8 de marzo

Princesa-Leia

FEMINISMO EN PLURAL

feministas

Ana no quería repetirse en ese Más femenino singular que tan necesario a mí me parece. Hemos hablado muchas veces del tema, del lamentable tema de la violencia de género, del frustrante tema de la desigualdad laboral, de la falta de respeto que muchas veces tenemos que aguantar en el ámbito social… Pero parece ser que, aunque siempre nos “quejemos” de lo mismo no podemos parar, así igual por cansancio, por no oírnos, o quizás porqué tenemos razón, un día, no muy lejano, las futuras mujeres leerán este tipo de cosas en los libros de historia y se extrañaran de que algo así ocurriera.

El domingo yo también vi Salvados, con mi hija adolescente, quien se lamentaba de que cuando con los amigos sale el tema del feminismo la mayoría acaban sacando los términos feminazi y hembrismo, y que lo que más le molesta es que algunas de sus amigas también empleen ese lenguaje.

Me sorprendió ver a Rosa Mª Calaf aclarar el término feminismo antes de declararse ella misma feminista, supongo que sería para que no la consideraran una radical de esas que defienden la supremacía femenina (modo ironía) y es que si algo ha hecho bien el patriarcado (sí, he dicho patriarcado) es que haya calado ese tipo de mensaje en gran parte de la sociedad, el de que las feministas en realidad son igual que los machistas, no es que defiendan la igualdad entre sexos sino que quieren ser superiores a los hombres, erradicarlos, domesticarlos, suprimirlos, y cualquier otro verbo agresivo que se os ocurra. Por eso las otras dos mujeres que se declararon también feministas, la científica y la directiva, lo hicieron aclarando que ellas también eran feministas de esas, mientras que la cuarta mujer, la limpiadora dijo que no, que ella no era feminista, podría haber dicho con la misma cara que no era comunista, ni troskista, ni anarquista, que ella era una mujer normal que no quería líos.

Entender el término feminista como algo negativo, o peyorativo es un retroceso en la lucha por la igualdad. No solo hay que luchar por ella, sino que hay que defender que esa lucha es legítima, razonable y que no se hace desde el odio o la venganza. No entiendo ser mujer en este siglo sin ser feminista, por pura supervivencia.

Jordi Evolé dijo que según ciertos estudios se calcula que la igualdad entre hombres y mujeres se alcanzará dentro de 70 años, me pareció descorazonador, y eso siendo optimistas, y supongo que además hablamos de igualdad en el primer mundo, donde aún tenemos suerte, porque no nos violan sistemáticamente, no nos casan a la fuerza, nos dejan conducir y hasta realizar trabajos remunerados, eso sí, con la obligación de mantenernos jóvenes y guapas según los estándares de belleza que la industria nos marca.

Juana Gallego lo resumió brillantemente, mientras los medios de comunicación nos sigan tratando y mostrando como meros adornos, mientras el lenguaje y las actitudes nos sigan relegando a un papel pasivo, los estereotipos se perpetuarán hasta el infinito. Las mujeres seguiremos siendo esas ciudadanas a las que no se pregunta cómo expertas sino como opinadoras a pie de calle, las presentadoras tendrán que seguir siendo jóvenes y guapas aunque el presentador hombre que se sienta al lado tenga canas, gafas y más de 50 años, la publicidad seguirá influyendo en la imagen de los dos géneros desde que son pequeños con la diferenciación de juegos y juguetes hasta la tercera edad en la que somos las mujeres las que padecemos pérdidas de orina, malos olores vaginales y hemorroides, pasando por una juventud en la que estamos siempre tiradas por el suelo en las posturas más lánguidas y cursis esperando a ese varonil príncipe azul que nos seducirá y rescatará.

Si, hace falta mucho trabajo de campo para cambiar esto y hay días en las que soy muy pesimista con el futuro, pero me reconforta saber que existe ese feminismo plural que abarca a mujeres feministas, a hombres feministas, y a cualquier manera de entender y defender el feminismo.

Mientras tanto seguiré declarándome feminista. Muy feminista.

