Coherencia, escepticismo y desesperación

Llevo todo el día escuchando la guerra de cifras sobre el éxito o fracaso de la huelga general. Opiniones enfrentadas sobre su necesidad o inutilidad. Debates irreconciliables con frases tan tontas como que “esta es una huelga política” (¿y?). Incluso en una cadena han puesto el comentario que un célebre periodista de Telemadrid grabó ayer sobre el fracaso de la jornada de huelga que ni siquiera había empezado todavía, que digo yo que igual se confundió y era una predicción para uno de esos programas de videntes que se emiten de madrugada.

Dentro de un rato empezará otra guerra de cifras sobre la asistencia a las manifestaciones que aún no han terminado en muchas ciudades. Para los organizadores serán cientos de miles, para el Gobierno apenas unos miles… lo de siempre. De todos modos, digan lo que digan, cada vez estoy más convencida de que la gente solo se cree lo que se quiere creer, da igual lo que les razones, enseñes, demuestres… rojo o azul. Así de simple. Así de infantil.

Yo hoy he hecho huelga. No sé si ha servido de mucho porque mi despacho ha seguido funcionando, los demás han querido trabajar, aunque estén de acuerdo con los motivos de la huelga y en contra de todas las medidas que el actual Gobierno está tomando para se supone sacarnos de esta interminable crisis. Así que igual que eran libres de secundar la huelga sin ningún tipo de descuento en nómina, eran igualmente libres de ir a trabajar sin ningún tipo de reproche por mi parte. No hay nada que me desagrade más que esas imágenes de piquetes “informativos” insultando y agrediendo a los que abren negocio propio o ajeno. Siempre he creído que la violencia física o verbal, me da igual, te quita bastante razón.

Se que mis compañeros han ido a trabajar por una mezcla de cansancio y escepticismo. ¿De que va a servir? A quien vamos a perjudicar excepto a nosotros mismos que mañana tendremos trabajo acumulado? ¿Y si llama algún cliente? Y lo respeto. Pero es una pena que esta medida, una de las pocas que tenemos los ciudadanos de a pie para mantener un pulso con el poder político y económico, no sea masivamente utilizada por todos los que protestan (y mucho) de manera particular en sus casas, o en el bar, o con los compañeros de trabajo…

Porque muchos piensan que ya se manifestarán otros, que ya harán huelga otros, que ya firmaran peticiones otros, que total por una persona más o menos no se va a notar… y así suman miles. También se que muchas personas, otras miles o cientos de miles, están totalmente de acuerdo con las medidas que este Gobierno ha tomado, da igual que haya mentido o engañado, ellos votan al partido no al programa, votan la ideología de ese partido, lo que para ellos representa en cuanto a orden, tradición, seguridad…

En días como hoy y si todos fuéramos coherentes con nuestras ideas, indignación y reivindicaciones, se tenía que haber parado medio país. Muchos deberían haber superado ese miedo (totalmente comprensible) de perder el precario empleo que afortunadamente tienen y no haber acudido a trabajar, los padres que andan desgañitándose contra los recortes educativos no deberían haber llevado a sus hijos al colegio, nadie debería haber comprado nada… entonces se hubiera demostrado que “casi todos” estamos hartos, que no aguantamos más.

Porque como dice el dicho: Ni son todos los que están, ni están todos los que son.

 

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