SIDONIE

La felicidad esa noche tenía banda sonora con nombre propio. Sidonie cantaba al amor y yo sonreía. La gente que llenaba el local también sonreía, y cantaba. Era uno de esos momentos a los que solo le falta ralentizar la imagen para que formen parte de un anuncio de telefonía móvil.

Un tipo con barba y gafas de pasta bailaba, y sonreía. Estaba tan contento de estar allí que lo quería compartir con su amigo, que sostenía una cerveza con cara escéptica escondido tras unas interminables rastas. No se movía. Era prácticamente el único. Mientras su amigo danzaba a su alrededor, él movía la cabeza de un lado a otro. No sé si era un gesto de vergüenza ajena o de qué sabía de antemano que el grupo no le gustaba ni le iba a gustar.

La sala seguía llenándose de felicidad. Con cada canción parecía que se hinchaba más y más. Yo miraba a mí alrededor fascinada. En las salas pequeñas esa sensación es todavía más contagiosa, porqué no se pierde entre la multitud. Ves los límites de la sala, casi puedes ver los rostros de todo el público, y ver tanta gente feliz me asombra.

Aunque lo mejor era girarme y encontrarme con esos ojos azules que me sonreían sólo a mi. Fue una de esas noches que llenan mi maleta de momentos mágicos.

Nunca olvidaré ese beso con el sonido del sitar de fondo.

Fue un gran concierto. El grupo desplegó todo su encanto y repertorio. Desde sus canciones más psicodélicas del principio, pasando por Fascinado, Costa Azul y el último disco, El Incendio.

El tipo de las rastas seguía sosteniendo una cerveza, pero ahora también sonreía, y bailaba. Creo que Sidonie se ganó un nuevo fan.

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Feeling down 01 del álbum SIDONIE (2001).

Nuestro baile del Viernes del álbum COSA AZUL (2007).

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MOVIL

Mi chico se despide con un beso. Nos vemos luego. Miro mi mesa llena de papeles y me propongo concentrarme e intentar despejarla antes de mediodía.

Suena mi móvil. No reconozco el número y contesto. Una voz conocida al otro lado me hace sonreír. Cuánto tiempo. Creía que te habías olvidado de mí. Hace mucho que no hablamos, y me alegro de saber de él. De saber que está bien, de que se acuerde de mí, de que a veces se ponga triste cuando piense en mí y de que sonría al recordar todos nuestros momentos. Cuando cuelgo se me queda un sabor agridulce al pensar en lo feliz que me hizo. No ha pasado tanto tiempo, aunque parezca una eternidad.

Voy a hacerme un café a ver si me centro de una vez. De nuevo mi móvil. Miro la pantalla, ahora sí sé quién es, y dudo entre cogerlo o no. Ya sé lo que quiere. Contesto de todos modos, igual es por trabajo. Hola guapa! Me tienes completamente abandonado. ¿Cuándo estás sin niños? Y no escucha, como siempre. Da igual que le diga que ahora no, que estoy con alguien, que estoy feliz, que no quiero. El me sigue tentando. Y yo no quiero. Me tomo el café y me hago otro mientras le escucho hablar.

Eso fue ayer. Hoy he pulsado un número de mi agenda sin querer. Un número que tenía olvidado desde hacía un año, tanto que cuando me ha devuelto mi llamada perdida creía que estaba hablando con otra persona. Una disculpa rápida y un me alegro que estés bien, y borro ese número de mi agenda. Para no volverme a equivocar.

A media tarde ha sonado mi móvil. De nuevo un número que no conocía. Pero la voz si. Había hablado con él hacía un par de horas. Sólo medio minuto, pero había sido suficiente. Quería hablar contigo de nuevo. ¿Cómo te va? Un par de preguntas sutiles para averiguar si estoy sola o acompañada y de nuevo me encuentro dando explicaciones. Si, estoy con alguien… hace unos meses… muy feliz. Me pide que me vuelva a grabar su número, que la vida da muchas vueltas, que no cree en las casualidades.