EMPODERAMIENTO

Estoy de acuerdo con Ana en que no hay que abusar del término machista para defenderse cuando atacan o critican a una mujer, aunque a veces es complicado diferenciar un mero insulto con mal gusto de uno dicho desde el desprecio de quien se siente superior. Es como lo del piropo, para muchos hombres y algunas mujeres que lo reciben es un halago, para mí, como para muchas mujeres, es una confianza que un desconocido se toma por su propia cuenta sin que yo haya dado pie a nada, y que puede llegar a agresión verbal si dicho “piropo” es subido de tono, y, sin embargo, muchos hombres se ofenden si te giras y les insultas, encima te llaman desagradecida.

Yo prefiero empoderar a las mujeres en vez de protegerlas, pero sin esa “protección” creo que todavía mantendríamos una discriminación mayor que la que actualmente sufrimos. Muchos están en contra de las cuotas o los porcentajes mínimos, ya sea en política o en la empresa, y defienden que no hay que obligar a contratar más mujeres si no lo ganan por sus propios méritos, pero lamentablemente en los puestos decisorios suelen mandar los hombres, que se sienten más cómodos entre otros hombres y no porque se sigan firmando contratos importantes entre copas y putas y se sentirían incómodos con una mujer vestida en la mesa, sino porque se sigue viendo a la mujer más como secretaria que como ejecutiva, porque ante la misma capacitación o curriculum se prefiere muchas veces al hombre que, en caso de tener familia, se supone que no fallará en sus prioridades laborales.

En Islandia, país donde casi se ha alcanzado la igualdad, hay un porcentaje que no se puede sobrepasar, el 60%. No es que no pueda haber más del 60% de hombres en un consejo de administración, por ejemplo, es que tampoco puede haber más mujeres que rebasen ese porcentaje, para que ninguno de los dos géneros esté en clara minoría. Y parece que no les va mal, ni social ni económicamente.

Si las estadísticas no mienten las mujeres son mejores estudiantes, sacan mejores notas en la Universidad, de la que suponen casi un 55% del alumnado y un 57% de los titulados. Sin embargo, a partir de ahí su participación va disminuyendo, sólo suponen un 40% del profesorado, el 60% son hombres, y catedráticas solo hay una por cada cuatro hombres. El año pasado sólo una mujer fue rectora de una de las 50 universidades públicas. Y esto en un sector que podríamos presumir con menos prejuicios, pero que sigue manteniendo ese status quo en el reparto del poder que tanto cuesta de modificar.

Estamos cualificadas, y preparadas, como ellos, pero seguimos en minoría. Ves las fotografías de la cumbre del G20, de los consejos de administración del Ibex, de los grandes bancos… del poder político y financiero, en suma, y nuestra presencia sigue siendo simbólica en número, cuando la hay. El poder es del género masculino.

Soy feminista desde que tengo recuerdos, desde la primera vez que me di cuenta que mi hermano no entraba en los turnos de fregar ni barrer por ser varón (“habiendo tres mujeres en esta casa tu hermano no tiene que fregar un plato”), desde que me acostumbré a viajar en el autobús con la espalda pegada a la ventana para que ningún viejo verde me tocará el culo (teniendo en cuenta que a los 13 cualquiera que superara los 30 era un viejo verde para mi), y también cuando me uní al movimiento de objeción de conciencia porque me parecía injusto que por ser hombre te arrebataran un año de tu vida y te obligaran a hacer el servicio militar obligatorio, mientras que si eras mujer te librabas automáticamente.

Hoy en día hay mujeres que parece que les da vergüenza decir que son feministas, hay quien todavía cree que ser feminista es lo mismo que machista, pero al revés, por no hablar de esos adjetivos nuevos que han aparecido: feminazi, hembrista… términos inventados para desacreditar un movimiento reivindicativo, positivo, que no odia.

Porque el feminismo no tiene género, igual que el pacifismo, o el ecologismo. Hay hombres feministas, orgullosos de serlo, que no se sienten atacados, sino que entienden que la igualdad es buena para todos, también para ellos.

