Relato: GATOS

Siempre me han gustado los gatos, me parecen unos animales misteriosos, casi mágicos. Son los únicos animales domésticos capaces de sobrevivir sin ayuda de los hombres. Estoy convencido de que son ellos los que nos eligen a nosotros, y dejan que les demos el cariño que en cada momento les apetece recibir a cambio de la comodidad de una casa caliente y comida fácil.

De pequeño me gustaba mirar como se paseaban por los tejados y patios del vecindario, caminando con esa mezcla de arrogancia y desdén. Pero la alergia que mi hermana pequeña sufría hacía cualquier animal con pelo con más de dos patas hizo que nunca pudiese disfrutar de mi propio felino. Hasta ahora.

La otra noche mientras buscaba las llaves del bloque de apartamentos donde vivo oí un maullido. Seguía rebuscando en los bolsillos cuando lo volví a escuchar. Era como el sollozo de un bebé, desesperado y agudo. Me agaché y miré detrás de los maceteros que flanquean la entrada. Allí estaba. Agazapado, negro, famélico, sucio… y tuerto. Reconozco que al principio me produjo un poco de repulsión, pero su aspecto era tan desesperadamente indefenso que no pude evitar cogerlo. No opuso ninguna resistencia y cuando se encontró en mis brazos se quedó en silencio.

El veterinario me informó que aparte de la pérdida del ojo, que debió ser hacía mucho tiempo porque estaba totalmente cicatrizado, gozaba de buena salud. Sólo tenía que hacerle engordar un poco. Cuando salimos de la clínica, una vez vacunado, desparasitado y lavado, parecía otro.

Plutón se adaptó increíblemente bien a la vida en mi piso. Los primeros días me venía a recibir cuando llegaba del trabajo, mientras estiraba sus patas traseras desperezándose. Luego aprendió a colarse por la rejilla de ventilación y a veces lo encontraba allí, recostado y relamiéndose.

Poco a poco me acostumbré a que formara parte de mi mundo particular. Se sentaba en la parte alta del respaldo del sofá y me miraba trabajar en mi portátil, observándome con su único ojo. Su aspecto había mejorado admirablemente, había engordado y tenía el pelo reluciente, pero su cuenca vacía y cerrada me seguía produciendo cierta inquietud cuando me miraba.

A veces me lo llevaba de paseo por los pasillos del bloque. Sobre todo cuando iba a visitar a Lía, la única vecina con la que tenía relación. Vivía dos pisos más abajo, y Plutón me seguía dócilmente por las escaleras hacia su casa. El primer día se detuvo delante de la puerta de mi vecino de al lado, me miró y maulló. Supuse que habría olido algún otro animal y lo cogí en brazos para evitar cualquier problema, pero cada vez que volvíamos a hacer ese recorrido Plutón se detenía delante de la misma puerta y maullaba. Era un maullido distinto a los que le había oído hasta ahora, más gutural, más profundo, no tenía un aspecto muy tranquilizador cuando lo hacía. Al final opté por bajarlo en brazos.

Mis vecinos de al lado eran una pareja extranjera, provenían de una pequeña ciudad llamada Ulthar. Se pasaban el día chillando y discutiendo. No se hablaban con nadie y todos les evitaban educadamente. Cuando quería aislarme me ponía los auriculares y subía el volumen hasta que cualquier otro sonido quedaba anulado.

La semana pasada al salir del apartamento para dirigirnos a nuestra tertulia de los jueves con Lía, Plutón volvió a detenerse ante su puerta. Estaba cogiéndole en brazos cuando la puerta se abrió y una mujer con un abrigo negro apareció en el quicio. Ella pareció sobresaltarse más que yo. Llevaba una pequeña maleta en la mano y se alejo apresuradamente sin contestar a mi tímido “Buenos días”.

Pensé que igual por fin habían decidido separarse y que sería un buen tema para cotillear con Lía, a la que tenía al tanto de sus discusiones. Volví a dejar a Plutón en el suelo y continuamos nuestro camino.

Unos días después Plutón dejó de maullar cuando salíamos al rellano. Caminaba indiferente, como satisfecho. Había engordado ostensiblemente, a pesar de que cada vez comía menos, apenas probaba la comida que le ponía en su escudilla. Estaba empezando a pensar en llevarlo al veterinario, por si estuviera enfermo.

Lo demás lo leeríais en los periódicos. Un vecino se quejó del mal olor, la verdad es que siempre lo había habido pero entonces era peor que nunca. El casero empezó a revisar conductos y canalizaciones y cuando aquella tarde volví del trabajo, el edificio era un pulular de todo tipo de personal con placas oficiales colgando de su cuello. Cuando después de identificarme y contestar a un montón de preguntas extrañas pude subir hasta mi piso, la puerta de mis vecinos estaba abierta de par en par, una cinta policial impedía la entrada. No pude evitar mirar hacía dentro y me quedé paralizado de terror. Dos hombres estaban sacando un cuerpo del conducto de ventilación que había justo en frente de la puerta, como el de mi salón. Pero aquello no era un cuerpo, por la ropa deduje que las piernas eran de un hombre, pero la parte superior apenas existía, desde las costillas hasta la cabeza solo quedaban huesos, blancos, limpios, descarnados. Aguantando el vómito entré precipitadamente en mi casa y cerré la puerta a mi espalda intentando recuperar la respiración.

Plutón estaba allí arriba, en el conducto, tumbado ociosamente, relamiendo meticulosamente sus patas delanteras, entre sus dedos, sus uñas… mientras me observaba con su único ojo.

 

El tema propuesto por Elefantefor para esta semana ha sido el de “un cuento de cuento”. Y dos cuentos de gatos me han inspirado este relato: El gato negro de Edgar Allan Poe y Los gatos de Ulthar de H.P. Lovercraft.

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3 Respuestas a “Relato: GATOS

  1. miau!!

    jajaja

    fantástico!!

    un magnifico relato para recordar el bicentenario de Poe.Yo, como no sé escribir (y lo poco que escribo lo hago fatal) lo he celebrado con su biografía.Pero sin ninguna duda, lo tuyo se merece un pin.

  2. Cómo me gustan Poe y Lovecraft. Seguro que a Roger Corman le hubiese encantado tener una adaptación como ésta para poner el gran Vincent Price frente a este Plutón que, dicho sea de paso, a mí me cae mejor que el original (y lo dice uno que vive rodeado de gatos… a cual más cabronazo… 😀 ).

    Un beso y un ronroneo, que te lo has ganado.

  3. Gracias Bayiska, sabía de su bicentenario y por mi parte ha sido todo un homenaje para ese gran escritor. Saludos.
    .
    Danny, si tus gatos son encantadores ¿no? Son unos animales que me fascinan y he estado tentada varias veces de volver a tener uno, después de que se me muriera mi querido Lucky, pero me he vuelto cómoda y no quiero tener más ataduras que las que ahora tengo (ni que mis fantásticos muebles de diseño sufrán el más más mínimo arañazo ;-)).
    Pero mira que me disperso… Que me alegro que te haya gustado. Y me encanta que me ronroneen.
    Otro beso para tí.

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