CUSTODIA (II)

La semana pasada escribí un post sobre mi “custodia” particular, o la falta de ella mejor dicho. Y es que me parece que actualmente es anacrónico dar la custodia de los hijos casi con exclusividad a la madre. Sin más, sin detenerse a analizar el daño que se hace tanto a los hijos como al padre, que de pronto pasan de convivir a “visitarse”.

Siempre me ha parecido horrible lo del régimen de visitas, me suena a centro penitenciario. Sé que hay que regularlo y fijar una norma, (es una pena que en los divorcios y separaciones el sentido común se pierda por el camino), pero no sé porqué una de las dos partes tiene que renunciar a la convivencia, crianza y educación de sus propios hijos.

A menudo los hijos se convierten en moneda de cambio para el rencor, la venganza y el odio. En ese punto los adultos perdemos los papeles y nos comportamos como auténticos niños malcriados. En ese punto es donde los jueces deberían actuar y obligar a un entendimiento sensato, no deben ser los niños quienes acaben en los psicólogos, igual son los padres los que necesitarían ayuda desde el momento en que no son capaces de llegar a un acuerdo amistoso para un tema tan importante en la vida de terceras personas, que en la gran mayoría de los casos se encuentran en medio de una guerra en la que no pueden intervenir (y aquí los daños colaterales salpican muchas veces a abuelos y resto de familia política).

En la actualidad casi todas las mujeres trabajamos, con lo que estamos en igualdad de condiciones de falta de tiempo que los hombres. Históricamente se daba la custodia a las madres precisamente por eso, porque ellas podían cuidar de los niños mientras sus exmaridos trabajaban y les pasaban la correspondiente pensión y manutención. En los peores casos para ellas tenían que mantener a sus hijos sin ningún tipo de ayuda. En los peores casos para ellos, tenían que seguir pagando la hipoteca de la casa, pasarle una pensión a la exmujer y la manutención a los niños, y volver a casa de los padres porque no les quedaba dinero para sobrevivir.

Y ésta siempre me ha parecido una situación injusta. Siempre he creído que en la mayoría de los casos el hombre salía perdiendo en las separaciones, incluso en aquellas en que se creía victorioso. No sólo por el tema económico, sino sobre todo, porque se perdían el presente de sus hijos, su día a día, sus tristezas y sus alegrías. No es lo mismo convivir que pasar un par de fines de semana juntos al mes. Ni de lejos.

Las mujeres… seguimos haciendo malabares con nuestra vida laboral y personal… casi como cuando estábamos casadas o emparejadas, pero con la sensación de soledad del corredor de fondo, sin poder compartir las dudas, las convicciones, los triunfos…

He leído que la situación ideal para la custodia compartida es que haya un domicilio fijo para los hijos y sean los padres los que cada quince días (o el período fijado por ambas partes) se muden de domicilio. Esto me parece completamente utópico e irrealizable en la mayoría de los casos, y ya me daría con un canto en los dientes con llegar a un intercambio cordial y amable sin tener que compartir menaje del hogar con tu ex. Creo que los padres y madres separados deberían fijar sus domicilios en el barrio donde sus hijos vayan al colegio y tengan sus amigos y su vida hasta ese momento, y que puestos a facilitar una sana relación post-separación, serían los hijos los que periódicamente cambiarían de una casa a otra. Lo demás… es casi de sentido común.

Los niños odian la sensación de mudarse cada fin de semana de una casa a otra, sobre todo porque la segunda casa (generalmente la del padre), no la sienten como suya porque nunca han vivido allí, porque no tienen sus “cosas”, sus juguetes, sus recuerdos. Y odian las maletas, tener que llevar y traer mochilas con ropa les hace sentir inseguros, como si no tuvieran casa fija.

Muchos padres se sentirían agobiados al principio con la responsabilidad de la comida diaria, la enfermedad inoportuna en momento punta de trabajo, la ingrata tarea de aguantar el cumpleaños de los amiguitos… y muchas mujeres se sorprenderían de lo capaces y responsables que son sus exparejas si les dejan.

No sé cuanto tiempo tardaremos en que la custodia compartida sea la que se conceda por defecto, la normal. Pero creo que en ese momento, y pese a que este tipo de custodia está reclamada mayoritariamente por padres separados que quieren ver más a sus hijos y la custodia única se lo impide, seremos las mujeres las que habremos avanzado un paso más en la igualdad. No creo que ningún género tenga la exclusividad del amor a los hijos.

Y nuestros hijos, casi seguro, nos lo agradecerán.

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6 Respuestas a “CUSTODIA (II)

  1. Tengo prácticamente punto por punto la misma opinión. Quiero pensar que poco a poco (muy poco a poco, pero bueno….) vamos hacia ese sentido común, y hacia una forma de llevar la ruptura de una pareja pensando en los hijos, alejándonos de lo que se llevaba: destrozarle la vida al ex, o sacar el menor perjuicio económico. Cayera quien cayera. Hijos incluidos.
    Aunque hay muchas mujeres que huyen de la custodia compartida por motivos económicos. Sale ventajoso.
    Y lo cierto es que escuchar hablar de un régimen de visitas, y perder la convivencia… es tremendo.

    • Mira que no me extraña nada nada que coincidamos 😉 (de lo cual me alegro).
      Supongo que nos falta un poco de normalización en esta situación, desdramatizar las rupturas si hay niños por en medio y hacer de tripas corazón por su bien. Espero que sea cuestión de (poco) tiempo. Un beso Pat.

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