DEPORTE Y CHAMPAN

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No soy mucho de ver eventos deportivos, de los deportes masivos solo me gusta el baloncesto (creo que el futbol está sobrevalorado) y el mundial de motociclismo, hace años no me perdía el Dakar pero ya no es lo mismo.

El caso es que hay algo en común en todos los podios de los premios relacionados sobre todo con el motor y es una chica ligera de ropa que forma parte de la decoración del podio, junto con los escalones de distinta altura para que suban los ganadores, la publicidad de fondo y las guirnaldas o laureles. Y cuando llega ese momento en que los campeones arrebatados por el frenesí de la victoria empiezan a lanzar chorros de champán por todos lados, sobre todo, a las indefensas chicas que tienen que mantener la sonrisa mientras arruinan su vestido y peinado, me da mucha vergüenza ajena y la consabida rabia ante el papel que siempre nos toca jugar.

La polémica ha saltado ahora porque parece ser que en el último podio de la Formula 1 de Shangai el domingo pasado Lewis Hamilton decidió celebrarlo dirigiendo el chorro hacia una de las azafatas, concretamente parecía que quería que le traspasase de una oreja a otra. La foto es lo suficientemente gráfica.

La foto ha dado la vuelta al mundo y la reacción no ha sido muy favorable, y aunque la azafata en cuestión, Liu Siying, licenciada en Artes Visuales en Shanghái y que trabaja en el departamento de Administración de una inmobiliaria, ha dicho que no le molestó demasiado y que se presentó a las pruebas porque es fan del piloto finlandés Kimi Raikkonen y quería saludarlo, ha demostrado una vez más que la utilización de mujeres como elementos decorativos no solo no es positiva para la imagen global sino que permite comportamientos machistas hacia ellas, que además como bonitos floreros que son, no pueden ni protestar ni resistirse, solo sonreír.

No tengo grandes esperanzas de que el debate abierto consiga erradicar una de las peores costumbres machistas de la actualidad: la presencia de mujeres ligeras de ropa o muy ceñidas sosteniendo paraguas al lado de los motoristas, sonriendo en los podios, entregando copas, girando letras en paneles de concursos… pero espero que poco a poco evolucionemos a mejor. Ya hay motoristas que prefieren que el paraguas se lo sostenga alguien de su equipo y no una muñeca hinchable, y no creo que eso haya mermado ni su capacidad para correr, ni su hombría, ni su número de fans.

Si algunos hombres hicieran el ejercicio mental de imaginar a hombres con boxers ceñidos en posiciones sugerentes entregando premios o de fondo en los podios igual se hacían una idea de lo ridículo que puede llegar a ser.

Y que conste que hay mucho público femenino, y no necesitamos hombres floreros para que nos guste más un deporte.

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