DON`T STOP THE MUSIC

Siempre ha estado ahí. De fondo, casi inaudible, o en primer plano, a todo volumen. Casi todas las épocas de mi vida tienen una banda sonora. Hay veces que sólo suena una vez y esa canción se convierte en el recuerdo de un momento único e irrepetible. Otras veces, la misma música envuelve distintos instantes a lo largo de mi vida. Algunas canciones hace muchos años que no las oigo, pero siguen ahí, las recuerdo como si fuera ayer. Otras van llegando y se suman a mi larga lista de imprescindibles.

Jamie Cullum es de los que me ha acompañado en muchos buenos momentos desde que lo descubrí, allá por el 2003. Ha compartido muchas tardes de trabajo con mi socio y conmigo, alegrándonos el final de unas jornadas más que largas. Hace ahora tres años nos enamoró su directo en un concierto que marcó el principio de un final en mi vida. Poco después una de sus canciones me aceleraba el corazón cada vez que sonaba en mi móvil. Y hace unos meses, la última vez que tuve el placer de oírle tocar en directo acababan cuatro días increíbles en los que había disfrutado del amor de una manera mágica.

Hace unos días compré su último trabajo. “The Pursuit” que refleja de nuevo el eclecticismo de este músico de jazz que igual interpreta el clásico de Cole Porter “Just One Of Those Things” con la orquesta de Count Basie, que muestra su lado más pop en una divertida “I’m All Over It”

Estoy segura de que me va a seguir acompañando en muchos buenos momentos que aún están por llegar.

 

VIERNES…

Me alegro de que estés aquí. Hace días que no nos vemos, que no nos tocamos. Besos y cena. Chill-out, música y velas. Conversación, amor, más besos ¿nos vamos a la cama? Sueño reparador, piel con piel. Círculos de luz que se cuelan por las persianas. Me desperezo y sigues ahí. Se despierta el deseo… antes que yo. Pasan las horas. Me dejas dormir un rato más. Zumo, tostadas y un Cola Cao. Pereza. Abrazos en el sofá. ¿Qué te apetece comer? Miradas que acaban en besos, besos que se transforman en deseo, tardes agotadoras que acaban de madrugada.

Pasan las horas. Lenta y suavemente, como nuestras caricias. Deprisa, sin pausa, porque el tiempo se acaba. Me gustará echarte de menos, tendré más ganas de verte. Me he acostumbrado a amar así.

He abierto de nuevo la maleta. Hay sitio. Mucho. Así que estoy guardando estos momentos, los de ahora, tan mágicos como los que ya estaban dentro. Los he puesto a su lado, con cuidado de no taparlos. No puedo evitar sonreír al verlos. Me hicieron tan feliz… como lo soy ahora.