DIBUJOS DESANIMADOS

La Universidad de Granada ha realizado un estudio sobre las series de dibujos animados que se emiten en nuestro país. Parece ser que el más completo que se ha realizado hasta ahora en España, se han analizado 163 series tanto españolas como extranjeras y en especial los 621 personajes que aparecen en ellas.

Parece que los personajes femeninos que salen en los dibujos están asociados a estereotipos negativos, son mujeres consumistas, superficiales, celosas y obsesionadas por su aspecto físico. Suponen un tercio del total de los personajes y casi siempre hacen de novia, madre o acompañante.

Dejando aparte el aspecto físico que estos personajes en contraposición con el de los personajes varones, que daría para otro post, es preocupante el retrato que de lo femenino se hace a los ojos de los niños y niñas que las ven. Las madres, salvo en una serie, son siempre amas de casa y es el padre el que trabaja. Y siempre que sale un cargo directivo se trata de un hombre.
No solo no se trata de una manera igualitaria los sexos sino que también hay discriminación en cuanto a razas, ya que la inmensa mayoría de los personajes son de raza blanca, y en contadísimas ocasiones aparece un protagonista negro, chino o sudamericano.

Esto último me recuerda ese estudio que últimamente ha vuelto a aparecer en las noticias en las que unos niños de 4 o 5 años ante dos muñecos, uno blanco y uno negro, van señalando cual les parece más guapo, bueno, feo o malo siendo en todos los casos el muñeco blanco el que se lleva las cualidades positivas y el negro las negativas. Lo más triste es que hasta los niños negros o de piel oscura señalan al muñeco negro como feo o malo.

Los niños son esponjas, absorben información de todo su entorno, y lamentablemente algunos pasan demasiado tiempo ante esa caja tonta y manipuladora que es la televisión, la gran niñera de nuestra generación. Los estereotipos que allí se transmiten, de raza, de género, de clase, etc. les van calando hasta convencerles de que esa es la verdadera realidad, sobre todo si los padres no nos preocupamos de mostrarles otra o de vigilar lo que ven. No todo lo que emiten en un canal infantil tiene porque ser educativo y ético.

No se si últimamente estoy demasiado susceptible o soy demasiado crítica, pero cada vez estoy más convencida de que la televisión, salvo en contadas ocasiones, sigue perpetuando esa imagen de la mujer que tanto daño nos ha hecho para conseguir respeto e igualdad.

Por eso se pasa cada vez más tiempo apagada.

D0E

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CumpleAños

Pues mira que Ana había dejado caer temas interesantes y polémicos, de los que a mi me gustan, la poligamía, el aborto, el libre albedrío que creemos tener… pero es que ando un poco colapsada con mi día a día profesional, maternal y personal y no me centro para escribir algo ni siquiera polémicamente acertado, así que divagaré sobre una preocupación algo tonta que ronda mi cabeza.

Mañana es mi cumpleaños, y esto no lo digo para que la gente me felicite por la multitud de plataformas digitales y sociales que ahora tenemos, sino porque he observado que últimamente (o igual desde siempre pero me he fijado ahora) se le da mucha importancia a la edad biológica para etiquetar a las personas, sin caer en otros factores quizás más interesantes a menos que te estés realizando un chequeo médico donde asumo que es un dato a tener en cuenta.

Hace unos días fui a la peluquería, lugar en el que cuando se me han acabado las vidas del Candy Crush Saga tiro de revistas para que la espera se haga más corta, y como siempre cogí un par de revistas para hojear sus fotos, porque lo que es la letra impresa de esas publicaciones hace tiempo que dejé de leerla. El caso es que me di cuenta de que al lado de cada fotografía de personaje, artista, aristócrata, novia de, madre de o ex de alguien, casi siempre mujer, figuraba el nombre y entre paréntesis, su edad, con lo cual el reflejo automático era pensar “pues que bien está para su edad” o “fíjate, yo le echaba muchos más años”, al cabo de media revista me pareció tan absurdo y patético que intenté no mirar los pies de página para no saber más edades de nadie.

