmayarme totalmente. Subo las escaleras y entro en la única habitación amueblada del piso de arriba. Un par de cajas semiabiertas aguardan a los pies de la cama, en ellas guardé ropa para una semana, además de sábanas y toallas para tener a mano.

Abro las puertas del gran armario empotrado que ocupa toda la pared del fondo y empiezo a colocar la ropa en los estantes. Al abrir uno de los cajones un cuaderno se desliza hacia fuera. Es una especie de agenda con la tapa forrada de piel. Abro una de las hojas y veo que hay anotaciones en determinadas páginas, la tiro encima de la cama y sigo vaciando cajas.

No me vuelvo a acordar de ella hasta que me deslizo en la cama, agotada. Me recuesto sobre los almohadones y hojeo las primeras páginas.

24 de abril. Hoy me he hecho la prueba, estoy embarazada. Tantos meses intentándolo y ahora que nos mudamos a esta casa sucede todo, estoy tan emocionada. Estoy deseando que llame para contárselo.

Supongo que debe ser un diario de embarazada, qué casualidad, sigo con curiosidad y adelanto unas hojas más a ver si hay algo interesante.

10 de mayo. Las molestias van remitiendo pero no me encuentro bien. Es más anímico que físico. Me siento triste y sola. Mark ha tenido que retrasar su vuelta y  yo no me atrevo a decirle nada para que no se preocupe por mí. No me acostumbro a los ruidos de esta casa. Por las noches parece que tenga vida propia, oigo crujidos por todas partes. Me cierro con llave, pero sigo teniendo miedo.

Se me cierran los ojos. Cierro el diario y lo dejo encima de la mesita.

A la mañana siguiente me despierto con la sensación de no haber descansado nada. La cama, extraña para mi cuerpo, ruidos desconocidos y sueños un tanto inquietantes me han mantenido en un duermevela durante toda la noche.

Mientras saboreo un café humeante y un bollo sigo hojeando el cuaderno de notas.

15 de mayo. Mark ha estado una semana en casa y ha tenido que volver a marcharse. Dice que cuando lleve un poco más de tiempo en la empresa no tendrá que viajar tanto. Espero que sea así. Me siento más segura cuando está en casa.

25 de mayo. Hoy he ido al médico. Estoy de ocho semanas. Me ha dicho que tome infusiones para ver si descanso un poco más y me tranquilizo. Te echo tanto de menos y tengo tantas ganas de que vuelvas. Por las noches me encierro en mi cuarto y echo la llave. Sigo oyendo los ruidos, no sólo en el tejado de arriba sino también al otro lado de la pared. Ayer cuando te lo decía te reías y me llamabas miedosa. No me atreví a decirte nada más, pero no sé cuánto tiempo podré aguantar en este estado de nervios.

27 de mayo. Esta noche alguien golpeó la puerta de mi habitación. Me desperté de golpe, sintiendo que mi corazón se me salía del pecho. No he podido dormir más. Luego oí unos cuantos murmullos y después el silencio otra vez. Sólo puedo dormir de día, me siento segura oyendo los gritos de los niños y los ruidos de los coches. Cada vez me aterroriza más el silencio de la noche.

Cierro el diario. Con lo aprensiva que soy sólo me falta leer las paranoias de otra persona. Lo dejo sobre la mesa y me voy al salón. Hoy he decidido colocar los libros.

Tras un pequeño descanso para comer algo rápido y varias horas más de organizar estanterías y quitar el polvo a toda mi biblioteca, observo con orgullo los estantes repletos de libros. Ya me queda poco más que colocar, soy poco de recuerdos y figuritas, alguna foto quizás, pero me estoy empezando a sentir en casa.

Sentada en mi estupendo porche octogonal observo como desaparece el sol por detrás de los tejados y siento el cansancio acumulado de estos dos días. Me arrastro por las escaleras hasta mi cama, hoy ni me ducho.

Ruidos y crujidos me despiertan. Me levanto y salgo al pasillo por si me he dejado alguna contraventana abierta, pero todo está cerrado. Los ruidos se oyen más dentro de mi habitación, como si vinieran de la torre que está justo encima. Es demasiado tarde para subir, mañana la revisaré bien. Dudo unos segundos antes de cerrar la puerta por dentro. Me tumbo de nuevo y me duermo en seguida.

A la mañana siguiente antes de bajar a desayunar subo a la habitación de la torre. La tarima de madera cruje al pisarla, tendré que llamar a alguien, aunque todavía no sé que utilidad voy a darle a este mirador, me gusta más por fuera que por dentro. Compruebo que los ventanales que la circundan están cerrados y me doy cuenta de que hay unos muebles amontonados en un rincón. No los vi el día que visité la casa. Están cubiertos con una sábana, al retirarla, una gran nube de polvo queda en suspensión sobre una mecedora y una cuna de madera. Dentro de la cuna un caballito balancín yace boca arriba. Lo tapo todo de nuevo y bajo hacía el salón. No entiendo porqué no se lo llevaron.

15 de junio. Esta mañana he ido de compras, tenía que distraerme y he empezado a mirar muebles para el bebé. He visto una cuna de madera blanca preciosa con unos corazones de colores pintados en el cabecero.  Me han dicho que la pueden tener en unos veinte días. Así me dará tiempo de pintar la habitación del bebé.

