GUERRAS, VALLAS Y REFUGIADOS

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Dos meses y medio después volvemos a activar Euler, yo he estado totalmente desconectada de blogs, propios y ajenos, bastante desconectada de tertulias políticas y levemente distanciada de las noticias diarias, que como ya adelantábamos antes de irnos principalmente versaban sobre el calor que había hecho el día anterior, el que iba a hacer ese día y el que haría al día siguiente, y las múltiples operaciones salida y retorno que cada quince días nos anunciaban al mismo tiempo que se congratulaban de que en los últimos años se hacía de un modo tan escalonado que prácticamente no había problemas ni atascos, con lo que tampoco entendía ese alarmismo insistente cada medio-final-inicio de mes.

Hasta que llegó la crisis de los refugiados.

Y textualmente digo llegó aquí, porque desde que empezó el conflicto más de 4 millones de sirios han sido desplazados de sus hogares. Según las cifras de ACNUR, Turquía cuenta con 1.938.999 refugiados, Líbano con 1.113.941, Jordania con 629.266, e Irak con 249.463. Aunque estas cifras no se mencionan en las noticias, con lo que parece que Europa está acogiendo a todos los refugiados de la guerra de Siria y demás conflictos de la zona, mientras las cifras que Bruselas está manejando es aceptar unos 120.000 refugiados, que no juzgo que sea mucho ni poco, simplemente que habría que dejar claro que no somos los salvadores de esta “crisis”.

Estas semanas tan intensas informativamente hablando han servido para que a muchas personas se les despertará la empatía hacía los refugiados, y mientras se horrorizaban al ver como Hungría levantaba vallas y concertinas (compradas aquí) para impedir la entrada de familias desesperadas, mantenían su indiferencia rutinaria hacía esos otros “refugiados” que intentan saltar nuestra propia valla o llegar en patera sin ahogarse desde el norte de África.

Mi opinión? Que se lo debemos. Que la mayoría de conflictos que ahora arrasan el continente africano incluyendo Oriente Medio los hemos creado o favorecida las potencias occidentales por pura codicia o interés geopolítico.

Porque  si el ex analista de la NSA Snowden tiene razón, ese Estado Islámico que ahora aterroriza al mundo fue creado por la CIA, el Mosad y el M16 y financiado por los jeques árabes según Hillary Clinton. Pero les salió mal y se les ha ido de las manos, igual que los yihadistas made in CIA hace 15 años para que Bush tuviera una excusa para invadir Afganistán. País que no solo no han liberado de talibanes sino que está totalmente destruido, al igual que Irak tras años de intervención militar en los que los únicos que han ganado son las empresas que entraron a sacar tajada.

No quiero profundizar más en teorías que podrían sonar hasta conspiranoicas, pero a las que doy el crédito que se merecen porque el tiempo suele demostrar lamentablemente que muchas veces tienen razón. Pero aunque no fuera así, tengo la firme convicción de que nuestro deber es ayudar a cualquier persona que está huyendo de una situación tan límite que le hace abandonarlo todo, casa, trabajo, entorno, y que es capaz de recorrer miles de kilómetros poniendo en riesgo su vida y la de su familia casi con lo puesto y sin saber con certeza cuál va a ser su futuro más próximo.

Si mi vida o la de mis hijos estuviera en peligro, o mi libertad estrangulada hasta límites inaguantables, yo también me iría, y no entendería que personas que están a salvo en la seguridad de sus países me cerrarán la puerta en las narices (por no decir a golpes de porra y gases lacrimógenos) mientras pido socorro porque me quieren matar. Aquí no deberíamos hacerlo ni ahora, ni antes, ni nunca, también fuimos refugiados relegados en frías playas francesas donde se nos trataba como animales y donde muchos murieron enfermos, helados y derrotados.

Y como diría Jon Snow, “Winter is coming”, y en Europa hace frío.

