8 de marzo

Princesa-Leia

DEBERES QUE NO EDUCAN

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Estoy de acuerdo con Ana en que la eliminación de los deberes puede ser perjudicial para esos niños que tienen dificultades para seguir el ritmo de la clase y puedan quedar descolgados del resto en caso de no reforzar las materias diariamente en casa, pero al mismo tiempo considero que ese motivo no justifica que todo el alumnado tenga que soportar una carga diaria de trabajo tan grande que no les permita desarrollar prácticamente ninguna actividad que no sean las tareas escolares.

He leído muchas opiniones a favor y en contra de los deberes durante este fin de semana, en el que lo mejor de la huelga convocada por la CEAPA es que se ha abierto un debate público sobre este problema.

Porque sí, para mí es un problema, no como persona afectada por la excesiva carga de deberes de sus hijos, porque pocas veces he tenido que ejercer de profesora particular o ayudarles a estudiar, siempre han sido autónomos en sus obligaciones y sólo he sufrido la soledad de no disfrutarlos entre semana porque se pasaban la tarde encerrados en sus habitaciones “haciendo deberes”. Como decía, lo considero un problema, una deficiencia de tantas en nuestro sistema educativo, y por tanto apoyaría cualquier iniciativa para erradicar cualquiera de sus aspectos negativos.

Nuestro sistema educativo no sólo es obsoleto, también ineficaz si nos remitimos a la tasa de abandono escolar y a los resultados en los estudios comparativos con otros países. Llevamos tantos años centrándonos en las notas y los exámenes que se ha perdido completamente la finalidad de la educación en una sociedad: enseñar.

Hace unos días el tutor de mi hija (1º de Bachiller) me daba la razón en que los alumnos han perdido el interés por aprender, la presión por las notas ha matado la curiosidad y ha convertido el estudiar en una tediosa obligación que ocupa prácticamente todas las horas del día. Dicho profesor se declaraba contrario a evaluar mediante exámenes, la reválida si se imponía al final le parecía una monstruosidad, y me reconocía que se mandaban demasiados deberes, pero finalizaba con un “es el sistema que tenemos”.

Algunos profesores se han tomado esta huelga como un ataque a su autoridad, a mí no me lo ha parecido. Primero porque no se ha llamado a no hacer los deberes nunca más, sino a dejar los libros durante el fin de semana. Me parece algo tan de sentido común que no entiendo como alguien puede estar en contra de que los niños y jóvenes puedan descansar de deberes durante dos días a la semana. Las agendas escolares a veces son más complicadas que las de un directivo de una multinacional, y planear una tarde de cine es a veces imposible entre libros de lectura obligatoria, trabajos de varias páginas y exámenes de la siguientes semana.

Pocos adultos aceptaríamos de buen grado que el jefe nos obligará a llevarnos trabajo a casa todos los días, y por supuesto, que los fines de semana también le dedicáramos gratis unas cuantas horas. Y no me vale la excusa de que están invirtiendo para su futuro, esto es como el presentismo laboral, con las horas diarias de clase debería bastar para formar, sin necesidad de horas extras. Es como el profesor que se autodefine como exigente porque es muy difícil aprobar en su clase, a mí sólo me demuestra que no sabe enseñar su asignatura, pocos profesionales se colgarían medallas ante un resultado negativo de su trabajo.

La escuela debería ser un espacio donde se fomente la creatividad, el interés por aprender, la curiosidad y que buscara potenciar las aptitudes innatas de cada niño. Conforme van creciendo se les debe enseñar a comprender la información, a cuestionar lo que les llega, a investigar, a buscarla de forma correcta. Van a vivir en un mundo donde van a poder acceder a miles de contenidos en cuestión de segundos, donde va a ser más importante aprender a interpretarlos que aprenderlos de memoria. Deberían tener profesores que supieran manejar los recursos que la tecnología actual ofrece, y para eso claro, habría que renovar el sistema actual.

Mi pregunta es: ¿se puede? ¿o no se quiere?

Coherencia, escepticismo y desesperación

Llevo todo el día escuchando la guerra de cifras sobre el éxito o fracaso de la huelga general. Opiniones enfrentadas sobre su necesidad o inutilidad. Debates irreconciliables con frases tan tontas como que “esta es una huelga política” (¿y?). Incluso en una cadena han puesto el comentario que un célebre periodista de Telemadrid grabó ayer sobre el fracaso de la jornada de huelga que ni siquiera había empezado todavía, que digo yo que igual se confundió y era una predicción para uno de esos programas de videntes que se emiten de madrugada.

Dentro de un rato empezará otra guerra de cifras sobre la asistencia a las manifestaciones que aún no han terminado en muchas ciudades. Para los organizadores serán cientos de miles, para el Gobierno apenas unos miles… lo de siempre. De todos modos, digan lo que digan, cada vez estoy más convencida de que la gente solo se cree lo que se quiere creer, da igual lo que les razones, enseñes, demuestres… rojo o azul. Así de simple. Así de infantil.

Yo hoy he hecho huelga. No sé si ha servido de mucho porque mi despacho ha seguido funcionando, los demás han querido trabajar, aunque estén de acuerdo con los motivos de la huelga y en contra de todas las medidas que el actual Gobierno está tomando para se supone sacarnos de esta interminable crisis. Así que igual que eran libres de secundar la huelga sin ningún tipo de descuento en nómina, eran igualmente libres de ir a trabajar sin ningún tipo de reproche por mi parte. No hay nada que me desagrade más que esas imágenes de piquetes “informativos” insultando y agrediendo a los que abren negocio propio o ajeno. Siempre he creído que la violencia física o verbal, me da igual, te quita bastante razón.

Se que mis compañeros han ido a trabajar por una mezcla de cansancio y escepticismo. ¿De que va a servir? A quien vamos a perjudicar excepto a nosotros mismos que mañana tendremos trabajo acumulado? ¿Y si llama algún cliente? Y lo respeto. Pero es una pena que esta medida, una de las pocas que tenemos los ciudadanos de a pie para mantener un pulso con el poder político y económico, no sea masivamente utilizada por todos los que protestan (y mucho) de manera particular en sus casas, o en el bar, o con los compañeros de trabajo…

Porque muchos piensan que ya se manifestarán otros, que ya harán huelga otros, que ya firmaran peticiones otros, que total por una persona más o menos no se va a notar… y así suman miles. También se que muchas personas, otras miles o cientos de miles, están totalmente de acuerdo con las medidas que este Gobierno ha tomado, da igual que haya mentido o engañado, ellos votan al partido no al programa, votan la ideología de ese partido, lo que para ellos representa en cuanto a orden, tradición, seguridad…

En días como hoy y si todos fuéramos coherentes con nuestras ideas, indignación y reivindicaciones, se tenía que haber parado medio país. Muchos deberían haber superado ese miedo (totalmente comprensible) de perder el precario empleo que afortunadamente tienen y no haber acudido a trabajar, los padres que andan desgañitándose contra los recortes educativos no deberían haber llevado a sus hijos al colegio, nadie debería haber comprado nada… entonces se hubiera demostrado que “casi todos” estamos hartos, que no aguantamos más.

Porque como dice el dicho: Ni son todos los que están, ni están todos los que son.