 

feminismo

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ e -isme ‘-ismo’.

  1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.
  2. m. Movimiento que se apoya en el feminismo.

 

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MUJERES, MACHISMO E ISLANDIA

1975 Islandia

Mientras nos siga pareciendo normal que la mujer sea un objeto al servicio del hombre seguirá siendo normal que algunos hombres las asesinen como si fueran suyas

Fragmento de la reflexión con la que Javier Gallego Crudo abre su último Carne Cruda. Palabras que hemos dicho y escuchado muchas veces y que parece que siguen cayendo en el vacío viendo el interminable goteo de mujeres muertas por violencia machista.

Se convocan manifestaciones multitudinarias, miles de hombres y mujeres rechazan la violencia y el asesinato, pero desde el poder político, económico y mediático se sigue discriminando, ignorando y favoreciendo el trato sexista a la mujer. No avanzamos, con intenciones y discursos emotivos por parte de los políticos no se soluciona el problema.

Leo en las redes sociales algunas respuestas de hombres (y lamentable alguna mujer) que dicen sentirse discriminados por la Ley contra la Violencia de Género, hablan de las denuncias falsas (un 0,007% según la Fiscalía General del Estado), de las feminazis, del hembrismo, términos acuñados para desprestigiar la lucha por la igualdad que las mujeres llevamos librando desde hace años, más de un siglo si recordamos a aquellas valientes sufragistas que se jugaron el tipo para poder votar, muchos más siglos si nos remontamos a todas esas mujeres que a lo largo de la historia estudiaron, descubrieron, inventaron, escribieron y pintaron corriendo el riesgo de ser insultadas, quemadas o simplemente ignoradas.

El feminismo no mata, el machismo si.

En Francia han hecho una encuesta a mujeres que usan el transporte público y el cien por cien de ellas han respondido que se han sentido acosadas en alguna ocasión. Eso es un porcentaje muy alto. Y no estamos hablando de un país tercermundista con una religión oficial que ningunee a las mujeres, de esos que violan en grupo a niñas en un autobús, no, estamos hablando de Francia, Europa, civilización occidental, cultura y sofisticación. Si esa misma encuesta la hicieran aquí el resultado sería exactamente el mismo, no conozco a ninguna mujer que desde la adolescencia a la madurez al subir a un autobús o metro no haya tenido que esquivar una mano que intentaba sobarle el culo, miradas lascivas, rozamientos indeseados, palabras guarras… resumiendo, falta de respeto. Aunque muchos hombres sigan defendiendo que eso son piropos y deberíamos sentirnos halagadas al recibirlos.

Hay otras realidades posibles. Islandia es un claro ejemplo de ello: El 24 de octubre de 1975, hace 40 años, las mujeres de Islandia celebraron “El Día Libre de las Mujeres”, ese día el 90% de las mujeres se pusieron en huelga. En lugar de ir a la oficina, dedicarse a las labores del hogar o cuidar de sus hijos, tomaron las calles de Islandia para manifestarse por la igualdad de género. Ese día cambió la percepción sobre las mujeres en el país y estableció el primer paso que lo situaría a la vanguardia de la lucha feminista.

Fue un viernes muy largo para los padres. Bancos, fábricas y tiendas tuvieron que cerrar, al igual que las escuelas y las guarderías, con lo que muchos padres tuvieron que llevar a sus hijos al trabajo. Se escuchaba a los niños jugar mientras los locutores leían las noticias en la radio. Cuando los presentadores de radio llamaban a los hogares de zonas remotas del país, en un intento de averiguar cuántas mujeres se estaban tomando el día libre, quienes atendían el teléfono eran, la mayoría de las veces, los maridos que se habían quedado en la casa cuidando a los niños

En 1975 había solamente tres mujeres diputadas, el 5% del Parlamento. Cinco años más tarde, Vigdis Finnbogadottir, una de las mujeres que aquel día salió a la calle para cantar, escuchar discursos y discutir ideas, venció a tres candidatos masculinos en las elecciones presidenciales y fue reelegida sin oposición en dos de las tres elecciones siguientes.

