FERIANTES Y BODAS

Este sábado un amigo daba una charla invitado por una agencia de viajes en un stand de Feria Valencia. Ha estado dando la vuelta al mundo y durante 464 días ha visitado 25 países. Ha cumplido parte de su sueño, todavía le faltan muchos por cumplir, tantos como los lugares que le quedan por recorrer. Quizás por eso, porque era un sueño cumplido transmitía con tanta pasión la belleza de los sitios que había visitado, paisajes de nombre impronunciable y exótico. Al escucharlo daban ganas de coger un avión para poder contemplar los templos de Bagan al atardecer o nadar en la paradisíaca playa de Maya Bai.

El caso es que la charla sobre viajes se debía a la temática de la Feria, cuyo nombre era Fiesta y Boda, y yo no me podía imaginar nada más alejado de la manera de viajar de Javi, mochilero y aventurero, que un viaje de Luna de Miel, donde te suelen vender una idílica estancia en un supercomplejo hotelero situado en primera línea de una playa de arena blanca del que prácticamente no sales mientras haces uso de la pulsera Todo Incluido.

El caso es que aunque a mí me horrorizan las bodas, no pude evitar dar una vuelta para ver que es lo que iban buscando esas parejas que paseaban por allí con dossiers de información bajo el brazo.

Ganaban los stand dedicados a trajes de novia, seguidos de los que vendían los reportajes fotográficos, también había todo tipo de ofertas de restauración y catering, junto con los de organización de eventos, con unas decoraciones de mesas que ya las habría querido Tim Barton para alguna de sus películas más góticas. Al lado teníamos una orquesta de cámara intentando que su Aleluya de Haendel sonara por encima de la música de Beyoncé que atronaba desde un pase de trajes de novia en un stand cercano, mientras en otro, la orquesta Kalifornia se autopromocionaba con éxitos musicales de ayer y de hoy. Había momentos en que el nivel de decibelios era parecido al de una Feria de Atracciones, donde todos los puestos compiten entre si para atraer visitantes.

Pero lo mejor estaba al fondo, donde se situaban las empresas de alquiler de automóviles. Desde un Buick clásico de 1905 a una limusina Hammer que solo podría circular por las cinco grandes avenidas de la ciudad, pasando por un autobús discoteca para despedidas de solter@ con gogo incluida, era todo lujo y exceso.  

Y yo viendo a esas parejas ilusionadas (más ellas que ellos para que nos vamos a engañar) paseando entre tanta flor, gasa y música de violines, no podía dejar de pensar que algunos de ello no llegarían a amortizar tanta pompa y circunstancia.

Lo único que me pareció original de toda la feria fueron tres furgonetas clásicas Volskwagen que estaban aparcadas junto a los coches clásicos. Estaban decoradas por dentro y por fuera, una con estilo vintage, otra en plan hippy flower power y la última parecía recién llegada de una playa californiana. Eran totales, aunque no creo que tuvieran mucho éxito como coche para los novios.

Yo me quedo con la surfera, pero sin boda.

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4 Respuestas a “FERIANTES Y BODAS

  1. Yo no sé si por circunstancias personales termina uno volviéndose cínico y horrorizado con las bodas. Mi hermana se casa dentro de poco, y yo la escucho cuando cuenta sus preparativos como tú mirabas a los novios en los stands, y hago verdaderos esfuerzos para que no se me note demasiado el espanto que me produce el espectáculo parafernálico que conllevan las bodas. Para mí la propia palabra boda contiene connotaciones completamente alejadas del amor. ¿Qué es lo primero que piensa uno cuando escucha la palabra boda? Creo que en amor no. En fiesta, en vestido, en preparativos, en nervios, en despedida de solteros, en alcohol, en dinero, en viajes, hasta en divorcios.
    Quiero pensar que no es cinismo, que no me horroriza la idea de querer querer a alguien toda la vida, sino todo lo contrario, pero elegiría otra forma muy distinta para decírselo.

    • No creo que sea cinismo, solo que sabes que firmar un papel, o hacer públicos todos esos votos delante de un montón de familia y amigos no te asegura la felicidad (ni para siempre ni para mucho tiempo).
      No hace falta tanto, y creo que tanta ceremonia incluso desvirtua ese bonito momento íntimo del amor, el que vives solo con la persona que quieres, sin importarte el resto del mundo.
      Por no hablar de las miles de discusiones tontas que los preparativos de una boda desencadenan entre las parejas, aunque sea por cansancio,
      Así que tienes boda en breve… buf! que pereza! Y de esta no te puedes escapar, 😉
      Bs.

  2. Je je je, pues a mí me encantan las bodas (las de los demás, por supuesto). Me lo suelo pasar pipa viendo a todo el mundo pasado de vueltas, incluida la abuela. Otra cosa es que tengas razón y que se hayan convertido (o siempre lo han sido) en pura parafernalia.

    Mola la furgo surfera, oye.

    • Uf, a mí es que me da mucha pereza, tener que arreglarse y aguantar todo el paripé… pero supongo que si te lo tomas en plan observador como tú, puede ser bastante divertido, hasta berlangiano.. 🙂

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