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De la precariedad a la explotación

Pat recomendaba en su artículo anterior dar un paso valiente en aras de la productividad y aprobar un convenio de esclavitud de una vez por todas. Total, es lo que se está haciendo tras la reforma laboral: flexibilidad de horarios a discreción del empresario, despido por causas objetivas que casi abarcan cualquier tipo de absentismo justificado o no, indemnizaciones casi inexistentes…

El domingo veía el programa de Jordi Evolé, Salvados, que analizaba el significado de la palabra precario en el actual ámbito laboral y no podía creer la manera en que se están rebasando los límites que tanto han costado alcanzar con tal de conseguir un puesto de trabajo, ya sea para conseguir uno nuevo como para mantener el existente. Y sé que estamos en un momento de crisis donde si no se bajan los gastos de personal en una empresa con poca facturación la única salida que queda es el cierre, pero también sabemos que la búsqueda inflexible de beneficios por parte de muchas multinacionales pasa por apretar a los trabajadores abusando del exceso que en estos momentos hay de mano de obra parada y barata, lo que crea un sálvese quien pueda entre los trabajadores que se van pisando unos a otros por pura supervivencia.

Hoy leo en el periódico que la Confederación Española de Ejecutivos y Directivos ha manifestado que los responsables de la mejora económica en nuestro país son los directivos españoles. Sí, estos son también de los que dicen que estamos saliendo de la crisis, como ellos nunca entraron.

Yo empecé en el mundo laboral como trabajadora, delegación territorial de una gran empresa, con más de cuatrocientos trabajadores en su sede central de Barcelona, que para mi eran muchos. Allí aprendí mucho, sobre todo de diferencia de clases, el personal mecánico y eléctrico de la fábrica, los ingenieros, delineantes, los comerciales, el personal administrativo, los directivos… todos tenían su lugar y su trato. Si había que realizar un trabajo fuera y teníamos que viajar los eléctricos y mecánicos iban con sus coches a una pensión de mala muerte con una dieta reducidísima para comida, mientras que los ingenieros y comerciales iban de hotel a gastos pagados, yo como viajaba con el equipo de ingenieros disfrutaba de las comodidades de hotel, restaurante y si había prisa avión. Me parecía totalmente injusto.

Años después una parte de aquella delegación territorial nos escindimos y formamos una pequeña empresa en forma de cooperativa. Todos cobrábamos lo mismo y teníamos la misma responsabilidad dentro de cada área laboral.

En la actualidad tengo un despacho profesional. Tengo un socio, una sociedad limitada y dos trabajadores, a veces tres, pero no me considero empresaria, no porque seamos pocos, sino porque sobre todo los considero compañeros, porque sin ellos mi empresa no podría funcionar, porque todos somos necesarios y cuando alguno falta la mesa cojea, aunque no se caiga.

Me parecen desorbitadas las diferencias salariales entre trabajadores y directivos. Un directivo de una compañía que forma parte del Ibex35 gana de media unos 600.000 euros mientras que un trabajador de esa misma compañía ronda los 37.000 euros.  En el mundo de la banca la desproporción es todavía más escandalosa, los 23 directivos del Banco de Santander ganaron de media más de 3 millones de euros frente a los menos de 50.000 euros para la plantilla del banco.

Y claro, para mantener esos sueldos como no van a tener que “flexibilizar” los salarios de los de abajo. Si no, no les llega.

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REFORMA O REVOLUCION

Cuando era joven, inocente e idealista (por ese orden) estaba convencida de que podríamos cambiar el mundo. Ese sistema que repartía la riqueza de una manera tan injusta no podría sobrevivir mucho tiempo, porque era antinatural y abusivo. Simplemente no era justo y acabaría extinguiéndose, mutando naturalmente en un nuevo orden más igualitario y equilibrado.

Han pasado muchos años desde entonces, demasiados para contarlos, y nuestro sistema sigue igual de podrido. Nunca una gangrena duró tanto sin matar el cuerpo que la soporta.

