SEPTIEMBRE

A mí, que soy de despertares lentos, el jet lag de las vacaciones me dura casi hasta octubre. Reconozco ciertas ganas de volver a la rutina, y aunque eche de menos la compañía, la falta de horarios y la piscina, en mi cama duermo como en ninguna otra.

Pero la vuelta al trabajo… Esa mente que se te dispersa a media mañana pidiendo un poco de aire, o conversación, o el tercer café… la mirada perdida y el reloj que no avanza.

Además y para hacerla más cuesta arriba todavía tenemos este fabuloso clima mediterráneo casi tropical que en días como los de esta semana que acabamos de empezar hacen que salir a la calle en la franja horaria en la que el sol esta fuera (y algunas noches también) sea básicamente un suplicio.

A mi es que solo me gusta el verano en vacaciones. Una vez se acaban debería llegar el otoño, sí o sí. Entonces si me apetecería hacer cosas, y el aire me olería a proyectos, voluntades firmes e ilusiones, como a mi compa Ana, que veo que ha encarado esta vuelta al cole más positivamente que yo.

Y esa es otra. En mi tan querida comunidad, las autoridades educativas (quiero decir con esto los que mandan no los que entienden) se han empeñado en empezar el curso escolar el 3 de septiembre. Todo el alumnado, primaria, secundaria, bachiller.. todos empiezan hoy, sin tiempo para que los profesores preparen programas, muchos de ellos nuevos debido a la aplicación de la nueva Ley en determinados ciclos desde este año, que a los nuevos profesores que entren en los centros no les va a dar tiempo ni a encontrar su clase. Con unos edificios recalentados y sin aire acondicionado donde a unos alumnos doblemente dispersos ya que han gozado del doble de vacaciones que sus progenitores les va a costar atender bastante más de lo normal.

Pero no quiero desanimar a nadie. El calor pasará, cumpliremos algunos buenos propósitos, no todos, y en un par de semanas los recuerdos veraniegos quedarán guardados en la carpeta correspondiente de nuestro cerebro y del móvil.

Y entonces, habrá llegado la época que más me gusta del año, la de los tonos marrones en los parques y el olor a lluvia. Nuestro largo y suave otoño que en los inviernos cálidos casi se alarga hasta la primavera.

Aunque en el resto del mundo haga frío.

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CERRADO POR VACACIONES

Ya sé que parece que nos fuimos de vacaciones hace un par de semanas pero no, mudanzas y falta de cobertura, exceso de trabajo y otros compromisos derivados del fin de curso escolar nos han impedido despedirnos como toca. Y me ha tocado a mí.

El caso es que en Euler nos vamos a tomar el descanso habitual del verano, esa época en que intentamos mantener las mínimas obligaciones necesarias para nuestra subsistencia: comprar y cocinar cuando no podemos inventarnos una excusa para picar algo en una terraza que no nos salga muy caro y nos evite meternos entre fogones que dan mucho calor, o limpiar lo justito con la excusa de que estamos poco en casa (aunque sea la época del año en que más amortizamos sofás), y por supuesto no tener que poner a trabajar las neuronas más que lo que nos pida nuestro correspondiente trabajo, siempre ahorrando energía ya que hasta la recarga vacacional estamos bajo mínimos, yo por lo menos.

Dejamos la actualidad política, económica y social sin grandes novedades, porque aunque hayamos estrenado nuevo rey hace apenas una semana dudo yo que la institución en sí nos depare muchas sorpresas, porque si hubiera pensado renovar la monarquía habría optado por un título más moderno, del tipo de Felipe 2.0 cual nueva versión renovada del mismo programa de siempre.

Sobre los líos de corrupción andamos igual, Barcenas sigue en la cárcel, aunque él no deja de sorprendernos con nuevas cuentas en paraísos fiscales cuando creíamos que se las habían pillado todas. Financiaciones ilegales de partidos y sindicatos de los que dudo que veamos ninguna resolución en breve, eso sí, más de una dimisión seguro. Y la rabiosa actualidad de hoy: la imputación de la Infanta Cristina, que me provoca una gran curiosidad. Porque por mucho que los hayan apartado de las fotografías oficiales y ya no les inviten ni de vacaciones, no me puedo imaginar a un miembro o ex-miembro de la actual casa Real entrando en la cárcel. Claro, que siempre les quedará el indulto.

