MELANCOLIA

Se levantó cansado. La noche anterior no había dormido muy bien. Antes de dormirse le invadió una profunda tristeza, sin motivo aparente, pero oscuros pensamientos se empeñaban en ocupar su mente.

Un zumo y una ducha mientras escuchaba las mismas noticias de todas las mañanas. Casi no se diferenciaban de las del día anterior, y el panorama seguía siendo tan negro como el de la pasada semana.

Pero eso no le preocupaba en exceso. Veía la crisis desde la barrera, como mero espectador. Afortunadamente a él no le había afectado, salvo que su normal desencanto hacía la clase dirigente se había agudizado.

La jornada empezó bien, unas bromas en la oficina y un almuerzo en buena compañía, pero a lo largo de la mañana su ánimo se fue ensombreciendo, de nuevo sin motivo. Estaba a punto de acabar con el trabajo acumulado que le venía agobiando desde hacía semanas, pero ni siquiera el alivio de ese desahogo le producía alegría.

A media tarde decidió escaparse de la oficina. Le costaba concentrarse. Demasiadas horas frente al ordenador. Necesitaba aire fresco y echó a andar hacía el centro. La búsqueda de un nuevo contestador automático para reemplazar el que se acababa de estropear le dio la excusa perfecta, para los demás y para él mismo.

Hacía calor en el exterior, más del que esperaba, así que eligió un camino largo pero sombreado. Cuando abandonó la Gran Vía el sol había bajado lo suficiente como para disfrutar de una temperatura agradable el resto del paseo.

Se cruzó un par de veces con una furgoneta que enarbolaba banderas nacionales y carteles pegados en su exterior. La megafonía lanzaba discursos contra el gobierno, los extranjeros y los separatistas que iban a arruinar, decían, a un gran estado. Los miró con asco y sin disimulo. Hoy precisamente lo último que necesitaba era aguantar el discurso ultraderechista de una pandilla de intolerantes paletos.

El paseo no mejoró su ánimo, pero encontró un buen contestador. Ni siquiera le apetecía quedarse a curiosear por la sección de informática, cogió el metro y volvió a la oficina. Trabajaría un rato más. No tenía planes, hoy se los habían cancelado todos, los que deseaba y los que le daban igual.

La sensación de estar estancado en un presente que se alargaba hasta formar un pasado monótono y repetitivo, le dejaba con el alma pegada al suelo. Tampoco podía ilusionarse con otro futuro, ya había conocido el amargo sabor de la decepción.

En casa se dejó ganar por la melancolía. Estaban a solas, ya no tenía que disimular. No sabía porque había venido, no la esperaba, pero la dejó pasar. Tampoco podía evitarlo. Hubiera querido eludirla marchándose de allí y dejándola sola, pero hoy no se podía escapar, sería su compañía esta noche.

Hacía tiempo que no pasaban una noche juntos. Recordarían viejos tiempos.

EL CLUB DE LAS CANCIONES. May be tomorrow

La melancolía para mí es tristeza, dolor de corazón, añoranza y nostalgia. A veces la ocasiona alguna razón en concreto, otras aparece de pronto, al asomarte a la ventana y descubrir que el día esta gris y lluvioso, y recuerdas otros días grises, otros momentos que desaparecieron… Afortunadamente hace mucho tiempo que no me viene a visitar

Y esta canción, con su letra y con su música, es la perfecta para definir esta sensación.

STEREOPHONICS. May be tomorrow

Quizás mañana encuentre el camino a casa…

 

Más participantes en El Club de Las Canciones,

Recuerdos

 

Fuera estaba lloviendo. Estaba en su despacho, rodeada de papeles, de notas, de facturas, de olvidos… miraba hacía la ventana, a través de ese árbol que con las primeras hojas empezaba a taparle la visión de la avenida surcada de coches, y los edificios de enfrente… y llovía.

Siempre le habían gustado los días nublados, pero últimamente le ganaba la melancolía en cuanto el cielo se cubría y empezaba a caer la lluvia, esa lluvia fina, continua… que hacía de este invierno el más gris que recordaba…

Y ese era el problema, que recordaba… le hubiera gustado escaparse un rato, a un sitio tranquilo, con alguien a quien poder contar las cosas que le iban sucediendo, y las que le gustaría que le pasaran, alguien a quien acariciar las manos, juguetear con los dedos mientras hablas, alguien con quien recostarse sin hablar, solo escuchando el viento fuera, en la seguridad de una habitación, a cubierto… de todo.

Miraba por la ventana y recordaba, y echaba de menos esas escapadas, esos momentos de excitación, en los que parece que eres mas dueño de tu vida que nunca, porque improvisas tu presente, porque apartas los planes, y vives, con intensidad, con los cinco sentidos, aprovechando hasta el último minuto… disfrutando, como si fuera un regalo envuelto en papel de colores, y no sabes que hay dentro, pero te da igual, porque no te lo esperabas, y te gustan las sorpresas, y sonríes.

También recordaba las sonrisas… también echaba de menos esa felicidad tonta que te hace sonreír sin motivo.

Pero si le hubieran dado a elegir entre no sentir esa melancolía que produce la nostalgia de lo que se ha perdido a cambio de no haber probado la felicidad que la produjo, se hubiera negado. Había sido tan feliz, que prefería quedarse con el recuerdo de ese amor, que no haberlo disfrutado…. Confiaba que algún día dejarían de dolerle los recuerdos, en realidad, estaba empezando a poder recordar ahora, de otra manera, sin sentirse rota por dentro, y sabía que dentro de poco podría volver a sonreír a sus recuerdos, como cuando no les tenía miedo, cuando le gustaba encerrarse con ellos, a oscuras, para volver a vivirlos. Porque sabía que nunca podría olvidar, no quería olvidar.

Sonó un teléfono y volvió a la realidad, sacudió la cabeza intentando volver al presente, cerró los ojos y se despidió (otra vez) … había dejado de llover…