LA OTRA RIQUEZA

Reflexión interesante la de Ana sobre lo que somos y lo que parecemos ser. Que seríamos o que pareceríamos sin todas esas capas exteriores que nos ponemos, a veces inconscientemente, ya que somos una especie social y vivimos intentando gustar a los demás y ser aceptados por el entorno, si llegamos a ser lideres de algo es el máximo triunfo personal que se puede alcanzar. O no.

Si analizamos nuestras necesidades básicas: alimento, cobijo, seguridad, compañía, sexo… en realidad necesitamos muchas menos cosas de las que habitualmente creemos indispensables para nuestra felicidad cotidiana. Y supongo que de eso no nos damos cuenta hasta que por un motivo u otro alguna de ellas desaparece. Si se produce una serie de catastróficas desgracias y desaparecen varias a la vez nuestra situación pasa a ser de absoluto desamparo.

Hace poco hablaban de una de esas tribus perdidas que todavía quedan, las que no tienen contacto con el mundo “civilizado” y terminaban el comentario señalando su alto nivel de pobreza. Yo en las imágenes veía un grupo de personas armadas con lanzas rudimentarias y que si, llevaban poca ropa, pero dudo que necesitaran mucha más.

Claro, me quedé pensando que el significado que la palabra “pobreza” tiene para nosotros igual no es aplicable para estas sociedades. Tienen lo que necesitan, nada más. ¿Que características pueden evaluarse desde nuestro punto de vista para calificarlos de pobres? ¿La educación? ¿La sanidad? ¿El PIB? Ninguno de los conceptos que estamos acostumbrados a manejar para establecer nuestro nivel de confort y comodidad es válido para ellos, no tienen nuestras necesidades creadas, así que tampoco las echan de menos. Posiblemente su nivel de stress y autoexigencia sea mínimo, con lo que les auguro una felicidad mayor que la nuestra solo con poder disfrutar de una conversación bajo un cielo estrellado todas las noches en vez de quedarse mudos delante de una pantalla de televisión.

Los europeos hemos colonizado muchas tierras con esa superioridad sobre el nativo que nos hacía creer que salvábamos a los salvajes de la pobreza y la enfermedad. Siempre mirando sus culturas, sus costumbres y sus religiones desde nuestros ojos, colonizados también desde hace siglos. En muchas partes estoy convencida de que solo sembramos enfermedad, confusión y verdadera pobreza.

Y encima no les dejamos que nos devuelvan la visita.

tribus

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