Mientras tanto, intentaremos aguantar el calor sin pensar mucho en la reformilla fiscal que se está aprobando, a ver si dejan el IVA como está, que cada vez que dicen que bajan impuestos entro en pánico, y a la vuelta nos esperan los libros de texto, material escolar, ropa y calzado para nuestros hijos que todavía están en edad de crecer, aunque por mi se podría quedar ya en ese metro ochenta y dos que me hace sentir pequeña.

Hasta entonces, sed buenos y cuidado con el sol.

NORMALIDAD

La vuelta a la normalidad, una de las frases más escuchadas en los dos últimos días… Yo ya no sé cual es mi normalidad.

Han sido dos meses en que mi rutina se ha vuelto tan del revés que ahora que he regresado a mi nevera, a mi cama y a mi mundo, me cuesta recuperarla, encontrar las cosas, dormir con la ventana cerrada para no escuchar los coches… me quedo mirando la pantalla del ordenador (por fin con cobertura) y no sé que buscar, por donde empezar…

Me tumbo en la cama y miro el ventilador del techo dando vueltas encima de mí y hago planes, aunque sé que luego no los cumpliré. Echo de menos otro dormitorio, más pequeño pero más grande a la vez, porque se podía ver el cielo desde la cama, y en las noches con luna no hacía falta otra luz para mirarse a los ojos.

Mañana es viernes, mejor dejo lo de centrarme para el lunes, que es un buen día para empezar propósitos, o apuntarse al gimnasio, o empezar fascículos…

EL NORTE

¡Mira… vacas!! ¡Que bonito! ¡Otra vaca!!

Ese fue más o menos el grito unánime de la parte trasera del coche desde que rebasamos Pamplona y hasta que llegamos a nuestro destino, una casa rural en una aldea de Asturias. Pensé que el entusiasmo se les pasaría en un día, pero se pasaron contando vacas entre exclamaciones los cinco días siguientes. Y había muchas.

Acababan de descubrir el Norte. A mí me encandiló desde la primera vez que fui, a los diecisiete años, con mi primer novio, una acampada libre (y medio salvaje) de casi un mes en pleno Pirineo aragonés. Luego he ido ampliando mis cariños, País Vasco, Cantabria, Asturias, Navarra… y siempre que he podido me he escapado allí, sobre todo en verano, es como volver al otoño durante una o dos semanas.

Pero hacía más de diez años que no subía, primero fue un embarazo, luego era demasiado engorroso ir con tanto trasto, después llegó el otro embarazo, vinieron los años de alquilar chalet con piscina en agosto, que era lo mejor para los niños… el divorcio, la crisis… y así fueron pasando los años.

Así que este año decidimos arrojarnos a la aventura, eso sí, con todas las comodidades posibles, que se disfruta de todo mucho mejor.

Ha sido una semana llena de tonos verdes, montañas, valles y pastos… nubes que se podían tocar, playas al borde de la montaña, ríos de agua helada… todo un descubrimiento para ellos, otro paisaje y otros colores.

Subimos montañas, alcanzamos lagunas, sorteamos rebaños de inmensas vacas, nos adentramos en bosques umbríos y húmedos, descendimos por sendas vertiginosas… y nos reímos, sobre todo nos reímos mucho, incluso en los momentos de pendiente más pronunciada (que manía esa de hacer las rutas de senderismo siempre hacía arriba), y es que no hay nada como llevar un guía explorador con mucho sentido del humor y con experiencia en ahuyentar toros.

Mi hija se ha quedado con ganas de irse a vivir allí, en una casa al borde de un río, con muchos animales. Mi hijo era feliz en manga corta mientras los demás necesitábamos chaqueta.

Para mí, que me daba un poco de miedo el experimento… ha sido una semana genial. Lástima que se acabara tan pronto.

Menos mal que nos quedaba Donosti.

Palacio de Naviego. Asturias.

VACACIONES

Hoy el club de las canciones propone descansar hasta septiembre. Ojala se pudiera extender la invitación al trabajo, cerrar ahora y abrir dentro de un par de meses… igual hasta tenía ganas de trabajar después de tantos días sin ningún tipo de obligación… o igual no…

El caso es que a mí me queda una escasa semanita para empezar mis vacaciones, este año no me puedo quejar, van a ser largas, partidas pero largas. Alguna semanita suelta de trabajo por en medio, pero casi empalmaré desde mitad de julio hasta finales de agosto.

