O EL MERITO DE TENER TRABAJO

Estoy completamente de acuerdo con Ana en su análisis sobre la entrega de medallas al mérito en el trabajo, o como ella dice, como premio al éxito. Son términos que no solo no son sinónimos, sino tan siquiera equiparables.

Como dice Ana, hay millones de personas que desempeñan sus empleos de forma responsable y anónima. Oficios que no salen por los medios, que no tienen mucho glamour, pero que son necesarios para que todo siga funcionando. O sea que según el reglamento que concede dichas medallas o faltan muchas por entregar o sobran unas cuantas de las que se han entregado.

Nunca me ha gustado la importancia que se le da al éxito profesional, primero porque no suele redundar en una mayor felicidad personal, sino que en muchos casos se traduce en estrés y ansiedad, y segundo porque a veces es tan arbitrario y caprichoso que no se corresponde con el esfuerzo personal y si con la suerte o como estar en el momento justo en el sitio oportuno.

En mi casa, desde que era pequeña, siempre que oía hablar a mi padre de personas conocidas que ejercían profesiones notaba la diferencia con la que hablaba de ellos según el trabajo que tuvieran. Así la deferencia y admiración que mostraba por alguien que era Juez, o catedrático de la Universidad no tenía ni punto de comparación con la manera en la que expresaba su opinión de cualquier otra persona de oficio más modesto.

Siempre con respeto y educación, pero creando una sutil diferenciación dependiendo del nivel de estudios, categoría profesional, etc. Al final, siempre tenía la sensación de que ningún amigo o novio tenía el nivel suficiente para cumplir sus requisitos básicos, porque por supuesto la primera pregunta que hacía cuando le hablaba de alguien era “¿en que trabaja?. Supongo que los padres de ahora solo se les ocurrirá preguntar ¿Trabaja?, lo de menos es donde.

Así que entramos en el fondo de mi reflexión. Antes, cuando yo estudiaba, se suponía que una persona con estudios universitarios encontraba un buen trabajo, lo que significaba sobre todo un buen sueldo, y se añadía el consiguiente prestigio social que vestía mucho (y supongo que aún lo hace en determinadas capas de la sociedad).

Pero ahora, no es que el esfuerzo en los estudios no signifique que se pueda alcanzar el éxito profesional, sino que hay profesiones de las normales, de las que no llevan implícito ningún tipo de prestigio, ya sea en hostelería, sector servicios, industria, etc. desempeñadas por personas no solo con carrera universitaria, sino con un par de masters (de los que tienen prestigio y cuestan un ojo de la cara), para las que su éxito particular sería poder trabajar para lo que se han preparado, la mayoría de las veces de manera vocacional.

Porque yo el único éxito profesional que conozco es trabajar en lo que te gusta, que ya que vamos a tener que trabajar hasta los 70 años para poder acabar de pagar la hipoteca, mejor que no parezca una cadena perpetua.

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