18 de junio. Esta noche lo he vuelto a oír. Era como una mujer acunando a un niño, el sonido lejano de su voz acompasado con el crujido del vaivén de una mecedora. Después, de nuevo los golpes. Un grito y silencio. No me he atrevido a decirle nada por teléfono, ya no estoy segura de si las voces están dentro de mi cabeza.

Hay varios días más con anotaciones de este tipo. Frases inconexas que empiezan a no tener sentido, letra nerviosa, hojas en blanco entre unas notas y otras. Sigo pasando páginas, cada vez más intrigada. Todas en blanco, de pronto una hoja garabatada de principio a fin

Se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado  se lo ha llevado se lo ha llevado se lo ha llevado se lo ha llevado se lo ha llevado se lo ha llevado

Me acuerdo de la cuna en la torre de arriba. Cierro el diario y lo tiró en un rincón. No soy excesivamente nerviosa pero me vienen a la cabeza un par de escenas inquietantes que desecho inmediatamente de mi cabeza. Mejor empiezo a preparar la cena, el fin de semana se acaba y mañana no quiero llegar tarde.

Me cuesta dormirme. Ruidos que ayer me parecían inofensivos me producen ahora taquicardias desbocadas. Poco a poco voy cayendo en un sueño inquieto del que me despierto gritando angustiada. Recuerdo una mujer, no le veo la cara, el pelo enmarañado le tapa casi toda la cara, menos sus ojos, oscuros y vacíos.

Paso todo el día intentando quitarme esa sensación de angustia. En el trabajo alargo la jornada hasta que me doy cuenta de que me van a cerrar la tienda y que no tengo casi nada en la nevera. En el supermercado deambulo por los pasillos sin saber muy bien que meter en la cesta, al final cojo un par de platos precocinados y decido irme a casa. Necesito descansar.

A las nueve ya estoy en la cama, con un libro y una infusión caliente. Sólo quiero dormir. En cuanto siento que los ojos me empiezan a pesar apago la luz y me escondo bajo el edredón. Los ruidos comienzan a los pocos minutos. Un canturreo suave acompañado de crujidos en la madera. Como si caminaran acunando a un bebé.

Mientras marco el teléfono del agente inmobiliario presiento que no me va a gustar lo que me cuente.

          Hola Frank, he encontrado un diario que debió pertenecer a la antigua dueña de la casa y me preguntaba si me darías su teléfono para quedar con ella y devolvérselo.

          Me temo que no va a ser posible, pero si quieres que me pase mañana, lo recojo y se lo hago llegar.

          Me gustaría hablar con ella, querría consultarle algo sobre la casa – intento que mi tono suene normal sin conseguirlo.

          ¿Pasa algo? ¿Hay algún problema? – durante unos segundos lo noto dudar – el propietario dejó claro que no quería saber nada de la casa después de la venta.

          ¿Cuál fue el problema familiar que obligó al propietario a vender tan barato? Por favor Frank, últimamente no estoy descansando muy bien y necesito saberlo antes de empezar a imaginarme cosas.

          Está bien. Antes o después te enterarás por algún vecino. El anterior propietario volvió a casa de viaje de negocios y se encontró a su mujer embarazada muerta en su dormitorio. El bebé había desaparecido.

          ¿Cómo que había desaparecido? ¿La mataron y se lo llevaron? – empiezo a sentir frío en la nuca.

          No exactamente. Lo siento, sé que tú también estás en estado y no quería preocuparte… ella se suicidó… parece que se auto práctico un aborto y luego se ahorcó en la torre. No encontraron el feto, debió deshacerse de él…. Lo siento, en serio, ya sé que es desagradable, pero compraste la propiedad por un 50% de su valor de mercado, piensa que has hecho un gran negocio…..

Cuando cuelgo el teléfono el silencio ha vuelto. Contengo la respiración y me quedo escuchando. Los golpes en la puerta hacen que me incorpore de un salto.

Y hoy no he cerrado la puerta con llave.

 

 

 

 

 

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8 Respuestas a “Relato: LA MUDANZA

  1. Eres mala. Muy mala. No me puedes dejar así. Necesito la segunda parte de este post. Ya. La quiero. Quiero que la escribas. De lo contrario…bueno, no sé, esto, bueno. Ejem.
    Uf, me he ofuscado un poco. Lo siento. No volverá a ocurrir. Pero más te vale escribir el final de este post, porque no pienso aceptar que acabe así. De lo contrario…

  2. Cómo se te dan la intriga, el suspense y el canguelillo…. ¿pero cómo se te ocurren esas cosas? Me das un miedo…. 🙂 Unbeso!!!!

  3. Jo Pedro, si tengo a la mitad del Club acusandome de su posible insomnio de esta noche ;-).
    No te prometo nada, igual este finde, sin niños, me veo un par de videos de Marilyn Manson y me inspiro.

    Es que me gusta pasar miedo Pat. Besos.

  4. No sé qué decirte que no ye haya dicho ya. Tengo que releer a nuestro viejo (y común) amigo Howard Phillips, porque me has dejado con ganas de más…

    Bueno, ya sabes dónde estoy. Si me necesitas, silba. Un beso.

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