Secretos

Mis hijos me han prohibido enamorarme. Bueno, exactamente, me han prohibido echarme novio. Ellos son así, me quieren pero sobre todo son egoístas y posesivos, como cualquier amante apasionado. Lo malo, o lo bueno, es que se les pasará con la edad, y además negarán haber dicho nunca semejante tontería.

Lo de que su padre pase por su segunda novia lo aguantan, aunque creo que les gustaba más la primera que tenía perro e hija de su misma edad con muchos juegos de ordenador. Pero a mí ya me han dicho que ni se me ocurra. Que tendrían que acostumbrarse a él, y no les hace gracia. Sobre todo a mi hijo. Debe ser un asunto de territorialidad (masculina se entiende).

Por eso mismo no les hago caso. Yo me río, y les tomo el pelo, hasta que se enfurruñan. Luego les digo que no, que no tengo novio, que tampoco lo busco, pero que si alguna vez encuentro a alguien que me guste, a alguien que considere especial, estará conmigo, no con ellos.

Tampoco les doy demasiadas explicaciones. Para ellos son conceptos demasiado abstractos todavía. Ellos quieren y punto, con ese amor absoluto y desinteresado que parece que nunca se va a acabar. No sé como explicarles que no quiero volver a dar explicaciones a nadie, que me he acostumbrado a decidir, a no preguntar, a no sentir más obligaciones que las justas, ni cansancio, ni aburrimiento…

Me hubiera gustado contarles cuando he estado enamorada y he sido intensamente feliz, me hubiera gustado decirles porque ya no reía tanto cuando he estado triste y he sentido mi corazón roto. Pero no podía, mi vida ha sido un tanto complicada en los dos últimos años, y ni yo misma la entendía, solo me dejaba llevar. Demasiados secretos. Secretos demasiado intensos.

Algún día les contaré. Y me entenderán. Cuando hayan probado el amor, y el desamor. Entonces les consolaré, y les contaré.