Entonces creía, igual que aquellos pensadores de la ilustración del XVIII, que el pensamiento moderno, los avances científicos y tecnológicos y el laicismo estatal (si, hasta en eso tenía esperanzas), o sea la razón humana, podría combatir la ignorancia, la superstición y la injusticia y construir un mundo mejor. Crecí con la transición, y aquella época de libertades recién ganadas supongo que influyeron en la idea de que se podía reformar el sistema poco a poco, por medio de las urnas, de las ideas y del diálogo.

Ahora creo que hace falta algo más radical, más contundente, una revolución que agite no solo conciencias, sino aquellos pilares del sistema que sustentan los peores vicios de nuestro actual sistema económico y político: corrupción, codicia, mentira… los que ostentan el poder no van a renunciar a sus privilegios así que todos los que estamos por debajo de ellos, esa gran mayoría hasta ahora silenciosa somos los que tenemos que desafiar a los que mandan, a los que lo hacen desde el poder político y económico, los que mantienen a toda costa sus prebendas, aprobando leyes que blindan sus prerrogativas, monopolios y fortunas.

Por eso no creo que se pueda reformar el sistema desde dentro, desde las actuales instituciones existentes porque están demasiado corrompidas y vendidas al poder económico y los intereses privados de unos pocos. Los que ostentan el poder político ahora acabaran situados en los sillones de los consejos de las grandes empresas mañana.

Creo ahora más que nunca que la revolución se debe iniciar desde abajo. De manera pacífica pero constante, que nuestros pequeños cambios, esos que Ana defendía, vayan transformando poco a poco a la sociedad y con ella a un sistema más justo y equitativo para todos. No hay que dejarse arrastrar por la resignación o el escepticismo, las movilizaciones sociales están demostrando que sirven para algo, ahora somos una sociedad más crítica e informada, así que no dejamos que nos manipulen con facilidad.

Podemos empezar por cambiar cosas en nuestro pequeño mundo: elegir el consumo responsable sin caer en la compulsión y el desenfreno que la publicidad nos quiere vender a cambio de una falsa felicidad, comprar en los comercios del barrio para mantenerlos vivos en vez de dar de comer a las grandes superficies y multinacionales, poner nuestros ahorros o simplemente nuestras nóminas en bancos éticos que sean transparentes y solidarios, educar a nuestros hijos para que en el futuro sean solidarios y responsables con su entorno… hay tantas pequeñas cosas.

Convencernos de que con menos se puede ser más feliz.

 

UN AÑO DE CATASTROFICAS DESGRACIAS

Ayer fue 20 de noviembre, fecha memorable por dos motivos, el primero porque como decía Wyoming Franco hizo su mejor actuación, morirse hace 37 años. El segundo, y más importante para nuestro futuro inmediato (el presente ya está perdido) que Rajoy ganó las elecciones hace un año.

Ha sido un año duro, más que los anteriores que también lo fueron, y según los analistas, y si seguimos por el camino actual nos quedan unos cuantos años así. Si seguimos así.

El actual Gobierno subió al poder con un programa electoral, que como bien dice Ana, pocos de sus votantes leen, analizan y estudian, de ahí que no se sientan defraudados ante su incumplimiento.

Su programa electoral (si, me lo he leído) se estructuraba alrededor de seis ejes fundamentales (textualmente sacado de su web):

–         El crecimiento económico y la generación de empleo. La reforma laboral aprobada por su Gobierno ha provocado en cambio la destrucción de miles de puestos de trabajo al abaratar los despidos. Concretamente, hay 800.000 parados más que un año antes.

–         La mejora de la educación. Textualmente: “Esta es la clave de una sociedad de oportunidades. No nos podemos resignar a dar por perdidas generaciones de españoles”. Por eso debió aprobar un recorte de 3.000 millones en educación, lo que llevó a aumentar el ratio de alumnos por aula y el despido de profesores interinos. El incremento del coste de las tasas universitarias hasta un nivel insostenible para muchas familias y su polémica Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa ha conseguido que por primera vez profesores, padres y alumnos se unan en sus protestas dejando las aulas vacías y llenando las calles con continuas protestas y manifestaciones.

