TRANSGRESION, ACTIVISMO Y SENTIMIENTOS

cristalera-iglesia

La guerra mediática continúa, imparable y sucia, contra cualquier fallo o error del presente o del pasado de cualquier miembro perteneciente al partido de Podemos, Ahora Madrid, En comú Podem o cualquier otra confluencia. La Cabalgata de los Reyes Magos, los titiriteros… cualquier polémica es buena para dedicarles mas minutos en los telediarios que a cualquiera de los nuevos escándalos económicos que cada semana surgen, aunque claro, es que estos ya no nos asombran, casi ni son noticia. Esta semana le ha tocado a Rita Maestre, la portavoz del Ayuntamiento de Madrid a quien se juzgaba hoy por un supuesto delito contra los sentimientos religiosos por una protesta/performance de hace 4 años en la facultad en la que enseñaron el torso desnudo en capilla del campus universitario.

Otros han tenido que pasar por los Juzgados por atentar contra los sentimientos religiosos en alguna canción, obra de teatro satírica o viñeta de cómic, bueno a estos últimos se les perdonó porque se metían con Ala, y era un atentado contra la libertad de expresión.

Lo de ofender los sentimientos religiosos es algo tan subjetivo que donde el Arzobispo de Madrid (que no puede ser tachado de ateo o podemita) ha dicho que la protesta fue una chiquillada y que no hay que darle importancia, el capellán de la complutense casi necesito ayuda psicológica. Parece que cuando algún que otro obispo o religioso predica desde el púlpito la homofobia, o menosprecia directamente a la mujer nadie se ofende, ni supone una incitación al odio, la intolerancia cuando no al machismo y a la violencia de género.

Que en pleno siglo XXI y en un país laico como el nuestro se estén juzgando unos hechos que forman parte del activismo político dice muy poco a favor de nuestra supuesta aconfesionalidad. Pero que se puede esperar de un estado en el que se concede la medalla del Mérito Policial a una Virgen o el ministro del interior manifiesta públicamente que tiene un ángel de la guarda que le ayuda a aparcar.

Como ha dicho alguien hoy, si revisaran todos los actos que hicimos en nuestra época universitaria (políticos o no), pocos podrían ejercer un cargo público. Además, me gusta que haya gente sentada en el Congreso, o en los Ayuntamientos que hayan luchado de manera activa por aquellos ideales en los que creían de jóvenes, y que muchos, lo sigan haciendo. Cualquier cosa es mejor que ese conformismo general que solo sacudió las conciencias cuando el dinero y las comodidades empezaron a escasear.

Hace un rato viendo las imágenes del juicio sentía cierta empatía con Rita Maestre, que se mostraba medio avergonzada y muy asombrada de la situación que estaba viviendo, siendo consciente además de que se la juzgaba más por quién es que por lo que hizo. Mientras pedía perdón a quien hubiera podido ofender y reconocía que no volvería a hacerlo sentía que yo podría haber estado ahí, y que me hubiera sentido igual de tonta.

Esperemos que esta caza de brujas acabe pronto.

IM-PUTA-CIÓN

El lunes Ana echaba irónicamente la culpa a las madres por no haber sabido educar a sus hijos. No a todas claro, sobre todo a esas madres de defraudadores sin escrúpulos que ahora inundan las hojas de la prensa de papel, digital y hasta la rosa. Y yo me sentí identificada con esas madres que a pesar de intentar inculcar buenos valores en sus vástagos les salieron así, malos, muy malos.

Y esta empatía se debía a que hace un mes me convertí en la madre de un imputado. Dicho hoy ya me suena raro, porque ayer justo todo se aclaró y vuelvo a ser una madre normal, pero desde que recibimos el telegrama de la Fiscalía de menores donde a mi hijo se le imputaba de un delito de lesiones, aparte del cachondeo propio hacia él para quitarle hierro al asunto, a mí me quedaba siempre el desasosiego propio de una madre sufridora y sobre todo, un poco escéptica con el funcionamiento de la Justicia (y con eso me refiero tanto al ministerio terrenal como a la otra justicia divina, kármica o como se llame que tampoco parece que funcione muy bien últimamente).

Todo se debió a un error de identificación por parte de la policía, que aparte de no conocer el talante pacífico de mi pequeño buda, debieron de coger al primer Adriá que les salió en la base de datos. Y aunque sabía que al final no pasaría nada, que todo se aclararía, cada vez que recibía una carta certificada de Juzgados con petición de documentación, designación de letrado y todas esas parrafadas ilegibles volvía a intranquilizarme.

Esta nueva situación me hizo plantearme algunas reflexiones, como que si hubiera sido responsable de haberle causado daños a otra persona intentaría disculparlo a toda costa o que se librara del castigo. Porque los padres somos así, solemos echar las culpas a los amigos, las malas compañías, una mala racha, lo que sea antes de sentir esa sensación de haber fallado, de no haber prestado la debida atención, de no darnos cuenta de que algo iba mal o simplemente de ignorarlo.

Mi conclusión fue que hubiera tenido que hacerse responsable de sus actos con el consiguiente castigo. No creo que la actitud actual que veo en muchos padres de tomarse como algo personal, a menudo con agresividad, cualquier corrección o crítica hacia la conducta de sus hijos les haga ningún favor en su educación. Un ejemplo de esto, es la pérdida de respeto sufrida por el colectivo de profesores que no solo tienen que lidiar todos los días con niños muchas veces sobreprotegidos y malcriados, sino con sus progenitores cuando se atreven a notificar cualquier falta.

En resumen, las madres amamos de manera incondicional, hasta las de los políticos corruptos.