Relato: ROYAL 200

 

Media vida trabajando en el departamento de administración. Un dominio perfecto de la mecanografía, trescientas cincuenta pulsaciones por minuto sin faltas de ninguna clase. Manejaba el papel carbón de forma magistral, mis dos copias casi no se distinguían del original. Era la parte que más me gustaba de mi trabajo, me producía una gran satisfacción ver el trabajo acabado. Limpio, correcto, impecable.

Con la máquina eléctrica tuve un pequeño bajón de autoestima. Era tan sensible que se me disparaban las letras constantemente, acostumbrado a los necesarios golpes que mis dedos tenían que ejercer sobre las teclas de mi antigua Woodstock, una joya elegante y robusta. Pero al cabo de un par de semanas no se me resistía ningún escrito. No necesitaba siquiera la cinta correctora que sustituía a las tiras de tippex que usaba con la anterior.

Hace dos semanas me trajeron un ordenador con un monitor donde puedo ir leyendo lo que escribo. No hay papel, sale después. Una vez corregido y modificado. Se pierde la emoción, ya ni siquiera hago ruido al teclear, no se mueve ningún carro. Únicamente el ruido sordo del teclado.

No me gusta. Encenderlo. Entrar en el programa. Buscar el documento. Abrirlo… acabo perdiéndome, y tengo que pedir ayuda a mi nuevo compañero, un joven que acaba de entrar en la empresa. Escribe con dos dedos, mirando el teclado y se pasa un buen rato repasando todas las palabras que aparecen subrayadas en rojo. Ni siquiera sabe colocar las haches. Pero dicen que es muy bueno con estos aparatos, y como yo no sé manejarlos… quieren que haga un curso de reciclaje, como si fuera un objeto viejo que ya no sirve para nada.

Me esfuerzo, intento aprender rápido, pero ayer casi pierdo los nervios cuando mi compañero de trabajo se reía ante mi incapacidad de quitarle el subrayado a un texto. No entiendo los códigos del editor, el corrector ortográfico que no entiende de abreviaturas, el ratón, que siempre apunta donde yo no quiero…

Llevo varios días sin dormir. Me levanto sin ganas. Ya no es lo mismo. Hoy he esperado a que todos se marcharan a casa y he sacado mí querida Woodstock de un estante del archivo, donde la habían abandonado. Le he quitado el polvo y la he puesto sobre mi mesa. He acariciado sus teclas negras, redondas y brillantes, con la letra plateada grabada en medio. Ninguna otra máquina de las que manejé pudo alcanzar la elegancia de su tipo de letra “Royal 200”.

He introducido una hoja de papel y escuchado el sonido del carro al girar, colocado mis dedos sobre la fila intermedia y respirado hondo… el resto ha salido solo, era como tocar el piano, dejarse llevar por una dulce melodía repetida tantas veces. El punto final se ha quedado resonando en el silencio que me envolvía.

Estimado señor:

Durante los muchos años que trabajé para Gráficas Acosta, he podido aprender y desarrollar varios conocimientos que ayudaron a mejorar mis capacidades.

Aprecié grandemente estos años durante los cuales tuve la oportunidad de trabajar con gente extraordinaria, pero siento tener que anunciarle que llegado a este momento de mi vida no creo que pueda adaptarme a las modernas herramientas de trabajo que los tiempos nos imponen. Mediante la presente les notifico mi renuncia, decisión meditada y definitiva, por mucha pena que ello me cause.

Agradezco a Gráficas Acosta por la confianza que siempre tuvo en mí.

Sinceramente,

Pedro Fernández

 

Saco el folio, de nuevo el ruido del carro me trae gratos recuerdos. Lo doblo cuidadosamente y lo introduzco en un sobre dirigido al Señor Acosta. El lunes a primera hora lo tendrá sobre su mesa.

La inercia de los años me hacen recoger papeles y documentos para dejarlos ordenados en sus respectivas bandejas. No me gusta dejar el trabajo sin acabar esparcido por la mesa.

Con la chaqueta puesta echo un último vistazo a ese rincón donde he pasado tantas horas de mi vida.

Me alejo con la Woodstock en mis brazos. Espero que no les moleste, pero no la puedo volver a dejar allí, en un rincón. Para eso me la llevo conmigo. Pesa lo suficiente, con ella me hundiré en el agua más rápidamente. Y no me sentiré tan solo.

 

 

El tema propuesto por Juan para esta semana ha sido el “Reciclaje”. Podéis leer más relatos con reciclaje de todo tipo en los blogs de:

, BLOODYCRARIZA, CRGUARDDON, ELEFANTEFOR, ESCOCÉS, JOSE ALBERTO, LOUIS DARVAL, PSIQUI, QUADROPHENIA, UN ESPAÑOL MAS, XARBET, BANDAMA

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5 Respuestas a “Relato: ROYAL 200

  1. He leido tu relato en alto a una muchacha que está por aquí y trabaja de administrativa. Empezó con esas Olivetti enormes con el ruido delicioso de las teclas…solo una duda que te expongo (no es una pregunta capciosa, solo interés por saber): ¿antes de las cintas correctoras que incorporaban las electricas existían y se usaban habitualmente por aquí cintas de Tipexx?. Yo juraría que no. Hala, ya tenemos polémica, jaja.

    Para que veas que no soy un pelota sin fundamento: el comentario por aquí ha sido “qué bonito, qué bien escribe la amiga esa tuya de Valencia”. Un beso escritora.

  2. Gracias Txispas.

    Pedro, claro que se usaban las cintas Tipexx, en bote con pincelito y en tiras de papel. Y dile a tu amiga que gracias. Besos.

  3. A mí me pasó lo contrario. Un día tuve que rellenar unos impresos con una máquina de escribir y a punto estuve de agitar todos lo que había en la oficina hasta conseguir que quedara decente (o medio)…

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