–         La garantía de la sociedad del bienestar y de la protección social, mediante las reformas que hagan más eficientes y mejores nuestros sistemas educativo y sanitario, y aseguren así las prestaciones a las futuras generaciones. Aquí no les bastó con el recorte de 7.000 millones, además aprobaron el copago farmacéutico, dejaron sin tarjeta sanitaria a los inmigrantes, el medicamentazo, la paralización del calendario de la aplicación de la ley de dependencia, etc. El desmantelamiento de la sanidad pública como la hemos conocido hasta hoy se está produciendo, sin prisa pero sin pausa, y esas futuras generaciones por las que quería trabajar el PP se encontraran por primera vez peor atendidas y más vulnerables que las dos generaciones anteriores.

Los otros tres puntos que quedan del programa se refieren a la reforma y modernización del sector público (donde les han quitado sueldo y pagas extras para que se sientan más modernos). El fortalecimiento institucional y la regeneración política, un año después seguimos sin creer que tengamos instituciones fiables y honradas. Y por último, la proyección exterior de nuestro país, volver a ser fiables y creíbles en el mundo, aprovechar las oportunidades de la globalización para nuestra sociedad. Una globalización que por ahora solo ha demostrado enriquecer a unos pocos, los de siempre.

Por eso no entiendo como, según las encuestas, volvería a ganar el actual partido gobernante (con menos margen pero ganaría), no solo porque ha mentido e incumplido (“Yo lo que no llevo en mi programa, no lo hago”) sino porque además estamos peor que antes. Lo entendería si estuviéramos saliendo del agujero donde todo el poder económico y político nos ha hundido, pero viendo el resultado de las políticas sociales, fiscales, laborales y financieras que se están aplicando solo nos espera un futuro todavía peor. Lo de sus votantes debe ser cuestión de fe, y yo siempre he sido bastante descreída.

Eso si, la banca siempre gana.

Coherencia, escepticismo y desesperación

Llevo todo el día escuchando la guerra de cifras sobre el éxito o fracaso de la huelga general. Opiniones enfrentadas sobre su necesidad o inutilidad. Debates irreconciliables con frases tan tontas como que “esta es una huelga política” (¿y?). Incluso en una cadena han puesto el comentario que un célebre periodista de Telemadrid grabó ayer sobre el fracaso de la jornada de huelga que ni siquiera había empezado todavía, que digo yo que igual se confundió y era una predicción para uno de esos programas de videntes que se emiten de madrugada.

Dentro de un rato empezará otra guerra de cifras sobre la asistencia a las manifestaciones que aún no han terminado en muchas ciudades. Para los organizadores serán cientos de miles, para el Gobierno apenas unos miles… lo de siempre. De todos modos, digan lo que digan, cada vez estoy más convencida de que la gente solo se cree lo que se quiere creer, da igual lo que les razones, enseñes, demuestres… rojo o azul. Así de simple. Así de infantil.

Yo hoy he hecho huelga. No sé si ha servido de mucho porque mi despacho ha seguido funcionando, los demás han querido trabajar, aunque estén de acuerdo con los motivos de la huelga y en contra de todas las medidas que el actual Gobierno está tomando para se supone sacarnos de esta interminable crisis. Así que igual que eran libres de secundar la huelga sin ningún tipo de descuento en nómina, eran igualmente libres de ir a trabajar sin ningún tipo de reproche por mi parte. No hay nada que me desagrade más que esas imágenes de piquetes “informativos” insultando y agrediendo a los que abren negocio propio o ajeno. Siempre he creído que la violencia física o verbal, me da igual, te quita bastante razón.

