SENTIMIENTOS CONTRADICTORIOS

Es lo que últimamente estoy sintiendo cuando miro a mi pequeño buda. Ha crecido, le faltan poco más de tres meses para cumplir los doce años, pero sigue siendo un niño… a veces.

Sigue necesitándome visceralmente, me da tanto cariño como el que me pide. Sus abrazos y besos talla 14-16 casi me ahogan, pero reconozco que los echaré de menos si algún día desaparecen. Entonces tendré que perseguirlo, igual que hace él ahora conmigo.

Cuando le doy el último beso del día, en su cama, escoltado por Jack Skellington y R2D2, y le digo que es muy grande para dormir con peluches, que no caben los tres en la cama, se ríe tímidamente agarrándose a ellos. Sé que le dan seguridad, esa que a veces me pide con lágrimas en los ojos cuando se levanta a media noche con algún mal sueño. Y ahí le veo pequeño, el mismo niño que sigue necesitando dormir con una luz encendida para no tener pesadillas.

Pero está creciendo, no sólo en tamaño. No sólo ha desarrollado una paciencia inacabable para lidiar con su hermana y llevarla y traerla del colegio y de la academia de inglés, soportando sus prontos y enfados. Me llama para ver que necesito y bajar a comprar al super. Llego a casa y me encuentro los platos del desayuno fregados y la mesa puesta para la cena. Mientras me pongo cómoda me espera en la cocina, para charlar un rato, para preguntarme que tal me ha ido en el trabajo, para contarme como le ha ido a él, mientras hacemos juntos la cena (ya lleva dos quemaduras que muestra con orgullo a sus abuelos como heridas de guerra)… y ahí es cuando se me despiertan esos sentimientos contradictorios.

Me siento orgullosa de que sea tan responsable, me siento culpable por no ocuparme más de él, me siento aliviada al poder compartir tareas en la casa, me siento mal porqué le dedico poco tiempo…

Y le miro y veo que su niñez tiene los días contados. Y a veces me alegro porque me gusta que sea independiente y autónomo. Y a veces me da pena, porqué hay cosas que no volverán. Pero me gusta verlo crecer, sentir que he tenido que ver en lo que es y en lo que será. Siempre habrá parte de mí en él.

 

Ahora soy feliz y mis hijos lo saben. Me siento afortunada con mi amor, cada día que pasa me hace más feliz y siento que lo que tengo vale la pena. Y me gusta compartirlo con ellos (aunque ellos no estén mucho por la labor de compartirme), porque aunque a veces siento que me gustaría tener más tiempo para mí, reconozco que no puedo vivir sin ellos.

 

Todavía no ha llegado a ese momento de la adolescencia en que si la genética tiene algo que ver, me convertiré en su mayor enemiga (la suerte es que yo sé que eso se pasa, mis padres no, y mi adolescencia fue desesperante para ellos, creo que aún quedan secuelas). Mientras tanto… seguirá siendo mi batería preferido de The Beatles Rock Band.

Aunque igual sigue siendo así de encantador siempre…

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2 Respuestas a “SENTIMIENTOS CONTRADICTORIOS

  1. Está bien temerle a la adolescencia, puede que así después no sea tan mala como la imaginábamos…. y el recordar la propia seguro que ayuda a entenderlos… eso sí, yo creo que esos sentimientos contradictorios de ver aunque sea cada vez más de cuando en cuando en el hijo que crece a un niño, seguirán apareciendo aún cuando sea ya un hombre hecho y derecho… Y sí, seguro que será encantador. Un beso.

  2. Supongo que siempre sentiré ese afán de protección, incluso cuando me pase dos palmos por arriba. Pero espero que el cambio no venga muy de sopetón (que me tiene muy mal acostumbrada). Y sí, seguro que será encantador. Un beso.

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