QUIQUE

Once de la noche, hoy he malcomido y tengo un hambre que me muero. Mientras hacemos boca con una Sapporo (la marca de cerveza más vieja de Japón) analizamos el menú del Orient Express para no quedarnos con hambre.

Intentamos cenar con palillos para no desentonar, los gyoza se dejan coger, pero el plato de pad thai es más escurridizo y para el nasi goreng pedimos tenedor directamente. La charla y las otras dos Sapporo hacen que al final nos dejemos la mitad del segundo plato compartido. Directamente pasamos del postre.

Nos metemos en el coche, hace frío y llueve. Habrá que probar algo más fuerte, a ver si nos calentamos el cuerpo. Aparcamos en la puerta (Samuel siempre ha tenido este tipo de suerte) y entramos. Mientras buscamos un hueco en la barra mi amigo me da un codazo y me señala a un tipo muy delgado, de nariz ganchuda y pelo largo y desaliñado. Puedo sentir mis neuronas trabajando a doble velocidad de la normal. Lo conozco, de un pasado oscuro y borroso, pero estoy segura de que lo conozco, aunque me cueste situarlo. La búsqueda sólo me da un resultado, y me acerco hasta él sin pensarlo.

         Yo te conozco, tu trabajabas en La Marxa – me mira sin verme, con una leve sonrisa fijada en su cara, y sigue andando sin volverse.

         No está bien, parece ido – me dice mi amigo.

Nos tomamos un vodka rojo para entrar en calor mientras lo miramos flotar entre la gente, es casi transparente pero se recorre el local con determinación, cumpliendo alguna especie de misión que sólo él debe conocer. Es inevitable que la conversación derive hacia los amigos comunes que no volvieron de un mal viaje, o que se quedaron en él.

Cuando salimos está en la puerta, sólo, sonriendo.

         ¿Te llamas Quique verdad? – nos mira, sus ojos hacen un esfuerzo por reconocernos, pero solo asiente sonriendo.

         Tú trabajabas en La Marxa – Samuel me señala – con su hermana, ¿no te acuerdas de ella?

         Si… trabajé allí… hace mucho – me mira – lo siento… no me acuerdo… de mucho.

En ese momento dos tipos intentan entrar al local y Quique les cierra el paso.

         No podéis entrar. Hay mucha gente. Se tiene que vaciar un poco, hay 107 cabezas, no caben más.

Nos alejamos y lo dejamos allí, convenciendo tranquilamente a aquellos dos tipos de que no caben en el local, aunque a través de las ventanas se ve hueco suficiente para otras 20 cabezas más.

Samuel y yo nos miramos asombrados ¡Está contando cabezas! Eso es lo que hacía todo el rato, por eso no paraba de moverse. Supongo que así lo tienen entretenido.

Antes de subir al coche me giro y lo veo allí, en la puerta, todavía sonriendo, en su mundo. Se llamaba Quique y era un chico encantador.

En el coche suena Vetusta Morla.

Un día en el mundo. Vetusta Morla

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6 Respuestas a “QUIQUE

  1. Como te gusta lo oriental… y que curro mas original. Contar cabezas…No se si es realidad o ficción, pero lo que note pase… Un beso

  2. ¿Vetusta Morla? Pero ¿por queeeeeeeeee? Que le ha dado a todo el mundo por este grupo y ya no puedo maaaaas. Si es que al final me va a gustar pero de tanto escucharlo a mi alrededoooooor!!!.
    Por cierto, ¿contar cabezas? Pobre desgraciado…jajajaja.

    Besos,

    Amanda

  3. Es realidad Juan, lamentablemente. Y me encanta lo oriental, todo lo oriental. Un beso.

    Mucho Pat, me dio tanta pena verlo así…

    Pues yo lo acabo de descubrir Amanda, lo escuché esa noche con mi amigo y me gustó mucho. Venga! no te resistas tanto!
    Besos.

  4. Hola Karmen:
    Me encanta como escribes. ¿Te lo había dicho?. Te digo otra cosa: si fueras capaz de escribir 250 páginas narrando de esta forma tendrías una gran novela. En fin. Un día de estos, cuando tengas tiempo, jeje. El post tiene una “columna izquierda”, no claramente revelada, pero evidente por otra parte, que rezuma ternura. Hacia tu pasado y hacia el personaje. Habla de tí. De tu interior. Es precioso lo que transmite.

    En cuanto a lo musical…¡qué cosas descubres!. Yo no lo había oido y me gusta. Lo estoy oyendo mientras te escribo este comentario y, sí, definitivamente me gusta…”mírame, tu juego me ha dejado así”.

    Buenísmo el post.
    Un beso.

  5. Hola Pedro, me encanta que te encante 😉
    No sé si me llegaría la inspiración para 250 páginas, pero como no tengo tiempo no creo que lo descubra, por lo menos por ahora. Me gusta que me leas entre líneas, todos decimos más de lo que escribimos, historias que sólo nosotros sabemos y que a lo mejor para los demás no tienen sentido, pero que están ahí, flotando, como parte de nuestra vida.
    Pues sí te ha gustado esta canción entra en su web, te puedes descargar su primer trabajo. Para mí ha sido un descubrimiento.
    Un beso fuerte.

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