Yo quiero cumplir años, eso quiere decir que sigo viva, pero reconozco que cada vez me cuesta más confesar mi edad, supongo que forma parte de mis propios prejuicios mentales y ese deseo que tenemos todos de seguir siendo casi jóvenes toda la vida, así que conforme cumplo años y me voy acercando cada vez más al 50 es como si iniciara una cuenta atrás, no solo porque ya he rebasado la mitad de mi vida sino porque parece que a partir de ahora todo vaya a ser cuesta abajo.

Hace otros pocos días viendo por la televisión a Sean Penn comentaba con mi hermana que ese hombre había ganado con la edad y ahora era más atractivo que cuando era un joven veinteañero. En ese momento me di cuenta que a menos que una mujer pase por quirófano, y hasta entonces el aspecto de muñeca inexpresiva le quita cualquier atractivo, nunca se dice eso de una mujer de 53 años. Como mucho nos lo pueden decir a los treinta o treinta y pico, pero no a partir de los 50. Con lo que seguimos luchando contra el efecto tiempo sin darnos cuenta de que es imparable y frustrándonos por ello. Unos días más que otros, todo hay que decirlo.

El otro día mi hija me enseño un video que es la parodia de otro video clip que muestra a dos tipos cantando, ellos muy elegantes, con traje y todo, mientras que las chicas florero que lo adornan, van como siempre ligeras de ropa y con poses provocativas, que si hay que comerse un plátano lascivamente porque lo pide la canción pues se hace. El caso es que el video que le gustó a mi hija es el otro, el que hicieron unas chicas denunciando con mucho sentido del humor los video clips machistas.

Y como mañana es mi cumple, pues me regalo la canción.

Y también os dejo la original, para que veáis que la letra no tiene desperdicio.

 

 

BOYS DON´T CRY

Hoy en la prensa digital leo varios artículos en distintos periódicos sobre la violencia sexista contra adolescentes, fenómeno que no solo no cesa sino que parece ser que se incrementa paulatinamente, poco a poco, sin pausa.

En el artículo “Chicos que amenazan a chicas” , José Mª Calleja  se siente descorazonado porque las nuevas generaciones educadas supuestamente en la democracia e igualdad siguen perpetuando estereotipos de control y poder más propios de sus padres e incluso abuelos, aquellos crímenes pasionales que gustaban de ser portadas en El Caso se siguen produciendo, con la misma crueldad e incomprensión.

En otro artículo de otro periódico se analiza la influencia que tienen las nuevas tecnologías en el ejercicio del poder por parte de los novios a sus chicas, y es que con los nuevos teléfonos inteligentes no solo nos espían la CIA y Google, sino que los novios celosos exigen pruebas de la situación de “sus” novias ya sea mediante fotografía y WhatsApp o enviando localización GPS. Lo peor, es que ellas, en vez de defender la confianza y respeto mutua y creyendo que eso es una prueba de amor, lo mandan. Una vez empiezan ya no hay vuelta atrás, cualquier negativa será sospechosa de tapar un engaño.

A mi estas cosas me entristecen sobremanera pero no me sorprenden. No han cambiado tanto las cosas desde hace 40 años. Si, hay un Ministerio de Igualdad, pero también lo hay de Justicia y eso no quiere decir que exista. Se siguen perpetuando los mismos clichés y estereotipos tanto de mujeres como de hombres, como van a cambiar las cosas ¿por alguna que otra charla en el instituto sobre la igualdad entre sexos o violencia de género?

Mi hija de 13 años tiene tuenti, de vez en cuando lo vemos juntas y me enseña fotos, momentos y estados tanto suyos como de sus amigas, y me sigue llamando la atención la facilidad con la que se utilizan dos insultos: zorra y puta. Y lo hacen las mismas chicas entre si, porque un chico que ha tenido muchas novias mola, pero una chica que le ha robado el novio a otra o que se ha enrollado con varios chicos es una puta. Al manifestar mi sorpresa y desagrado porque todavía se distinga así entre chicos y chicas mi hijo de 16 años asiente con la cabeza y me corrobora que en su clase también pasa.

