BODAS, BAUTIZOS, COMUNIONES.

Conozco gente que no es creyente pero disfruta de estos actos folklórico-religiosos. No es mi caso.

Afortunadamente no me suelen invitar muy a menudo a este tipo de celebraciones. O peco de antipática o me he sabido rodear de amistades tan descreídas como yo, así que excepto alguna cita ineludible de familia cercana no he tenido que acudir a muchas. Hoy mismo mi socio se quejaba de que había perdido el domingo porque no se había podido librar de ir a la comunión de la hija de un amigo. Y no sólo había perdido el día, sino los 200 euros que tuvo que poner para el regalo. Hace unas semanas unas amigas se quejaban de lo mismo, empezaba la temporada de bodas y comuniones.

Porque esa es otra. Te invitan, pero en las bodas tienes que pagarte el cubierto y algo más para que a los novios les luzca, y en las comuniones también hay lista de regalos, que no tienen nada que ver con los detallitos que se regalaban en nuestra infancia. En resumen, que entre el obsequio, los zapatos nuevos para los niños y algún trapito con la excusa de que no tienes nada decente que ponerte, se te va una pasta equivalente a un fin de semana en algún hotelito rural con toda la familia. Solo que en vez de volver a casa relajada vuelves con una ligera jaqueca por los gritos de niños y  mayores, dolor de pies y algún kilo de más.

El caso es que dentro de unos días se celebra el bautizo de mi sobrino, el tercero por parte de mi hermano en los últimos cuatro años. Y yo no voy a poder ir. Tengo la mala costumbre de reservar entradas y hotel de festivales y conciertos con la suficiente antelación como para no quedarme sin verlos, y en este caso y antes de que supiera la fecha del evento ya tenía el fin de semana ocupado.

Reconozco que mucha ilusión no es que me haga, pero si no fuera por la coincidencia iría, aunque solo fuera por ayudar en la organización y quitarle trabajo a mis padres que se van a encargar de casi todo. Lo que no me imaginaba a estas alturas es que mi ausencia fuera a despertar tantas susceptibilidades, pero parece ser que si, que hay cosas a las que hay que ir. Aunque sea por hacer bulto.

Al final no ha sido para tanto, los padres lo han entendido, los abuelos también y a mis hijos les toca representarme en tan familiar evento.

Hoy hemos comprado sandalias nuevas y unos trapitos. Para que vayan guapos.

Mientras tanto yo estaré disfrutando con Xoel López. Por fin.

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NO

Hoy la he dicho demasiadas veces. Es una palabra que no me gusta (otra vez está por aquí), pero me era imposible decir que sí. Hubiera mentido, me hubiera agobiado todavía más, y sabía perfectamente que era imposible cerrar tantos frentes abiertos, tantos imprevistos y tantas peticiones de última hora.

No he podido presentar la documentación que tenía que estar para el jueves pasado. No voy a poder tener los cuatro balances que hoy me han pedido para mañana y pasado, por no hablar de las visitas que no tengo tiempo de hacer…. Un ritmo más o menos parecido al del último año, sólo que hoy me he negado.

Ya no me salían más “en cuanto pueda”, “ahora me pongo”, “déjamelo aquí que ahora lo hago”… hoy no aguantaba más carga. Hacía tiempo que no me encontraba tan cansada, desanimada y agotada.

Hoy he comprendido que tengo que ponerme metas reales. Que necesito acabar el día sintiendo que he terminado tareas, adelantado trabajo… aprovechado el día. No me gusta la sensación que tengo de que dejo demasiadas tareas pendientes, de que mi mesa siempre está llena de papeles que intento amontonar con cierto orden y que me sobrepasan al final del día.

Menos mal que mientras reordenaba mi mesa para no asustarme mañana al comenzar la jornada, una charla (corta) me ha alegrado el final de la tarde. Aunque me he quedado con ganas de más, pero últimamente todos andamos tan ocupados…

Creo que mañana será un día positivo.