Así que después de una semana (la que viene) que transcurrirá a velocidad de vértigo, es decir, mucho más deprisa de lo que desearía para todas las cosas que tengo que dejarme cerradas en el despacho, tendré un par de días para preparar las maletas antes de partir rumbo al norte con la mejor compañía que pueda desear… y desconectar…

Y la canción que mejor retrata una buena tarde de verano es Seven Days in Sunny Junne de Jamiroquai. La misma canción que puse hace dos años, al inicio de otro verano totalmente distinto.

Este año, el verano promete, y mucho.

SEPTIEMBRE

Hoy es el último día del verano “oficial”.

Mañana comienza Septiembre, un mes de cambios y de buenos propósitos. Creo que se hacen más promesas este mes que cuando cambiamos de año. Aumentan las matriculas a los gimnasios, academias de idiomas, se inician colecciones por fascículos… bueno este año igual no tanto, por la crisis.

Pero a mí lo que me gusta es notar que se van acortando los días. Que a las ocho y media ya está anocheciendo. Que dentro de poco acabará este pesado calor que no deja dormir por las noches. Y esta mañana, mientras remoloneaba en la cama, alargando el momento de empezar de nuevo con la rutina del trabajo, no he podido evitar hacer balance de mi verano. Y ha sido bueno.

He trabajado más que ningún año, he tenido las vacaciones más cortas que recuerdo, y sin embargo, he disfrutado como nunca. Acostumbrada a que en mis dos últimos veranos y por motivos totalmente ajenos a mi voluntad el amor desaparecía (literalmente) durante los dos meses de vacaciones, se me había olvidado lo que era poder hacer planes, romperlos, quedar para comer, alargarlo hasta la cena, no volver a dormir a casa…

He podido alternar jornadas muy intensivas de trabajo (por lo largas me refiero), con noches llenas de estrellas. Días de piscina llenas de gritos, niños y balones, con tardes en las que mientras me dejaba mecer por el agua en la colchoneta y observaba el azul del cielo, pensaba que no se podía ser más feliz.

Fue un mes de julio tan intenso que cuando las circunstancias (laborales y familiares) cambiaron en agosto, pensé que se me iba a hacer un mundo.

Pero el cosmos sigue de nuestro lado. Espero que continúe así durante mucho tiempo.

Y aprovechando que Sidonie ha estrenado su nuevo disco, “El incendio”, un álbum dedicado al amor (con letras mayúsculas como ellos dicen), os dejo con el primer single. Todo pasión.

SIDONIE. El incendio.

PARENTESIS LABORAL

Hoy he vuelto al despacho. Solo he estado fuera una semana, pero parecía un mes. No por mi sensación de relajación o desahogo (ojala), sino por la acumulación de papeles y tareas en mi escritorio (el físico y el virtual).

Y tengo solo esta semana para dejar acabado todo lo que no pude acabar antes de irme. Para cerrar todo lo que pueda antes de mis otras tres semanas de vacaciones (y es mucho, demasiado). Y me embarga esa sensación de que no voy a llegar, de que me faltan horas, que me van a quedar demasiadas cosas por hacer…

Últimamente hemos tenido algunas complicaciones en el trabajo, problemas internos, ceses voluntarios, otros involuntarios, mucha acumulación de trabajo… pero me sigue gustando ir a trabajar, me lo paso bien, me río, y nada consigue empañar el estupendo ambiente que tenemos (por lo menos lo intentamos). Me encanta compartir un café (o dos) con mi socio a primera hora de la mañana, y con él siempre sonrío.

 

Hoy ya he incumplido mi supuesta jornada intensiva, que mi socio y yo llamamos cariñosamente “extensiva” (sobre todo la suya), y no he podido cumplir las promesas que había hecho a mis hijos y eso que eran fáciles: irnos de compras, llenar la nevera, cenar en casa (sano), dar una vuelta… He salido más tarde de lo que quería, tenía que hacer un favor a una amiga que me ha entretenido hora y media, y al final he acabado cenando con mis hijos en una pizzería (ellos encantados por supuesto). En una bolsa los cereales y dos zumos para poder desayunar por la mañana, hasta que podamos ir a comprar mañana por la tarde (lo he vuelto a prometer).

 

Pero ya acabó el lunes.

Os dejo con una canción relajante de uno de mis grupos favoritos.

SIDONIE. Standing Together