A día de hoy y a pesar de que la diferencia salarial todavía persiste en el ámbito laboral, Islandia encabeza el Índice Global de la Brecha de Género del WEF, lo que significa que es el país del mundo donde hay más igualdad entre hombres y mujeres. Cuenta con 28 mujeres en su parlamento (el 44%).

Pero lo mejor de Islandia es que hay cero asesinatos de mujeres a manos de una expareja.

Parece que los islandeses no odian a sus exmujeres.

DEPORTE Y CHAMPAN

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No soy mucho de ver eventos deportivos, de los deportes masivos solo me gusta el baloncesto (creo que el futbol está sobrevalorado) y el mundial de motociclismo, hace años no me perdía el Dakar pero ya no es lo mismo.

El caso es que hay algo en común en todos los podios de los premios relacionados sobre todo con el motor y es una chica ligera de ropa que forma parte de la decoración del podio, junto con los escalones de distinta altura para que suban los ganadores, la publicidad de fondo y las guirnaldas o laureles. Y cuando llega ese momento en que los campeones arrebatados por el frenesí de la victoria empiezan a lanzar chorros de champán por todos lados, sobre todo, a las indefensas chicas que tienen que mantener la sonrisa mientras arruinan su vestido y peinado, me da mucha vergüenza ajena y la consabida rabia ante el papel que siempre nos toca jugar.

La polémica ha saltado ahora porque parece ser que en el último podio de la Formula 1 de Shangai el domingo pasado Lewis Hamilton decidió celebrarlo dirigiendo el chorro hacia una de las azafatas, concretamente parecía que quería que le traspasase de una oreja a otra. La foto es lo suficientemente gráfica.

La foto ha dado la vuelta al mundo y la reacción no ha sido muy favorable, y aunque la azafata en cuestión, Liu Siying, licenciada en Artes Visuales en Shanghái y que trabaja en el departamento de Administración de una inmobiliaria, ha dicho que no le molestó demasiado y que se presentó a las pruebas porque es fan del piloto finlandés Kimi Raikkonen y quería saludarlo, ha demostrado una vez más que la utilización de mujeres como elementos decorativos no solo no es positiva para la imagen global sino que permite comportamientos machistas hacia ellas, que además como bonitos floreros que son, no pueden ni protestar ni resistirse, solo sonreír.

No tengo grandes esperanzas de que el debate abierto consiga erradicar una de las peores costumbres machistas de la actualidad: la presencia de mujeres ligeras de ropa o muy ceñidas sosteniendo paraguas al lado de los motoristas, sonriendo en los podios, entregando copas, girando letras en paneles de concursos… pero espero que poco a poco evolucionemos a mejor. Ya hay motoristas que prefieren que el paraguas se lo sostenga alguien de su equipo y no una muñeca hinchable, y no creo que eso haya mermado ni su capacidad para correr, ni su hombría, ni su número de fans.

Si algunos hombres hicieran el ejercicio mental de imaginar a hombres con boxers ceñidos en posiciones sugerentes entregando premios o de fondo en los podios igual se hacían una idea de lo ridículo que puede llegar a ser.

Y que conste que hay mucho público femenino, y no necesitamos hombres floreros para que nos guste más un deporte.

GENERO FEMENINO SINGULAR

Ana habla de matices, y tiene razón. Lamentablemente el femenino de algunas palabras consigue convertirlas como mínimo en despectivas, si no acaban directamente en insulto. Un clásico: la definición del diccionario de zorro (aplicado a persona) es “hombre taimado y astuto”, mientras que zorra significa “prostituta”, y así podríamos echar varios párrafos.

Esto es una vieja pelea de colectivos feministas y de la lucha por la igualdad de género, las palabras son importantes, y sus matices, y si no se cambian desde el colegio, desde infantil y primaria, nunca lograremos superar los estereotipos de género.

