DON`T STOP THE MUSIC

Siempre ha estado ahí. De fondo, casi inaudible, o en primer plano, a todo volumen. Casi todas las épocas de mi vida tienen una banda sonora. Hay veces que sólo suena una vez y esa canción se convierte en el recuerdo de un momento único e irrepetible. Otras veces, la misma música envuelve distintos instantes a lo largo de mi vida. Algunas canciones hace muchos años que no las oigo, pero siguen ahí, las recuerdo como si fuera ayer. Otras van llegando y se suman a mi larga lista de imprescindibles.

Jamie Cullum es de los que me ha acompañado en muchos buenos momentos desde que lo descubrí, allá por el 2003. Ha compartido muchas tardes de trabajo con mi socio y conmigo, alegrándonos el final de unas jornadas más que largas. Hace ahora tres años nos enamoró su directo en un concierto que marcó el principio de un final en mi vida. Poco después una de sus canciones me aceleraba el corazón cada vez que sonaba en mi móvil. Y hace unos meses, la última vez que tuve el placer de oírle tocar en directo acababan cuatro días increíbles en los que había disfrutado del amor de una manera mágica.

Hace unos días compré su último trabajo. “The Pursuit” que refleja de nuevo el eclecticismo de este músico de jazz que igual interpreta el clásico de Cole Porter “Just One Of Those Things” con la orquesta de Count Basie, que muestra su lado más pop en una divertida “I’m All Over It”

Estoy segura de que me va a seguir acompañando en muchos buenos momentos que aún están por llegar.

 

SAN SEBASTIAN

Es una ciudad que me gustó desde la primera vez que la visité, hace ya más de veinte años. Fue huyendo de una Pamplona saturada de Sanfermines, olor a vino e ingleses ruidosos (los que acampaban a nuestro lado). Igual fue ese contraste, sus calles limpias, ese olor a mar, el barrio viejo tan bien conservado, el azul…

Desde entonces he vuelto muchas veces, siempre que he estado lo suficientemente cerca he pasado por allí, aunque fuera sólo a pasar el día.

Y este año he podido cumplir uno de mis sueños más antiguos. Ir al festival de jazz de San Sebastian. Han sido cinco días increíbles. La música, el mar, el sol (bajo unos suaves 24º grados de temperatura máxima), la noche… unos ojos azules que me han hecho disfrutar de cada momento. Mi amigo/socio que llegó desbaratado y que nos hizo reír sin parar los dos últimos días.

Me ha encantado salir a la calle al anochecer y pasar frío. Ponerme manga larga y seguir sintiendo el fresco de la brisa en la playa de La Zurriola, sentada en la arena, bajo las estrellas y con el fondo de las olas rompiendo en la orilla. Ha sido un lujo poder disfrutar en ese escenario de la música en directo de Russian Red, Vetusta Morla (de nuevo), Facto Delafé, Black Joe Lewis and The Honeybears (potente soul en directo) y otros grupos de cuyo nombre me acuerdo y que se iban alternando en el resto de los escenarios que Heineken ofrecía de manera gratuita.

Y llegó la última noche. La única actuación para la que habíamos sacado entrada. Jamie Cullum actuaba en la Plaza de la Trinidad. Al imprimir la entrada en Donosti (era necesario un cajero Kutxa) me extrañó un poco lo de “asiento no garantizado”. Esa extrañeza se convirtió en mal rollo al ver la tremenda cola que había para acceder a la Plaza una hora antes de la actuación. Y el mal rollo se transformó en mala hostia al comprobar que asientos había pocos, luego quedaban gradas de piedra laterales y el resto (un montón de personal) se tenían que apañar de pie donde pudieran. Nosotros tuvimos suerte y nos pudimos colocar en una grada lateral cerca del escenario. Incómodos pero veíamos, porque mucha gente no podía ni vislumbrar el escenario. No encontraba ninguna explicación a la incoherencia que significaba que el único concierto de pago fuera el más incómodo que iba a ver, frente a los cinco conciertos gratuitos que había disfrutado en el resto de escenarios del Festival.

Afortunadamente (sobre todo para la organización, dado el caldeado malestar general), Jamie Cullum nos hizo olvidar todas las incomodidades y disfrutar de su música, de su personal manera de interpretar el jazz y sobre todo, de su energía. Fue todo un espectáculo.

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Y os dejo una muestra de su directo. Una versión de una canción de Jimmy Hendrix. Wind  cries Mary.

Por supuesto el año que viene intentaré volver. Y si puedo, antes. Me han quedado cosas pendientes, viejas amistades que volver a visitar y unos discos que recoger (con una conversación como mínimo de dos horas, y delante de una buena comida y varias cañas, Nire).

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