MUJERES DE AZUL

Ayer leía en El País un reportaje sobre la exposición “Mujeres de azul” organizada por el Centro de la Memoria Histórica del Ministerio de Cultura y se me ponían los pelos de punta.

Porqué la Guerra Civil fue terrible, y también la represión posterior, y las torturas, la cárcel, el exilio, las ejecuciones… pero la labor que desarrolló Pilar Primo de Rivera como instrumento ideológico de la Dictadura a la hora de adoctrinar a las españolas me parece espeluznante.

Frases como esta:

“Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Si él siente la necesidad de dormir, no le presiones o estimules la intimidad. Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer.”

“No hay que ser una niña empachada de libros que no sabe hablar de otra cosa… no hay que ser una intelectual.”

“Todos los días deberíamos de dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si lo tuviéramos, quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas”.

“Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles”.

“La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse”.

Que el autor de estas sentencias (de muerte en vida para muchas mujeres que habían disfrutado de la libertad y casi igualdad de la Segunda República), fuera una mujer, me parece un terrible agravante.

Lamentablemente para toda una generación, su labor tuvo sus frutos. Hace muchos años alguien me dijo que su madre le había dado los mismos consejos que aparecen en el primer párrafo. Con otras palabras, pero quiso decir lo mismo. Lo que me pareció terrible no era que esa madre, con la mejor de sus intenciones diera ese consejo a su hija antes de casarse, sino el pensar que durante sus cuarenta años de matrimonio esa sería seguramente la única vida sexual que habría conocido, y que según transmitió a su hija, era una obligación que aunque “desagradable” había que sufrir. Por supuesto su hija no se atrevió a decirle que ya no era virgen, y ni mucho menos que disfrutaba con el sexo.

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Recuerdo la prepotencia con la que he oído a muchos hombres hablar a sus mujeres en público. No hay nada como avergonzar a alguien para sentirse más importante.

Y ya sé que no todos los hombres se aprovecharon de esa situación de sumisión, ni todas las mujeres la aceptaron. Pero si había una gran mayoría silenciosa que la asumía y la vivía con total naturalidad. Incluso intentaban transmitirla de generación en generación. Todavía quedan restos.

Conozco mujeres que aún defienden aquella manera de vivir y de pensar. Mujeres que fueron educadas en aquella época. Lo curioso es que se compadecen de las pobres afganas que no tienen ningún derecho. Y la única diferencia es que aquí a ellas no les obligaron a llevar burka.

 

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2 Respuestas a “MUJERES DE AZUL

  1. Gracias por hacernos recordar. Estas frases, si las sacáramos del horrible contexto donde las has situado, serían un chiste.

    El problema es el contexto. Porque no tienen ni puta gracia.

  2. Exacto Danny, ni puta gracia. Por ahí me dijeron que la gente que las lee ahora se cree que son chistes. Pero a mí me siguen sin hacer gracia. Ninguna.
    Será que no las descontextualizo (se dice así?).

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