Ilustraciones que muestran a hombres médicos y mujeres enfermeras. Asignación de colores a niños y niñas (de esto tienen la culpa muchas madres y padres directamente cursis). La publicidad de juguetes ya sea en folletos o por televisión es generalmente nefasta, no hay cosa que me produzca más dolor de alma que niñas jugando alegremente a planchar la ropa o a pasar el aspirador, mientras niños sonrientes construyen con bloques o manejan coches.

Ya se que he hablado de este tema muchas veces, pero llevo varios días aguantando el aniversario “Pretty Woman”, esos 25 años del estreno de aquella famosa y exitosa película, y machista. Me pareció tonta entonces y ahora me parece insultante, pero en los medios de comunicación la tratan como si fuera una obra maestra con la categoría de clásico. Un cuento de cenicienta moderna donde una prostituta (guapa e inocente) es redimida/rescatada por un caballero de brillante armadura encarnado por uno de los actores más sosos jamás vistos. Fresas con champán, joyas, vestidos caros, hoteles de lujo… ¿Cómo se iba a resistir cualquier mujer a ese estilo de vida? Y si encima el putero (hablando mal y pronto) es un señor de buen ver atormentado por su pasado, pues eso. Surge el amor. Final feliz. Hollywood.

Es uno de los muchos ejemplos del cine comercial que sigue perpetuando la imagen de mujer como ser débil a quien hay que salvar, o florero que pega gritos mientras el héroe de turno salta pegando tiros, mientras ella luce piernas o escote. Aunque reconozco que últimamente hay películas dirigidas al público adolescente, distopías futuristas en las que las chicas también son heroínas fuertes que salvan al mundo, espero que eso cale en el subconsciente femenino de 15 años, a ver si en ese futuro que les espera se hacen valer.

Creo que no hay políticas eficientes y de verdad que ayuden a la igualdad de género, que uno de los efectos colaterales de la discriminación, el peor, que es la violencia, seguirá causando la muerte de mujeres aquí y en el resto del mundo. Y que la solución pasa por la transformación de la imagen que se transmite de la mujer a la sociedad, en los medios de comunicación, en la publicidad, en las escuelas, en los medios profesionales, en el mundo laboral…. Las mujeres tenemos que cambiar la imagen que tenemos de nosotras mismas, y dejar de ser muchas veces nuestras peores enemigas. Abandonar la esclavitud de la imagen y admitir que no tenemos superpoderes.

Que nuestras diferencias de género nos definan y distingan, no nos discriminen.

MACHOS, HEMBRAS Y VICEVERSA

Si, las niñas, como dice Ana, lo tienen peor que los niños, en todo, o casi todo. En algunos hemisferios tremendamente peor, en otros solo un poco, pero aunque solo sea un poquito sigue siendo injusto que la mera diferencial sexual, que no física o intelectual, marque tantas diferencias en la vida.

Con lo de diferencias me refiero a las múltiples discriminaciones con las que una niña/joven/mujer se encuentra a lo largo de la vida personal, sentimental, laboral, etc., que las diferencias siempre son enriquecedoras sino tendríamos una sociedad bastante aburrida.

Siempre me he preguntado en que momento de la historia el género femenino se despistó, se confió y se dejó dominar tanto física como psicológicamente por el género masculino hasta llegar a la sociedad actual donde la formula imperante es la de patriarcado por no llamarlo machismo. Porque nos debimos despistar y mucho, seguro que en algún momento del embarazo o la lactancia que nos deja un poco sensibles, para que un género que tiene la capacidad reproductiva de su especie con todo el poder que eso conlleva, haya estado sometido a la dominación de los machos de su especie de una forma sistemática hasta casi su anulación en muchas culturas y religiones.

Si, ya se que necesitamos espermatozoides para procrear, pero no nos engañemos, actualmente los hombres no son necesarios para la reproducción, nos basta con un buen banco de semen. Y aunque como medida de presión me parecería un poco exagerada, si todas las mujeres en edad de procrear se negaran a embarazarse, (así podrían acceder al mercado laboral sin que los empresarios perdieran dinero) a los poderes fácticos y económicos se les iban a poner de corbata, porque da mucha rabia eso de prescindir de una trabajadora durante cuatro meses por baja de maternidad, pero alguien tendrá que seguir produciendo niños para que no desaparezcamos como especie, y por ahora no hay otra manera que con un útero humano, y eso lo tenemos nosotras, que para eso aguantamos engorrosas molestias colaterales durante toda nuestra vida fértil.

