Relato: SUSHI

Estaba nerviosa, como siempre. Le veía tan poco, cada vez menos, que cada encuentro era como una primera cita, con esa ansiedad que te deja el estómago del revés. Mil inseguridades antes de acabar de vestirse. Un último repaso al salón, la música que quería escuchar a mano. Quería que todo fuera perfecto, porque su amor lo era, bueno casi, sólo había un pero. Él no era libre, pero ella lo había asumido desde el principio. Sin exigencias.

Hacía un mes desde la última vez. Su trabajo y su familia no le dejaban mucho tiempo libre. Eso y su constante intento de dejarlo. Ella no le buscaba, pero se dejaba llamar, porque la pasión con la que lo amaba no le permitía renunciar completamente a él, por mucho que lo echara de menos. Le hubiera gustado tenerlo para ella sola. Pero lo conoció así. Y no lo habían podido evitar.

Recordó una de las primeras veces que se habían visto. En una taberna. Comieron unos montaditos mientras se miraban, se reían y se deseaban en silencio. Todavía no habían traspasado la frontera de la piel. Apenas se tocaban, con ese reparo que te da rozar a la persona que te gusta, para que no se note la descarga, los ojos diciendo lo que los labios no se atreven. No sabía porque terminaron hablando de comida japonesa, pero él acabó explicándole como hacer sushi con una revista enrollada que alguien había dejado encima de una mesa.

Ella le observaba mientras él le explicaba como extender el arroz, colocar el relleno en medio y empezar a enrollarlo con ayuda de una de esas esterillas salvamanteles. Despacio, muy despacio. Luego había que cortarlo con un cuchillo muy afilado, para que no se rompiera. Y ella lo miraba, sin preocuparse de aprender, porque en ese momento no le importaba nada el sushi, ni la comida japonesa. Sólo estar con él, y oírle reír. Y en ese momento hubiera deseado poder verle cocinar, en su casa, tomando una copa de vino y escuchando música suave. Sin prisa. Poder abrazarlo sin reparos. Suavemente.

De ese encuentro hacía ya dos años. Habían tenido momentos muy intensos donde no podían evitar verse casi cada día junto con etapas en las que habían distanciado sus encuentros. Ella sabía que la culpabilidad es mala compañera, y no quería que asociara su presencia a ninguna sensación que no fuera la felicidad o el placer. Por eso, en esos momentos, intentaba mantenerse al margen. Por mucho que le doliera.

Había llegado a la conclusión de que aunque los dos sabían que su historia no tenía futuro, no podían evitar amarse, así que cuando no aguantaban más la distancia, se volvían a encontrar. En esos encuentros el resto del mundo desaparecía. Sólo estaban ellos. Eran mágicos. Aunque luego doliera. Cada vez más.

Miró el reloj. Debía de estar a punto de llegar. Echó un último vistazo a la mesa, todo estaba preparado. Se había apuntado a un curso de cocina oriental y quería darle una sorpresa. Las bandejas con varios tipos de sushi y sushimi estaban en medio, a cada lado, cuidadosamente dispuesto, los platos cuadrados que había comprado para la ocasión, los posapalillos…  Se acordó de su hermana y sus consejos de relajación. Respiró diez veces, lenta y profundamente. Se sintió mejor.

En ese momento sonó el timbre de la puerta. El sobresalto le disparó el corazón al mismo tiempo que la sonrisa le llenaba el rostro. En la penumbra del recibidor se fundieron en un tierno abrazo mientras sus ojos y sus manos se reconocían de nuevo. Sabía que, como siempre, no podrían esperar, que acabarían en el dormitorio, amándose hasta que sus cuerpos quedaran satisfechos y agotados. Luego, más tarde, comerían y compartirían sueños inalcanzables. Como siempre.

Había escogido el vino con mucho cuidado. Sabía que no se notaría el sabor del compuesto, le habían asegurado que era insípido e inodoro, pero quería que en sus últimos momentos pudiera degustar un buen Rioja. Luego le habían dicho que les entraría sueño, y para cuando el colapso llegara al corazón, estarían de nuevo en la cama, abrazados, como siempre había soñado. Para siempre.

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2 Respuestas a “Relato: SUSHI

  1. Aparte del final truculento, creo que has bordado las emociones de ella ante la situación que vive. Y creo que expresas genial esa ansiedad que todos alguna vez hemos sentido.”Apenas se tocaban, con ese reparo que te da rozar a la persona que te gusta, para que no se note la descarga, los ojos diciendo lo que los labios no se atreven.” Y de todo me quedo con esa frase. Creo que lo bordas. Llego tarde, pero afortunadamente para mí, llego.

  2. Es una sensación que siempre se repite. Cuando alguien te gusta mucho, de verdad. Me alegro de haberla transmitido bien. Todavía la recuerdo.
    Besos.

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