Malos que parecen buenos

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Ana habla de perfiles e identidades, aquellas que creamos como verdaderas o falsas, o aquellas que queremos presentar ante los demás y que a veces no tienen nada que ver con la realidad, y pregunta cuál es nuestra identidad real. No lo sé. Siempre me ha sorprendido esa disparidad entre lo que creemos ser y parecer y la percepción que los demás tienen de nosotros, ya sea porque nos conocen poco, o porque nos conocen demasiado.

Esta semana, por ejemplo, ha habido dos noticias que me han hecho pensar en esta dualidad. La primera ha sido al leer un titular en prensa que decía que los vecinos del barrio sevillano de los presuntos violadores grupales de una chica en Pamplona afirmaban que los cinco chicos eran “unas buenas personas, muy normales y que no creen que hayan sido capaces de algo así, que suena a encerrona de la muchacha”.

Parece ser que hay personas que todavía creen que las “malas personas” tienen alguna característica física que les distingue, o se comportan de manera sospechosa, algo que hace que cuando cometan una violación, estafa o asesinato los vecinos digan eso de “si ya decía yo que era un poco raro”, pero que una persona, como ellos dicen “normal” (habría para todo un estudio sociológico sobre la acepción de normal), que se toma el aperitivo en el bar, bromea con el del quiosco, y acaba de graduarse en la guardia civil no puede haber cometido un crimen tan atroz, y en última instancia sería que la chica les provocó. Si no, no se explica.

La segunda me vino a la cabeza mientras veía sentados en el banquillo de los acusados a todos los imputados por las tarjetas black, tan trajeados y tan serios.  Y me hizo pensar en lo que habría significado para ellos este juicio público, si les habrá dado vergüenza el escarnio público al saberse que mientras medio país pasaba hambre y era desahuciado de sus casas ellos se gastaban una cantidad inmoral de dinero en buena comida, bebida, viajes, lencería para sus señoras y otros gastos suntuosos, exigiendo además que se les subiera el límite de las tarjetas porque no tenían bastante con la asignación inicial. 15 millones de euros entre 65 ex directivos, y libres de impuestos, no estaban mal los sobresueldos.   Igual hasta fardaban de ello entre sus conocidos, porque en ese mundo engañar al pobre no está mal visto.

Y estos señores eran el prototipo de los triunfadores, altos directivos de la banca, que se debían codear con lo mejorcito del mundo empresarial y político, porque la mayoría venían de allí. Nada hacía sospechar que fueran malas personas, y estoy segura que nadie se cruzaría de acera en una noche oscura pensando que les iban a atracar. Por supuesto tenían unos perfiles impecables, igual que sus currículums.

Si es que no te puedes fiar ya ni de los que llevan sotana.

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