LA MALA EDUCACION

La buena educación. Ana reflexionaba el lunes sobre la importancia de la educación de calidad, más allá de polémicas de escuelas públicas o concertadas y coincidíamos en lo difícil que resulta esa búsqueda de calidad y eficiencia sin perderse en debates ideológicos.

Y últimamente, además de esa “buena” educación, yo hecho en falta la otra, la que en otros tiempos era llamada simplemente buenos modales. Y no podemos seguir echando la culpa a que la juventud es ahora maleducada en general, que se han perdido las buenas costumbres, porque estoy harta de que señoras de pelo cardado y polvos Myrurgia sin ni siquiera un “buenas tardes” y mediante la técnica del empujón y avasallamiento interrumpan mi conversación con el vendedor de turno, por mucho que cueste hacerse con uno, que yo también he tenido que esperar mi turno.

Cuando hablo con compañeros de profesión nos lamentamos de que los clientes no es que sean cada vez más exigentes, que eso no es malo sino lógico, es que son más prepotentes y desagradables, sobrepasando la línea en muchas ocasiones y llegando al insulto. Nos han dejado muchas “perlas” en el contestador automático, eso si, desde el anonimato y la nocturnidad. Y esto se extiende a los colegios donde algunos padres desprecian públicamente a los profesores, o en las consultas médicas donde algún que otro doctor ha tenido que ser luego atendido por lesiones, hasta en el hemiciclo se burlan y se pitan teniéndoles que llamar al orden.

Debe ser esta cultura del grito y el despropósito que fomentan algunas cadenas de televisión y que parece ser que son las que más audiencias tienen. Lo de calumniar y hablar mal del prójimo siempre ha sido una especie de deporte nacional, pero ahora además se hace a gritos, sin escuchar al otro contertulio, todo farsa y espectáculo. Hasta en las comedias y series televisivas se vocifera sin control, y aunque sea sin agresividad, a mí los gritos me alteran, y los chistes dejan de hacerme gracia, solo quiero que bajen el volumen.

Hoy una amiga, de agradable e inteligente conversación con quien se hace corto cualquier rato, decía que hace poco le habían recriminado cierta actitud por considerarla hipócrita. La cuestión era que mi amiga defendía la no-sinceridad absoluta si no es necesaria, es decir, no hace falta espetarle a una persona sus defectos o ser desagradable si no es de tu agrado, se puede ser mínimamente educado sin hacer daño al otro. Otra cosa sería caer en el halago artificial, entonces si estaríamos cayendo en una hipocresía demasiado extendida hoy en día. Estoy harta de esos falsos amigos que te sonríen y se alegran tanto de verte y que en cuanto te das la vuelta se dedican a hablar mal de ti.

Y no será porque no hay personas con las que meterse… solo hay que mirar la portada de cualquier periódico… por encima nada más…

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