Hace días leí un interesante artículo donde se preguntaba a padres de hijos adolescentes si se acordaban de la charla que habían tenido con sus hijos (varones) donde les habían dicho cosas como estas:

“Independientemente de cómo vista o actúe una mujer no es una invitación para que le silbes, te rías de ella, la acoses o la asaltes” o “la virginidad de una mujer no es un premio y acostarte con una mujer no te da puntos” o aquel día que compartiste con él el conocimiento legal de que no hace falta que una mujer forcejee y ni que el hombre la reduzca para que se considere violación, o que “intoxicación” significa que no puede dar su consentimiento, no que sea un objetivo fácil”.

Claro, nadie recuerda esas conversaciones porque la mayoría de los padres no las han tenido. Pero estas otras sí:

“Ten cuidado como te vistes y como actúas”, “Los chicos son como son, no puedes darles ninguna excusa para que se porten así contigo”, “Tienes que tener cuidado de no ir provocando”, “No salgas sola de noche y no bebas nada que no hayas visto abrir o servir”.

Esto se les dice a las chicas, cuando empiezan a salir, como si el mundo estuviera lleno de depredadores masculinos acechando en cada esquina oscura.

Los jóvenes se nutren de las imágenes que se transmiten, tanto en casa como en los medios de comunicación, y en este último caso queda mucho por hacer. Las mujeres siguen siendo frágiles y los hombres fuertes, las mujeres siguen siendo las únicas que anuncian detergentes, desengrasantes y pañales, mientras que casi todos los anuncios de coches los protagonizan hombres. La pornografía (si esa que nuestros hijos ven por Internet) es violenta, con escenas de sexo que poco tienen que ver con el sexo real y que reproducen gestos cercanos a la violación y a la dominación. Las grandes estrellas de música pop americanas cantan desgarradoras canciones de amor romántico sentadas desnudas sobre enormes bolas de derribo (es que últimamente no puedo con la industria musical). Y en los telediarios tras informar de “la noticia” del desfile anual de ropa interior de Woman Secret el presentador da paso con sonrisa boba a las imágenes de la ganadora al concurso de mejor culo de Brasil.

Y así no se puede dejar de ser objeto. Y a los objetos no se les respeta, se les posee.

sexista

MUJERES, FLOREROS Y OTROS OBJETOS

Veo en la tele  una noticia sobre la educación en la igualdad de sexos y pienso en lo que todavía queda por hacer. Las leyes nos hacen oficialmente iguales pero la realidad y la educación siguen marcando diferencias.

Cada vez me irrita más la imagen falsa, estereotipada y absurda que se quiere vender de la mujer. En la publicidad salen mujeres increíbles e inalcanzables prometiendo milagros imposibles (no deberían dejar anunciar cremas antiarrugas a modelos de dieciocho años, ni cremas anticelulíticas a mujeres de culos perfectos), en los programas de entretenimiento a los presentadores les está permitido vestir con vaqueros y camisetas, y no está mal visto lucir barriguita y barba de varios días, pero sus compañeras deben ir con minifaldas mínimas, escotes sugerentes y tacones de vértigo, luciendo su mejor sonrisa sin perder el equilibrio, teniendo además que demostrar que están trabajando en la tele no por ser guapas sino porque están lo suficientemente preparadas, pero por supuesto, tienen que ser guapas.

En las carreras de motos y coches se siguen utilizando las chicas florero cuyo único cometido es sonreír y alegrar la vista de los telespectadores masculinos (bueno algunas además saben sostener una sombrilla y entregar un trofeo).

En la música “comercial” las cantantes femeninas compiten para ver quien baila más sexy y enseña más cacho de carne, suscribo la polémica declaración de Christina Rosenvinge cuando dijo que “la música femenina se ha convertido en un concurso de zorras”. Las amigas de mi hija ya a sus tiernos ocho años practicaban unos bailes y unas poses que hubieran excitado al más casto de los policías de la lucha contra la pornografía infantil. A fecha de hoy, con doce, han mejorado la técnica del contoneo y del posado mientras miran provocativamente a cámara chupándose un dedo. Menos mal que mi hija se ha decantado por la música Indie-rock.

El otro día vi un anuncio en una valla publicitaria, una modelo lucía un sugerente sujetador que realzaba su pecho y bajo la marca se podía leer: “una talla más feliz”

Eso es lo que se está transmitiendo. Y las mujeres somos también otra cosa.