Se que mis compañeros han ido a trabajar por una mezcla de cansancio y escepticismo. ¿De que va a servir? A quien vamos a perjudicar excepto a nosotros mismos que mañana tendremos trabajo acumulado? ¿Y si llama algún cliente? Y lo respeto. Pero es una pena que esta medida, una de las pocas que tenemos los ciudadanos de a pie para mantener un pulso con el poder político y económico, no sea masivamente utilizada por todos los que protestan (y mucho) de manera particular en sus casas, o en el bar, o con los compañeros de trabajo…

Porque muchos piensan que ya se manifestarán otros, que ya harán huelga otros, que ya firmaran peticiones otros, que total por una persona más o menos no se va a notar… y así suman miles. También se que muchas personas, otras miles o cientos de miles, están totalmente de acuerdo con las medidas que este Gobierno ha tomado, da igual que haya mentido o engañado, ellos votan al partido no al programa, votan la ideología de ese partido, lo que para ellos representa en cuanto a orden, tradición, seguridad…

En días como hoy y si todos fuéramos coherentes con nuestras ideas, indignación y reivindicaciones, se tenía que haber parado medio país. Muchos deberían haber superado ese miedo (totalmente comprensible) de perder el precario empleo que afortunadamente tienen y no haber acudido a trabajar, los padres que andan desgañitándose contra los recortes educativos no deberían haber llevado a sus hijos al colegio, nadie debería haber comprado nada… entonces se hubiera demostrado que “casi todos” estamos hartos, que no aguantamos más.

Porque como dice el dicho: Ni son todos los que están, ni están todos los que son.

 

DES/CONFIANZA

Estoy de acuerdo con Ana en que se debería pedir que los políticos cumplieran algún tipo de código deontólogico que cubran aquellos aspectos éticos que parece ser que en la actualidad no tienen muy claros. Aunque también opino que no debería ser necesario, que simplemente deberían ejercer su actividad profesional con honestidad y responsabilidad, como cualquier otro tipo de trabajo remunerado (o no, que como cunda el ejemplo de la Cospedal nos vamos a quedar sin políticos).

El caso es que debería ser innecesario pedir todas esas cosas, así como el valor se suponía en el ejército, la dignidad y la honradez deberían también ser requisito indispensable para cualquier cargo público (privado también, pero en algunas empresas  mandan los accionistas y les importan muy poco los daños colaterales con tal de aumentar beneficios).

Pero en la res pública que dirían los romanos mal vamos, no sé si el Juez Pedraz se excedió al utilizar la frase “la decadencia de la denominada clase política” en un auto judicial, pero es verdad que es el sentir de una gran mayoría de la población, y cuando una gran parte de la población cree que uno de los problemas del país son los políticos algo se está haciendo mal.

Quizás la culpa sea de que en los medios solo se habla de los políticos y cargos públicos corruptos, de los imputados, de los que se aprovechan de su cargo, de los que mienten, de los que desprecian, insultan o meten la pata con desafortunadisimas frases, porque lo otro no es noticia, los que trabajan muchas horas, pierden horas de sueño, o se ganan un justo sueldo con su trabajo, aunque comparándolos en número con los demás haya más de los buenos que de los malos.

Los políticos en este país van a tener que hacer un gran esfuerzo para volver a recuperar el prestigio perdido. Ya sean del gobierno, o del principal partido de la oposición, o de cualquier grupo minoritario. Tienen que demostrar que les importamos, que trabajan para que la mayoría de los ciudadanos, los que les votaron y los que no, puedan vivir tranquilos y sentirse seguros, seguros en todos los ámbitos, una sociedad no puede tener miedo de enfermar por si no va a ser atendida con todos los medios disponibles, de envejecer por que no va a haber dinero para las pensiones, de tener hijos porque estos no van a poder estudiar o trabajar en un futuro…

Pero para eso tendrían que empezar por dejar de discutir…  

 

CULPA

El gobierno actual culpabiliza al anterior gobierno de Rodríguez Zapatero de la crisis que sufrimos, por su mala gestión, por negarla, por encubrirla y si se ponen hasta por crearla.

