CULPA

El gobierno actual culpabiliza al anterior gobierno de Rodríguez Zapatero de la crisis que sufrimos, por su mala gestión, por negarla, por encubrirla y si se ponen hasta por crearla.

El partido que gobernaba hasta hace cuatro días culpa al actual gobierno de empeorar nuestra situación económica hasta cotas insoportables desde que subieron al poder, como si ellos se hubieran atrevido a desobedecer a esa misteriosa “troika” que gobierna nuestros destinos desde hace meses.

Los ciudadanos se manifiestan contra el gobierno en general y los políticos en particular a quienes culpan de la terrible situación que sufre nuestra sociedad de a pie, los políticos les culpan de intentar tomar el congreso por la fuerza y la policía se pone las botas defendiendo un parlamento aislado y lejano de los gritos y la furia civil.

Wert culpa del independentismo a la descentralización educativa, desviando responsabilices a las competencias autonómicas, como siempre.

Nosotros nos sentimos culpables por habernos dejado liar (sin mucha oposición todo hay que decirlo) y tener que pagar ahora esa ampliación del préstamo hipotecario que nos colocó nuestro querido y cercano director bancario, para reformar la cocina y el baño, sobre todo ahora que Hacienda nos reclama la parte de la ampliación que nos desgravamos con sanción incluida e intereses de demora, aunque eso si, la casa nos quedó monísima.

Y en esas estamos, esparciendo culpas por doquier, sin que nadie se responsabilice de nada, ni que en este país se penalizara la mala gestión. Sin ir más lejos, los bancos españoles han sufrido pérdidas de millones de euros debido a su avaricia en la época inmobiliaria y su dedo fácil a la hora de otorgar créditos sobre todo a constructores y promotoras, lo que dice muy poco a favor de la profesionalidad de sus directivos y consejeros. Y sin embargo ahí están, siendo rescatados, para que no se hundan, o más bien, para que devuelvan el dinero a los otros bancos que se los prestaron, los alemanes y franceses principalmente, que son los que vienen apretando.

Mientras los ciudadanos de a pie veremos pasar miles de millones de euros por delante de nuestras narices que irán a parar a los bancos que han dejado sin casa a miles de personas, sabiendo no solo que ninguno de esos euros revertirá en créditos a empresas y particulares, sino que además tendremos que pagarlos a base de no tener servicios públicos. Todo para la deuda.

Y para terminar parece que se va a culpabilizar, o mejor dicho encausar, a los activistas que organizaron la protesta de Rodea el Congreso acusándoles de delitos contra el Estado. Llevo días oyendo por parte de determinados políticos y medios de comunicación tonterías tan absurdas como que si no llegan a actuar los antidisturbios la muchedumbre hubiera atacado el Congreso de los Diputados. No se si hubieran guillotinado a Rajoy o simplemente le hubieran hecho dimitir como ponía en el manifiesto, pero me parece tan infantil suponer un acto de esa magnitud a unos ciudadanos enfadados si, pero mayoritariamente pacíficos, que no creía que por parte de la Justicia se fuera a tomar en serio. Pero sí, parece ser que se llevan investigando desde hace meses a los “instigadores” de la manifestación, que tuvieron la mala ocurrencia de copiar el lema “Occupy Wall Street” pensando que aquí que somos menos tremendistas que en Norteamérica no se pensaría en que la “ocupación” iba a ser literal. Asi que aunque cambiaron el lema han acabado siendo acusados de golpistas y hasta de fascistas.

Y yo que cada vez soy más mal pensada, todo esto me suena a que dentro de nada y con alguna reforma express del Código Penal, será delito manifestarse, y haber quien va a ser el valiente que se atreve a organizar cualquier acto cívico sin mediación de partidos políticos o sindicatos.

Bueno excepto los encuentros internacionales de la Juventud esos que celebran de vez en cuando las organizaciones cristianas y que aunque colapsan la ciudad no molestan a nadie.

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ORDEN

Miraba la punta de sus botas, negras y brillantes, y recordaba sus primeros días, recién aprobada la oposición, cuando andaba nervioso todo el día y con miedo de meter la pata, luego se fue acostumbrando a la dinámica diaria, le gustaba su trabajo, no era nada rutinario y se llevaba bien con sus compañeros. Sin embargo hoy iba sin ganas, frases de cuando estudiaba el temario para los exámenes le venían a la cabeza… “garantizar la tranquilidad pública”…

Esa mañana se había cruzado con su hijo mientras desayunaba, hacía días que no paraba en casa, acababa de cumplir los diecisiete y le había salido combativo, andaba metido en los movimientos antisistemas y se había unido a una plataforma de protesta en su instituto. Todo eso lo sabía por su mujer, porque la comunicación con él no era muy fluida desde que había empezado a salir por la noche, el creía que todavía era demasiado joven, su hijo, como todos los de su edad, se suponía ya lo suficientemente mayor para todo… se acordó de sus diecisiete y sonrió, siempre se repetía la misma historia. Le había dicho que tuviera cuidado, que el ambiente andaba muy revuelto.

… “respetar la ley y el orden”….

El furgón se detuvo violentamente y las puertas se abrieron. Mientras se colocaba bien el casco y las protecciones miró por encima de los escudos de sus compañeros, un gran número de jóvenes estaban sentados en el suelo, otros les insultaban y señalaban, recibieron órdenes claras: dispersar.

Empezaron a avanzar, los primeros en llegar estaban tirando de los chicos que estaban en el suelo, los arrastraban de una pierna, o del brazo. Los insultos arreciaban, un objeto voló delante de él y las porras empezaron a golpear. Los gritos no le dejaban pensar…

proteger y respetar las libertades y derechos fundamentales del individuo”…

Se acercó para ayudar a un compañero que estaba arrastrando a un chaval, el chico se resistía con todas sus fuerzas y estaba recibiendo golpes en las piernas, cuando llegó a su altura reconoció aquella sudadera roja, durante unos segundos dejó de oír gritos, recordó sueños que habían quedado enterrados bajo la rutina, el conformismo y la obediencia. Luego miró al chico y al policía, y sopesó la imagen que tenía delante.

No lo pensó, solo abrió la mano, cuando oyó el ruido de la porra al chocar con el suelo supo que no había vuelta atrás. Hacía tiempo que no sentía tan libre…