De la precariedad a la explotación

Pat recomendaba en su artículo anterior dar un paso valiente en aras de la productividad y aprobar un convenio de esclavitud de una vez por todas. Total, es lo que se está haciendo tras la reforma laboral: flexibilidad de horarios a discreción del empresario, despido por causas objetivas que casi abarcan cualquier tipo de absentismo justificado o no, indemnizaciones casi inexistentes…

El domingo veía el programa de Jordi Evolé, Salvados, que analizaba el significado de la palabra precario en el actual ámbito laboral y no podía creer la manera en que se están rebasando los límites que tanto han costado alcanzar con tal de conseguir un puesto de trabajo, ya sea para conseguir uno nuevo como para mantener el existente. Y sé que estamos en un momento de crisis donde si no se bajan los gastos de personal en una empresa con poca facturación la única salida que queda es el cierre, pero también sabemos que la búsqueda inflexible de beneficios por parte de muchas multinacionales pasa por apretar a los trabajadores abusando del exceso que en estos momentos hay de mano de obra parada y barata, lo que crea un sálvese quien pueda entre los trabajadores que se van pisando unos a otros por pura supervivencia.

Hoy leo en el periódico que la Confederación Española de Ejecutivos y Directivos ha manifestado que los responsables de la mejora económica en nuestro país son los directivos españoles. Sí, estos son también de los que dicen que estamos saliendo de la crisis, como ellos nunca entraron.

Yo empecé en el mundo laboral como trabajadora, delegación territorial de una gran empresa, con más de cuatrocientos trabajadores en su sede central de Barcelona, que para mi eran muchos. Allí aprendí mucho, sobre todo de diferencia de clases, el personal mecánico y eléctrico de la fábrica, los ingenieros, delineantes, los comerciales, el personal administrativo, los directivos… todos tenían su lugar y su trato. Si había que realizar un trabajo fuera y teníamos que viajar los eléctricos y mecánicos iban con sus coches a una pensión de mala muerte con una dieta reducidísima para comida, mientras que los ingenieros y comerciales iban de hotel a gastos pagados, yo como viajaba con el equipo de ingenieros disfrutaba de las comodidades de hotel, restaurante y si había prisa avión. Me parecía totalmente injusto.

Años después una parte de aquella delegación territorial nos escindimos y formamos una pequeña empresa en forma de cooperativa. Todos cobrábamos lo mismo y teníamos la misma responsabilidad dentro de cada área laboral.

En la actualidad tengo un despacho profesional. Tengo un socio, una sociedad limitada y dos trabajadores, a veces tres, pero no me considero empresaria, no porque seamos pocos, sino porque sobre todo los considero compañeros, porque sin ellos mi empresa no podría funcionar, porque todos somos necesarios y cuando alguno falta la mesa cojea, aunque no se caiga.

Me parecen desorbitadas las diferencias salariales entre trabajadores y directivos. Un directivo de una compañía que forma parte del Ibex35 gana de media unos 600.000 euros mientras que un trabajador de esa misma compañía ronda los 37.000 euros.  En el mundo de la banca la desproporción es todavía más escandalosa, los 23 directivos del Banco de Santander ganaron de media más de 3 millones de euros frente a los menos de 50.000 euros para la plantilla del banco.

Y claro, para mantener esos sueldos como no van a tener que “flexibilizar” los salarios de los de abajo. Si no, no les llega.

cadenas-rotas

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