Entiendo que el hombre primitivo estableciera una división de papeles en los que la mujer se quedaba al cuidado de los hijos mientras el salía a cazar y se ponía en peligro. A partir de entonces, se ha ido desarrollando toda una estrategia de poder para mantenernos en un plano inferior al hombre, negándonos la educación y hasta el alma, que las mujeres hemos tenido que ir superando a base de sangre, sudor y lágrimas, en sentido literal.

La única especie en la que los machos dominan, maltratan, torturan y violan a las hembras es la nuestra. No creo que tenga que ver con la testosterona y sí con la educación, o con la falta de ella, y lamentablemente a veces cuenta con la colaboración desinteresada de muchas mujeres que perpetúan el sistema.

Y por si hay lectores masculinos susceptibles que conste que hablo del género masculino de una forma genérica y global, que ya sé que existen, y yo conozco muchos, hombres que no quieren formar parte de ese sistema patriarcal y que con sus acciones u omisiones hacen nuestra vida mucho más fácil y placentera.

BOYS DON´T CRY

Hoy en la prensa digital leo varios artículos en distintos periódicos sobre la violencia sexista contra adolescentes, fenómeno que no solo no cesa sino que parece ser que se incrementa paulatinamente, poco a poco, sin pausa.

En el artículo “Chicos que amenazan a chicas” , José Mª Calleja  se siente descorazonado porque las nuevas generaciones educadas supuestamente en la democracia e igualdad siguen perpetuando estereotipos de control y poder más propios de sus padres e incluso abuelos, aquellos crímenes pasionales que gustaban de ser portadas en El Caso se siguen produciendo, con la misma crueldad e incomprensión.

En otro artículo de otro periódico se analiza la influencia que tienen las nuevas tecnologías en el ejercicio del poder por parte de los novios a sus chicas, y es que con los nuevos teléfonos inteligentes no solo nos espían la CIA y Google, sino que los novios celosos exigen pruebas de la situación de “sus” novias ya sea mediante fotografía y WhatsApp o enviando localización GPS. Lo peor, es que ellas, en vez de defender la confianza y respeto mutua y creyendo que eso es una prueba de amor, lo mandan. Una vez empiezan ya no hay vuelta atrás, cualquier negativa será sospechosa de tapar un engaño.

A mi estas cosas me entristecen sobremanera pero no me sorprenden. No han cambiado tanto las cosas desde hace 40 años. Si, hay un Ministerio de Igualdad, pero también lo hay de Justicia y eso no quiere decir que exista. Se siguen perpetuando los mismos clichés y estereotipos tanto de mujeres como de hombres, como van a cambiar las cosas ¿por alguna que otra charla en el instituto sobre la igualdad entre sexos o violencia de género?

Mi hija de 13 años tiene tuenti, de vez en cuando lo vemos juntas y me enseña fotos, momentos y estados tanto suyos como de sus amigas, y me sigue llamando la atención la facilidad con la que se utilizan dos insultos: zorra y puta. Y lo hacen las mismas chicas entre si, porque un chico que ha tenido muchas novias mola, pero una chica que le ha robado el novio a otra o que se ha enrollado con varios chicos es una puta. Al manifestar mi sorpresa y desagrado porque todavía se distinga así entre chicos y chicas mi hijo de 16 años asiente con la cabeza y me corrobora que en su clase también pasa.