Miro mi teléfono incrédula durante unos segundos. Nunca me había pasado. No he tenido muchas relaciones desde que me separé hace dos años, y prácticamente una de ellas ocupó mi corazón y mi tiempo durante todo ese tiempo. Pero que todos se acuerden de mí en el plazo de dos días… seguro que si estuviera sola no me habría pasado.

Unos ojos azules que entran en mi despacho me devuelven a la realidad. En este momento son los únicos que deseo que me miren así, con mucho amor.

  

Y aunque el tono de mi móvil para casi todo el mundo es una de mis canciones preferidas de Sidonie, yo prefiero oír a The Strokes. Aunque no dejo que suenen mucho, enseguida contesto. Sólo puedes ser tú.

FELICIDAD (II)

Hace unos meses hubo toda una cadena de posts dedicados a la felicidad. Memés que contaban esas pequeñas tonterías que a todos nos hacen felices. Instantes que parecen insignificantes por cotidianos y sencillos, pero que se echan a faltar cuando no están.

Y recordando mis seis razones reconozco que sigo disfrutando de casi todas bastante a menudo. Mi sonrisa de ratón me regala todos los abrazos que puede. Mis hijos, ahora más que nunca, me están haciendo ver el mundo con otros ojos. Con mi socio/mejor amigo sigo compartiendo muchas risas y cervezas, y conciertos. La música sigue estando ahí, forma parte de mi vida, de mis felicidades y de mis tristezas. Y últimamente hasta desaparezco en el agua un par de días por semana. Pero el amor… lo echaba de menos.

Hoy he tenido un día en que he vuelto a sentirlo y tocarlo. En el que he vuelto a vivir momentos que hacía tiempo que no disfrutaba. Echaba mucho de menos esos ojos que hoy me han vuelto a regalar su mejor mirada. Y he sido muy feliz.

Porque he aprendido a vivir sin ti. Pero no te he podido olvidar.

Y aunque la canción de Sidonie es muy triste (y yo no lo estoy), hoy tengo la excusa perfecta para ponerla.

 

 

PARENTESIS LABORAL

Hoy he vuelto al despacho. Solo he estado fuera una semana, pero parecía un mes. No por mi sensación de relajación o desahogo (ojala), sino por la acumulación de papeles y tareas en mi escritorio (el físico y el virtual).

Y tengo solo esta semana para dejar acabado todo lo que no pude acabar antes de irme. Para cerrar todo lo que pueda antes de mis otras tres semanas de vacaciones (y es mucho, demasiado). Y me embarga esa sensación de que no voy a llegar, de que me faltan horas, que me van a quedar demasiadas cosas por hacer…

Últimamente hemos tenido algunas complicaciones en el trabajo, problemas internos, ceses voluntarios, otros involuntarios, mucha acumulación de trabajo… pero me sigue gustando ir a trabajar, me lo paso bien, me río, y nada consigue empañar el estupendo ambiente que tenemos (por lo menos lo intentamos). Me encanta compartir un café (o dos) con mi socio a primera hora de la mañana, y con él siempre sonrío.

 

Hoy ya he incumplido mi supuesta jornada intensiva, que mi socio y yo llamamos cariñosamente “extensiva” (sobre todo la suya), y no he podido cumplir las promesas que había hecho a mis hijos y eso que eran fáciles: irnos de compras, llenar la nevera, cenar en casa (sano), dar una vuelta… He salido más tarde de lo que quería, tenía que hacer un favor a una amiga que me ha entretenido hora y media, y al final he acabado cenando con mis hijos en una pizzería (ellos encantados por supuesto). En una bolsa los cereales y dos zumos para poder desayunar por la mañana, hasta que podamos ir a comprar mañana por la tarde (lo he vuelto a prometer).

 

Pero ya acabó el lunes.

Os dejo con una canción relajante de uno de mis grupos favoritos.

SIDONIE. Standing Together