PERSONAL JESUS (El club de las canciones)

 

Desde mi ateismo agnóstico cada vez más convencido no creo en la existencia de ningún Dios (tema propuesto por Julio esta semana) si bien respeto a los que quieran seguir la doctrina de cualquiera de los que actualmente existen.

Fui educada, o por lo menos lo intentaron, en una familia católico practicante. Muy practicante. Me bautizaron, tomé la comunión y me llevaban los domingos a misa hasta que tuve la suficiente edad para negarme, creo recordar que a los doce o trece años… aunque realmente había dejado de creer mucho tiempo antes… Y es que a mí nunca se me dio bien la religión.

Para la Primera Comunión me costó Dios y ayuda aprenderme el catecismo. La primera parte de la respuesta siempre era fácil, sólo había que repetir la larga pregunta formulada, por ejemplo: ¿Cuántas son las virtudes teologales? – Las virtudes teologales son tres: fe, esperanza y caridad, pero a mí me fallaba precisamente la segunda parte, entre tanta verdad, mandamiento de la Ley de Dios y mandamiento de la Santa Madre Iglesia, creía que nunca lo lograría.

En misa no pasé nunca del Padrenuestro. El Credo se me atragantó y no logré aprenderlo, me limitaba a mover los labios y a levantarme y sentarme siguiendo a los demás. Me aburría soberanamente y acababa perdida en mis pensamientos.

Así que llegué a 5º de EGB con una fe más bien flojita. Tanto que cuando encontré una explicación de la creación del mundo alternativa a la de Dios me aferré a ella. Ese año nos explicaron la teoría de la evolución de las especies, Darwin y el origen del hombre… y de pronto todo lo que me habían contado hasta entonces del Paraíso, Adán, Eva, el diluvio… no me cuadraba, no podía creer en dos cosas tan distintas al mismo tiempo, y me decanté por aquello que sí se podía demostrar.

Desde entonces mi escepticismo sigue igual. Creo en las personas, en la tolerancia, en el respeto, en la dignidad… en los valores que todos tenemos y que son independientes de cualquier creencia o religión, aunque muchas de ellas hayan querido monopolizarlos, haciéndonos creer que sin su fe somos seres amorales y sin ética.

Dioses… ha habido tantos que se creían tan fuertes en su momento y que no han sobrevivido a las civilizaciones que los adoraron…

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Como dice Jorge Drexler en Milonga del Moro Judío: “…no hay pueblo que no se haya creído el pueblo elegido…”

Y como contrapunto irreverente una versión del Personal Jesus de Depeche Mode por el histriónico y siempre inquietante Marilyn Manson.

CORDOBA

Suena la alarma. Por unos instantes no sé muy bien en que día estoy. Han sido cinco días sin reloj, recorriendo kilómetros sin prisa por llegar, paseando por calles desconocidas llenas de historia, recordando un pasado que no viví, disfrutando a tu lado, de tu mano, de mi presente feliz.

Me encojo bajo el edredón. Quiero estar de nuevo en la Plaza de las Cañas y escuchar los trozos de conversación de la gente al pasar delante de nuestra ventana enrejada. Me imagino tumbada en la cama, junto a ti, mirando el techo con artesonados árabes llenos de figuras geométricas y vivos colores, con el suave goteo de la fuente del patio interior.

Suena la segunda alarma. Sigo en mi cama, empeñada en engañar al tiempo… sin conseguirlo. Cierro los ojos y vuelvo a la judería, caminando por sus estrechas calles de nombres curiosos y desconocidos, calleja de la Luna, del Regaño, plaza de Maimónides… (Médico, rabino y teólogo judío, el más celebre de la Edad Media, me dice mi iPhone en respuesta a mi curiosidad)… algunas tan pequeñas y escondidas que ni siquiera encontramos en el plano. Otras tan concurridas que tenemos que ir sorteando turistas y esquivando gitanas con el romerito de la suerte.

Yo estuve hace muchos años en Córdoba, no recuerdo cuantos años tenía, quizás ocho o nueve… sólo guardo un recuerdo de aquel viaje familiar, cuando entré en la Mezquita y levante la vista hacia la doble arcada de color rojo y blanco. No veía el final de aquella gran sala llena de columnas… nunca se me olvidó aquella imagen. No volví más.

En este viaje la Mezquita me ha impresionado casi tanto como la primera vez que la descubrí, pero me ha enamorado la Córdoba antigua, la ciudad de las tres culturas, de los patios umbríos y frondosos, de callejuelas sinuosas y empedradas, de un Guadalquivir que me pareció inmenso…

El recuerdo de las berenjenas con miel me recuerda que anoche casi ni cené y me levanto resignada.

En la cocina mi hijo me recibe con un abrazo y un zumo. Sonrío. Ya no echo de menos las tostadas al sol.

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La última noche disfrutamos de la música de Jorge Drexler en los jardines del Alcazar, concierto al aire libre, con el sonido de las fuentes de fondo… y aunque no pudimos verlo hasta el final (aguantaste todo lo que pudiste, lo sé), fue un estupendo final para cinco días mágicos.