Hace días leí un interesante artículo donde se preguntaba a padres de hijos adolescentes si se acordaban de la charla que habían tenido con sus hijos (varones) donde les habían dicho cosas como estas:

“Independientemente de cómo vista o actúe una mujer no es una invitación para que le silbes, te rías de ella, la acoses o la asaltes” o “la virginidad de una mujer no es un premio y acostarte con una mujer no te da puntos” o aquel día que compartiste con él el conocimiento legal de que no hace falta que una mujer forcejee y ni que el hombre la reduzca para que se considere violación, o que “intoxicación” significa que no puede dar su consentimiento, no que sea un objetivo fácil”.

Claro, nadie recuerda esas conversaciones porque la mayoría de los padres no las han tenido. Pero estas otras sí:

“Ten cuidado como te vistes y como actúas”, “Los chicos son como son, no puedes darles ninguna excusa para que se porten así contigo”, “Tienes que tener cuidado de no ir provocando”, “No salgas sola de noche y no bebas nada que no hayas visto abrir o servir”.

Esto se les dice a las chicas, cuando empiezan a salir, como si el mundo estuviera lleno de depredadores masculinos acechando en cada esquina oscura.

Los jóvenes se nutren de las imágenes que se transmiten, tanto en casa como en los medios de comunicación, y en este último caso queda mucho por hacer. Las mujeres siguen siendo frágiles y los hombres fuertes, las mujeres siguen siendo las únicas que anuncian detergentes, desengrasantes y pañales, mientras que casi todos los anuncios de coches los protagonizan hombres. La pornografía (si esa que nuestros hijos ven por Internet) es violenta, con escenas de sexo que poco tienen que ver con el sexo real y que reproducen gestos cercanos a la violación y a la dominación. Las grandes estrellas de música pop americanas cantan desgarradoras canciones de amor romántico sentadas desnudas sobre enormes bolas de derribo (es que últimamente no puedo con la industria musical). Y en los telediarios tras informar de “la noticia” del desfile anual de ropa interior de Woman Secret el presentador da paso con sonrisa boba a las imágenes de la ganadora al concurso de mejor culo de Brasil.

Y así no se puede dejar de ser objeto. Y a los objetos no se les respeta, se les posee.

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VEINTITRES MUJERES

Otra mujer, y van cinco en una semana. Veintitrés en cinco meses.  Esta semana tanto Pat como Ana han reflexionado sobre este tema, pero yo sigo sin poder entenderlo, me niego a asimilarlo y menos a aceptarlo como “la lacra social” que dicen los medios de comunicación que es.

Los medios hablan del culpable, del maltratador, el único responsable de cada muerte, pero a mí eso no me basta, quiero que se empiece a hablar de la verdadera responsable, la sociedad, la que ejerce una violencia sistemática contra las mujeres. Habrá quien piense que estoy exagerando, que no es para tanto, que son casos aislados y no hay que generalizar, pero hoy he tenido muy mal día y sí, voy a generalizar.

Porque la última responsable es la sociedad, este sistema que no educa, que sigue marginando, que nos sigue tratando en muchos casos sin respeto ni dignidad. Se sabe que hay desigualdad laboral entre hombres y mujeres, que la mujer cobra menos y se la relega a puestos secundarios, se sabe pero no se soluciona, se acepta, así están las cosas.

Se sabe que a las mujeres se nos sigue tratando en los medios de comunicación y en la publicidad como mera mercancía u objeto de deseo, pero tampoco se hace nada, así que nuestros hijos e hijas siguen asimilando todos esos estereotipos sin que podamos hacer nada por evitarlo, salvo intentar educarlos para que no se dejen arrastrar por los espejismos.

Con las actuales políticas sociales todavía será peor, eliminado Educación para la Ciudadanía me quedan pocas esperanzas de que la asignatura que la sustituirá “Valores” quiera educar en igualdad, y los recortes a las políticas sociales están dejando desprotegidas a muchas mujeres que ante el desamparo no pueden denunciar aunque luego se les intente culpabilizar por ello.

Los centros de atención alertan sobre que cada vez acuden mujeres más jóvenes, un 25% eran menores de veinticinco años, muchas adolescentes confundidas entre la ilusión de su primer amor y el miedo al novio dominante, celoso y violento.

