UN AÑO DE CATASTROFICAS DESGRACIAS

Ayer fue 20 de noviembre, fecha memorable por dos motivos, el primero porque como decía Wyoming Franco hizo su mejor actuación, morirse hace 37 años. El segundo, y más importante para nuestro futuro inmediato (el presente ya está perdido) que Rajoy ganó las elecciones hace un año.

Ha sido un año duro, más que los anteriores que también lo fueron, y según los analistas, y si seguimos por el camino actual nos quedan unos cuantos años así. Si seguimos así.

El actual Gobierno subió al poder con un programa electoral, que como bien dice Ana, pocos de sus votantes leen, analizan y estudian, de ahí que no se sientan defraudados ante su incumplimiento.

Su programa electoral (si, me lo he leído) se estructuraba alrededor de seis ejes fundamentales (textualmente sacado de su web):

–         El crecimiento económico y la generación de empleo. La reforma laboral aprobada por su Gobierno ha provocado en cambio la destrucción de miles de puestos de trabajo al abaratar los despidos. Concretamente, hay 800.000 parados más que un año antes.

–         La mejora de la educación. Textualmente: “Esta es la clave de una sociedad de oportunidades. No nos podemos resignar a dar por perdidas generaciones de españoles”. Por eso debió aprobar un recorte de 3.000 millones en educación, lo que llevó a aumentar el ratio de alumnos por aula y el despido de profesores interinos. El incremento del coste de las tasas universitarias hasta un nivel insostenible para muchas familias y su polémica Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa ha conseguido que por primera vez profesores, padres y alumnos se unan en sus protestas dejando las aulas vacías y llenando las calles con continuas protestas y manifestaciones.

–         La garantía de la sociedad del bienestar y de la protección social, mediante las reformas que hagan más eficientes y mejores nuestros sistemas educativo y sanitario, y aseguren así las prestaciones a las futuras generaciones. Aquí no les bastó con el recorte de 7.000 millones, además aprobaron el copago farmacéutico, dejaron sin tarjeta sanitaria a los inmigrantes, el medicamentazo, la paralización del calendario de la aplicación de la ley de dependencia, etc. El desmantelamiento de la sanidad pública como la hemos conocido hasta hoy se está produciendo, sin prisa pero sin pausa, y esas futuras generaciones por las que quería trabajar el PP se encontraran por primera vez peor atendidas y más vulnerables que las dos generaciones anteriores.

Los otros tres puntos que quedan del programa se refieren a la reforma y modernización del sector público (donde les han quitado sueldo y pagas extras para que se sientan más modernos). El fortalecimiento institucional y la regeneración política, un año después seguimos sin creer que tengamos instituciones fiables y honradas. Y por último, la proyección exterior de nuestro país, volver a ser fiables y creíbles en el mundo, aprovechar las oportunidades de la globalización para nuestra sociedad. Una globalización que por ahora solo ha demostrado enriquecer a unos pocos, los de siempre.

Por eso no entiendo como, según las encuestas, volvería a ganar el actual partido gobernante (con menos margen pero ganaría), no solo porque ha mentido e incumplido (“Yo lo que no llevo en mi programa, no lo hago”) sino porque además estamos peor que antes. Lo entendería si estuviéramos saliendo del agujero donde todo el poder económico y político nos ha hundido, pero viendo el resultado de las políticas sociales, fiscales, laborales y financieras que se están aplicando solo nos espera un futuro todavía peor. Lo de sus votantes debe ser cuestión de fe, y yo siempre he sido bastante descreída.

Eso si, la banca siempre gana.

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TRAJES

Veintiséis días en las portadas nacionales dándole vueltas a lo de los trajes, el caviar, algún que otro bolso y demás favores, conversaciones entre regaladores y agasajados más propias de adolescentes pijos que de empresarios y políticos supuestamente serios.

Aquí llevamos mucho más tiempo dándole vueltas al tema de la corrupción, unos acusando y otros defendiéndose, quitando hierro, “lo mismo da unos trajes que unas anchoas” dijo nuestra alcaldesa. Y yo me pregunto como podemos ser tan permisivos con los “pecados” públicos de nuestros dirigentes. Y hablo en primera persona del plural por el resultado en las urnas en esta mi comunidad, que no solo no castigó a los corruptos sino que los confirmó como gobernantes. Gürtel, Emarsa, Brugal… hay escándalos para todos los gustos, cargos y competencias, pero aquí todo se perdonaba porque por fin Valencia era conocida, nos habíamos hecho un sitio en el turismo de calidad, eventos y fastos contratados cuando ya no teníamos dinero, obras megalómanas que tardaremos generaciones en pagar, y no se si llegaremos a amortizar, y si a esto se añade un ejército de asesores, consultores y empresas nacidas a la sombra de todas estas obras, el listado del gasto público en lujo y obras innecesarias es inacabable.

Eso si, ahora nos conocen en el resto de España, y parte del extranjero, creo que hasta hemos sido portada en The New York Times como ejemplo de la corrupción en nuestro país. ¿No dicen que más vale que hablen de uno aunque sea mal? pues en eso estamos.

El caso es que hoy me ha llegado una carta del instituto de mi hijo, casi idéntica a la que recibí hace unos días del colegio de mi hija y en ambas nos hacen saber que la Consellería de Educación no les paga los gastos de funcionamiento desde el mes de abril del año pasado (si, nueve meses), que ya no tienen fondos para hacer frente a los gastos de luz, calefacción, limpieza, fotocopias, papel, material escolar, tinta, etc.., que no se han abonado las becas de libros y se han anulado programas escolares, que no se están cubriendo las bajas por enfermedad y defunción del profesorado (y ya hay un par de casos en que los alumnos se han quedado sin profesor sine die), etc.

Todo esto, por esperado no indigna menos. Me cuesta creer que unos señores expertos, profesionales y dedicados al interés general no sepan hacer cuentas, porque cualquier persona con sentido común y un presupuesto limitado antes repara las goteras de su casa que forra de mármol la entrada, a menos que lo que se quiera es aparentar, claro. Y supongo que estos señores manejan tantos ceros que a veces se deben de marear y pierden un poco el significado de palabras como ahorro, austeridad, equilibrio… pero luego no les cuesta nada quitar esos ceros que faltan a las cifras dedicadas a sanidad, educación, dependencia…

Y que nadie se crea que esto es un ataque partidista contra el PP, es contra los dirigentes ineptos, me da igual del partido que sean, que en todas las comunidades, provincias y municipios tienen sus propios casos. Es lo que tiene el bipartidismo, que hasta en eso se ponen de acuerdo.

Así que, aunque si hacemos caso a la estadística, la posibilidad de que Camps y Costa sean declarados culpables es de 5 contra 7, espero que los nueve jurados sean todo lo imparciales y objetivos que les sea posible. Aunque solo sea para dar ejemplo.