PARAÍSOS ARTIFICIALES

Estos días casi todos los españoles andan liados con la declaración de la Renta (sobre todo los que nos sale a devolver), papeles, datos fiscales, consultas al asesor, web de Hacienda colapsada… y mentiría si no reconociera que muchos nos inventariamos otro hijo más solo para añadir deducciones fiscales a esas cuotas íntegras que no entiende nadie. Pero son tentaciones, pocos contribuyentes de los de a pie, de los que se hacen la renta ellos mismos por ahorrarse unos euros, comprobando varias veces los datos fiscales para comprobar que no se han dejado nada por poner se atreverían a mentir a Hacienda, que no seremos todos, pero lo sabe todo de nosotros.

Y con este panorama salen a la luz los papeles de Panamá, que agravan todavía más la brecha de los que tienen mucho y no quieren pagar nada frente a los que tenemos poco y debemos pagarlo todo. Porque yo entiendo que cuesta pagar impuestos, pero a mi me encantaría pagar unos cuantos cientos de miles si eso significara que he ganado millones.

No voy a entrar en el tópico de que en este país se premia la picardía y que queda muy bien fardar de todo lo que has estafado al fisco porque creo que hace ya muchos años que no es así. La mayoría de la gente sabe que sin impuestos no hay colegios, ni hospitales, ni carreteras, ni nada, y que hay que contribuir al mantenimiento del estado del bienestar que tanto nos ha costado alcanzar, pese a que en los últimos años nuestro dinero a través de los impuestos haya ido a parar a bolsillos privados corruptos o tirado directamente a la basura gracias al rescate a los bancos.  A regañadientes, medio obligados o con gusto, seguimos pagando impuestos. Los que nos tocan.

Luego están los otros, los de los contratos millonarios, futbolistas, artistas, empresarios, políticos, especuladores que se ponen en manos de profesionales para ahorrarse unos euros, todo legal, se le llama ingeniería financiera. Estudian las mejores opciones según cada caso, empresas offshore en paraísos fiscales, testaferros, fijar la residencia en otro país, aprovecharse de los vacíos legales… se pueden usar solas o combinadas, hay soluciones para todo los bolsillos.

El último que ha recaído ha sido Mario Conde, que ya me parecía a mi por el discurso que tenía que no se había rehabilitado nada nada, y que no se como va ahora a justificar su tan vendida inocencia e insolvencia en el fraude Banesto que le llevó a la cárcel. Hace unos días estuvo en una televisión dando lecciones sobre paraísos fiscales, de los que sabe mucho, y dijo esto: “los estados occidentales, al mismo tiempo que tienen unos tipos impositivos que presionan a la clase media, permiten la utilización de determinados paraísos fiscales a los que por definición solo tienen acceso las personas con un poder económico determinado”.

Y tiene razón, lo más triste es que tiene razón, que los estados permiten la existencia de paraísos fiscales al mismo tiempo que emplean miles de euros en la lucha contra el fraude fiscal. Que los gobiernos tienen que hacer equilibrismo con los impuestos que recauden para mantener los servicios públicos mientras saben que millones de euros dejan de tributar.

Saber que con los 14 millones de euros que parece ser que Mario Conde ha repatriado desde Suiza se podrían haber descongestionado listas de espera, haber dotado de más camas a muchos hospitales y mejorado la asistencia de muchas urgencias colapsadas (por poner solo un par de ejemplos) con el consiguiente alivio del sufrimiento y dolor de muchas personas me hace pensar que además de ser poco patriotas (ellos que siempre están con la palabra España en la boca, además de ley, orden, moral y valores), son muy muy egoístas.

Si pienso en los 5,8 billones que se estima que es el patrimonio financiero mundial retenido en los paraísos fiscales, ya me pongo enferma.

Anuncios

PAPELES

Llevo un par de semanas intentando juntar el montón de documentos que la Agencia Tributaria (Hacienda para los amigos) tuvo a bien solicitarme para revisar mi declaración de Renta. Unos días antes me había mandado el SMS más deseado por cualquier persona a la que la declaración le sale negativa: “la Agencia Tributaria ha ordenado el pago de su declaración”, y día tras día consultaba mi cuenta corriente esperando ver el saldo considerablemente aumentado. Día tras día mi saldo iba lentamente menguando con el cobro cotidiano de recibos, pero nada del suculento ingreso.

Una semana más tarde me llegó la respuesta en forma de notificación electrónica (último grito en las comunicaciones de la Administración). Cualquiera que haya recibido un requerimiento de Hacienda sabe que es como cuando te para la Guardia Civil, “algo he hecho mal”. Y por la larga lista de documentación que tenía que reunir en el brevísimo plazo de diez días, yo lo debía haber hecho muy mal.

Así que estas dos últimas semanas me he dedicado a reunir papeles, a buscar por el fondo de cajones y armarios los que no encontraba, que diez años son muchos años para que la documentación importante, esa que siempre crees que sabe donde está, se quede quieta en un sitio. Algunos han aparecido, otros he tenido que pedirlos a tres notarios distintos. Es impresionante la de papeles que firmas cuando compras, hipotecas, amplias, te divorcias, y extingues un condominio, que no es ninguna especie rara, sino un tipo de propiedad.

Deberá aportar original y copia de toda la documentación solicitada” significa tirarse toda una tarde fotocopiando escrituras, certificados de padrón, gastos de notaría, impuestos patrimoniales, sentencias judiciales, actos jurídicos documentados y todos esos papeles que creemos que una vez hemos firmado y formalizado nunca más tendremos que volver a ver.

Fue como darme un paseo por mis últimos once años. Recordé que me costó mucho encontrarla pero aunque era más de lo que nos queríamos gastar era la casa que andábamos buscando, grande, en mi barrio, cerca de mi familia y al lado del trabajo. Estaba embarazada y era feliz. Una semana antes de la Navidad de 1999 firmaba mi primera hipoteca. Seguí pasando hojas mareada por los números, amortizaciones e intereses de demora y llegué a la ampliación de hipoteca, las cosas iban bien y nos íbamos a meter en reformas, más números, penalización por cancelación y muchísimos más intereses. La reforma dejó la casa preciosa pero no arregló lo demás. Apenas un año después estaba en el juzgado volviendo a firmar papeles. Ahora no había números solo condiciones, fechas y lágrimas.

Momentos que Ariel cuenta mejor que yo…