Como dice Ruth Toledano en su excelente artículo:

..”Que de enero a mayo hayan sido asesinadas 22 mujeres debiera considerarse una cuestión de Estado: lo sería si hubieran sido asesinados 22 policías, 22 políticos o 22 futbolistas por el mero hecho de ser policías, políticos o futbolistas. Sin duda, lo sería si a 22 hombres los hubieran asesinado por el mero hecho de ser hombres. Porque a estas 22 mujeres las han asesinado por el mero hecho de ser mujeres. Es decir, por tener, a ojos de sus asesinos, de los hombres que las han matado, una consideración de objeto, de algo menor, por pertenecer a una categoría inferior. Es, por tanto, una violencia ideológica, que persigue la dominación a través del terror. Es terrorismo.”

No sirven las políticas que se han tomado hasta ahora, hablan las cifras que no disminuyen sino aumentan alarmantemente. Hay que cambiar la actitud, el lenguaje sexista, la discriminación laboral… Pero de verdad, si no acabaremos convirtiéndonos en estadísticas, como los muertos en carretera cada fin de semana.

Como algo inevitable que no se puede impedir.

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MUJERES Y FLOREROS

Ayer parece que el telediario de la uno se volvió a lucir. Si hace unos días recomendaba a los parados rezar para combatir la ansiedad y de paso darle un empujón a la industria de las velas, en esta ocasión aconsejaba a los padres como educar a sus hijas a la hora de vestir para no ser “provocativas”. A este paso acabaremos viendo las noticias en blanco y negro.

La frase de “es que vas provocando” además de machista me suena tan retrograda, que me recuerda aquellos tiempos en los que si la chica a la que habían violado llevaba minifalda costaba arrancarle al juez una sentencia claramente condenatoria, sin dudas ni comentarios sobre la decencia de la mujer en cuestión. Parece que hay cosas que nunca cambian.

Me desagrada e indigna profundamente la imagen de mujer florero que los medios de comunicación y los intereses comerciales siguen implantando en nuestra sociedad. Veo las carreras de motos y no entiendo porque tiene que haber mujeres esculturales medio desnudas sosteniendo un paraguas aunque haga un frío que pela. Eso por no hablar de las marquesinas, vallas publicitarias y anuncios de televisión donde se lucen piernas, culos y pechos perfectos para vender productos que por supuesto no te convierten en lo que estás viendo, pero que te hacen sentir imperfecta por no ser así. Pero eso es otro tema.

Detesto esa doble moral, la que coloca a las mujeres ante ese gran espejo público al que tienen que mostrar constantemente su belleza, desde la adolescencia, sin perder la inocencia se supone, y hasta la vejez, sin perder el sentido del ridículo. Es la moda, esa gran industria, la que impone mediante las grandes cadenas de ropa miméticas en todos sus diseños lo que hay que ponerse en cada temporada, sobre todo si quieres ser una adolescente aceptada por el grupo. Esa moda que obliga a enseñar las piernas con unos shorts mínimos o unos leggins superajustados al mismo tiempo que deja un hombro al descubierto, y que tanto preocupa a las madres y padres que no quieren que sus hijas vayan provocando miradas lascivas por la calle.

Mientras tanto se suceden las víctimas de la violencia de género y la gente contempla atónita e incrédula las noticias sobre este tipo de asesinatos, como si fuera algo impensable en nuestros días, en una sociedad tan desarrollada y avanzada culturalmente como la nuestra. ¿Pero realmente lo somos? Se siguen vendiendo los mismos estereotipos de la mujer que hace veinte o treinta años, presentadoras de programas de entretenimiento subidas a taconazos de 15 cm con bonitos escotes mientras el compañero masculino luce deportivas y barriga sin ningún tipo de recato.

No quiero entrar en las desigualdades laborales o de poder, es una batalla en la que todavía queda por pelear, pero si que me molesta enormemente seguir transmitiendo a las siguientes generaciones esos modelos femeninos y masculinos que suelen generar desilusión y baja autoestima.

Estoy harta de que a las mujeres se nos trate como floreros. Y a los floreros no se les respeta.