El partido que gobernaba hasta hace cuatro días culpa al actual gobierno de empeorar nuestra situación económica hasta cotas insoportables desde que subieron al poder, como si ellos se hubieran atrevido a desobedecer a esa misteriosa “troika” que gobierna nuestros destinos desde hace meses.

Los ciudadanos se manifiestan contra el gobierno en general y los políticos en particular a quienes culpan de la terrible situación que sufre nuestra sociedad de a pie, los políticos les culpan de intentar tomar el congreso por la fuerza y la policía se pone las botas defendiendo un parlamento aislado y lejano de los gritos y la furia civil.

Wert culpa del independentismo a la descentralización educativa, desviando responsabilices a las competencias autonómicas, como siempre.

Nosotros nos sentimos culpables por habernos dejado liar (sin mucha oposición todo hay que decirlo) y tener que pagar ahora esa ampliación del préstamo hipotecario que nos colocó nuestro querido y cercano director bancario, para reformar la cocina y el baño, sobre todo ahora que Hacienda nos reclama la parte de la ampliación que nos desgravamos con sanción incluida e intereses de demora, aunque eso si, la casa nos quedó monísima.

Y en esas estamos, esparciendo culpas por doquier, sin que nadie se responsabilice de nada, ni que en este país se penalizara la mala gestión. Sin ir más lejos, los bancos españoles han sufrido pérdidas de millones de euros debido a su avaricia en la época inmobiliaria y su dedo fácil a la hora de otorgar créditos sobre todo a constructores y promotoras, lo que dice muy poco a favor de la profesionalidad de sus directivos y consejeros. Y sin embargo ahí están, siendo rescatados, para que no se hundan, o más bien, para que devuelvan el dinero a los otros bancos que se los prestaron, los alemanes y franceses principalmente, que son los que vienen apretando.

Mientras los ciudadanos de a pie veremos pasar miles de millones de euros por delante de nuestras narices que irán a parar a los bancos que han dejado sin casa a miles de personas, sabiendo no solo que ninguno de esos euros revertirá en créditos a empresas y particulares, sino que además tendremos que pagarlos a base de no tener servicios públicos. Todo para la deuda.

Y para terminar parece que se va a culpabilizar, o mejor dicho encausar, a los activistas que organizaron la protesta de Rodea el Congreso acusándoles de delitos contra el Estado. Llevo días oyendo por parte de determinados políticos y medios de comunicación tonterías tan absurdas como que si no llegan a actuar los antidisturbios la muchedumbre hubiera atacado el Congreso de los Diputados. No se si hubieran guillotinado a Rajoy o simplemente le hubieran hecho dimitir como ponía en el manifiesto, pero me parece tan infantil suponer un acto de esa magnitud a unos ciudadanos enfadados si, pero mayoritariamente pacíficos, que no creía que por parte de la Justicia se fuera a tomar en serio. Pero sí, parece ser que se llevan investigando desde hace meses a los “instigadores” de la manifestación, que tuvieron la mala ocurrencia de copiar el lema “Occupy Wall Street” pensando que aquí que somos menos tremendistas que en Norteamérica no se pensaría en que la “ocupación” iba a ser literal. Asi que aunque cambiaron el lema han acabado siendo acusados de golpistas y hasta de fascistas.

Y yo que cada vez soy más mal pensada, todo esto me suena a que dentro de nada y con alguna reforma express del Código Penal, será delito manifestarse, y haber quien va a ser el valiente que se atreve a organizar cualquier acto cívico sin mediación de partidos políticos o sindicatos.

Bueno excepto los encuentros internacionales de la Juventud esos que celebran de vez en cuando las organizaciones cristianas y que aunque colapsan la ciudad no molestan a nadie.