JUNTA

Hoy el día no prometía, ya desde primera hora de la mañana. En realidad, desde la una de la madrugada en que supe que la noche iba a ser larga. Correos, mensajes, tareas, balances, olvidos, obligaciones… tal y como aparecían en mi mente y los iba desechando, llegaban otros para sustituirlos. Incapaz de desconectar, me dejo llevar. Creo que al final me duermo porque sueño.

En el despacho miro el inmenso montón de papeles pendientes de archivar encima de mi mesa y el otro montón de correspondencia por abrir y decido salir a la calle. No he desayunado y necesito energía y alguna que otra sonrisa.

Una llamada de teléfono y me alegran la mañana. Hay momentos en los que me gustaría detener el tiempo, desaparecer, cometer una locura (otra vez) y olvidarme de todas las obligaciones (profesionales y personales). Luego me basta con haberlos tenido. Con sonreír al recordarlos.

Mis hijos aparecen por la puerta del despacho. Miro el reloj y veo que ya es más de la una. Ha sido una mañana poco productiva. He tenido un montón de visitas, todas personales. Y aún falta una por llegar.

La tarde promete laboralmente menos que la mañana. No me centro y por lo tanto no adelanto. Pero es que no tengo ganas de centrarme. Mi socio me pide que le acompañe a una Junta. Mi cabeza se pone rápidamente a cubrir los posibles imprevistos (tengo que recoger un decodificador de TDT para casa, los niños están sin tele, y no tengo cena preparada para dejarles, mi madre está en el hospital con mi padre a quien le están haciendo unas pruebas, y todavía no he llamado para ver como está, mi hermana esta a punto de ponerse de parto y sólo espero que no lo haga antes del fin de semana…)

A 20 minutos del inicio de la Junta estoy tirada en el suelo conectando el deco a mi tele, dando instrucciones a mis hijos por si tardo en volver y repasando mentalmente las cuentas que hay que dar en la reunión.

La Junta… los que viváis en una finca ya sabéis lo que pasa en ellas. Una mezcla entre “Aquí no hay quien viva” y “La Comunidad”, sólo que a veces la realidad supera la ficción. Así que unas 15 personas estamos sentadas en una vivienda portería recalentada por el sol y discutiendo por cuarta vez el mismo punto que iniciamos hace más de una hora. Mi socio dirige la reunión e intenta controlar al vecino díscolo que no está de acuerdo con nada y se va a demandar a si mismo si hace falta para fastidiar al resto de vecinos (nunca dejaré de asombrarme de la estupidez autodestructiva de algunos representantes del género humano). Tras dos horas y media de reunión, cuatro folios de notas y tres llamadas de mis hijos preguntándome si me falta mucho, que tienen hambre, se levanta la sesión. Menos mal que por lo menos estábamos sentados.

Salimos a la calle. Está lloviendo. Caminamos deprisa rezando porque Pili aún no haya cerrado. Tenemos suerte. Dos cervezas mientras me preparan unas croquetas y un par de pepitos para llevar. Al final ha sido un día demasiado largo. Son las once de la noche y aún no he llegado a casa, pero me gusta como ha acabado, de risas con mi “pedazo de socio” en la puerta de nuestro bar viendo llover.

Mañana creo que empezaré mejor el día.

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3 Respuestas a “JUNTA

  1. Hay días que es mejor no salir de la cama… pero vamos, que parece que lo toreaste todo muy bien…

    Temblando estoy yo por la próxima junta… viene el verano y tenemos que discutir, otra vez, las normas de la piscina… a ver qué toca este año…

    Un beso.

  2. Cuando vivía en los suburbios de clase media, las juntas de la urbanización llegaban a reunir a más de 100 vecinos. Algunos eran auténticas fuerzas vivas del pueblo, como el compadre del alcalde o la sobrina del concejal de deportes . El resultado solía ser una maremagnum ininteligible de opiniones incoherentes, trufadas con insultos personales, ejemplos de sintaxis que ponían los pelos de punta,… y nunca durante menos de tres horas. Aisch, me he puesto nostálgico… 🙂

    Lo que más me ha gustado del relato es la constatación de que, a veces, unas risas bajo la lluvia (o bajo el sol, o bajo la luna,…) pueden redimir el más terrible de los días. Un beso.

  3. Las piscinas causan muchos problemas de convivencia (que te voy a contar). Tu intenta mantenerte alejado de la Presidencia Kike, aunque te daría para una cantidad de blogs hilarantes… casi que te podrías presentar voluntario 🙂

    Claro Danny, será que ahora lo echas de menos (tu vas a las juntas de tu finca?). Me quedo con lo de los ejemplos de sintaxis que ponen los pelos de punta (hay frases para transcribirlas literalmente en un acta).
    Y si, yo me conformo con unas risas con un amigo(como tú supongo). Y el día queda casi perfecto. Besos.

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