BOYS DON´T CRY

Hoy en la prensa digital leo varios artículos en distintos periódicos sobre la violencia sexista contra adolescentes, fenómeno que no solo no cesa sino que parece ser que se incrementa paulatinamente, poco a poco, sin pausa.

En el artículo “Chicos que amenazan a chicas” , José Mª Calleja  se siente descorazonado porque las nuevas generaciones educadas supuestamente en la democracia e igualdad siguen perpetuando estereotipos de control y poder más propios de sus padres e incluso abuelos, aquellos crímenes pasionales que gustaban de ser portadas en El Caso se siguen produciendo, con la misma crueldad e incomprensión.

En otro artículo de otro periódico se analiza la influencia que tienen las nuevas tecnologías en el ejercicio del poder por parte de los novios a sus chicas, y es que con los nuevos teléfonos inteligentes no solo nos espían la CIA y Google, sino que los novios celosos exigen pruebas de la situación de “sus” novias ya sea mediante fotografía y WhatsApp o enviando localización GPS. Lo peor, es que ellas, en vez de defender la confianza y respeto mutua y creyendo que eso es una prueba de amor, lo mandan. Una vez empiezan ya no hay vuelta atrás, cualquier negativa será sospechosa de tapar un engaño.

A mi estas cosas me entristecen sobremanera pero no me sorprenden. No han cambiado tanto las cosas desde hace 40 años. Si, hay un Ministerio de Igualdad, pero también lo hay de Justicia y eso no quiere decir que exista. Se siguen perpetuando los mismos clichés y estereotipos tanto de mujeres como de hombres, como van a cambiar las cosas ¿por alguna que otra charla en el instituto sobre la igualdad entre sexos o violencia de género?

Mi hija de 13 años tiene tuenti, de vez en cuando lo vemos juntas y me enseña fotos, momentos y estados tanto suyos como de sus amigas, y me sigue llamando la atención la facilidad con la que se utilizan dos insultos: zorra y puta. Y lo hacen las mismas chicas entre si, porque un chico que ha tenido muchas novias mola, pero una chica que le ha robado el novio a otra o que se ha enrollado con varios chicos es una puta. Al manifestar mi sorpresa y desagrado porque todavía se distinga así entre chicos y chicas mi hijo de 16 años asiente con la cabeza y me corrobora que en su clase también pasa.

Hace días leí un interesante artículo donde se preguntaba a padres de hijos adolescentes si se acordaban de la charla que habían tenido con sus hijos (varones) donde les habían dicho cosas como estas:

“Independientemente de cómo vista o actúe una mujer no es una invitación para que le silbes, te rías de ella, la acoses o la asaltes” o “la virginidad de una mujer no es un premio y acostarte con una mujer no te da puntos” o aquel día que compartiste con él el conocimiento legal de que no hace falta que una mujer forcejee y ni que el hombre la reduzca para que se considere violación, o que “intoxicación” significa que no puede dar su consentimiento, no que sea un objetivo fácil”.

Claro, nadie recuerda esas conversaciones porque la mayoría de los padres no las han tenido. Pero estas otras sí:

“Ten cuidado como te vistes y como actúas”, “Los chicos son como son, no puedes darles ninguna excusa para que se porten así contigo”, “Tienes que tener cuidado de no ir provocando”, “No salgas sola de noche y no bebas nada que no hayas visto abrir o servir”.

Esto se les dice a las chicas, cuando empiezan a salir, como si el mundo estuviera lleno de depredadores masculinos acechando en cada esquina oscura.

Los jóvenes se nutren de las imágenes que se transmiten, tanto en casa como en los medios de comunicación, y en este último caso queda mucho por hacer. Las mujeres siguen siendo frágiles y los hombres fuertes, las mujeres siguen siendo las únicas que anuncian detergentes, desengrasantes y pañales, mientras que casi todos los anuncios de coches los protagonizan hombres. La pornografía (si esa que nuestros hijos ven por Internet) es violenta, con escenas de sexo que poco tienen que ver con el sexo real y que reproducen gestos cercanos a la violación y a la dominación. Las grandes estrellas de música pop americanas cantan desgarradoras canciones de amor romántico sentadas desnudas sobre enormes bolas de derribo (es que últimamente no puedo con la industria musical). Y en los telediarios tras informar de “la noticia” del desfile anual de ropa interior de Woman Secret el presentador da paso con sonrisa boba a las imágenes de la ganadora al concurso de mejor culo de Brasil.

Y así no se puede dejar de ser objeto. Y a los objetos no se les respeta, se les posee.

sexista

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