SONREIR

Hoy me cuesta sonreír, una porque he pasado muy mala noche, tengo el insomnio fácil y a la mínima mi cerebro se pone a cavilar echando al sueño a patadas, si encima lo alimentamos con una vecina octogenaria sorda que enchufa la tele a cualquier hora del día y de la noche (a mi me fastidian las de la noche claro) pues tenemos una noche larga e inacabable que acaba en una mañana en la que se me hace un mundo no solo sonreír, sino simplemente existir.

Además tenía dentista, hace unos días se me partió un diente y esperaba esta visita con una mezcla de esperanza de que no fuera muy grave y pudiera salvarlo y mucho miedo de que no, de que se fuera por los aires (otro). Y ha sido que no, que no se puede salvar, que hay que quitarlo, poner un implante (otro)…

Y así estoy, de medio duelo, y con la boca medio anestesiada, con lo que todavía me cuesta más sonreír.

Así que aunque me he tomado un par de ibuprofenos, mejor me pongo algo de música optimista que suele ser infalible. Y en eso el Señor Mostaza no suele fallar, así que con un disco titulado “Podemos sonreír” tengo la sonrisa (aunque sea melancólica) garantizada.

“Momento Eterno”. A ver a quien no le hace gracia el bailecito del final.

 

Anuncios

MELANCOLIA

Se levantó cansado. La noche anterior no había dormido muy bien. Antes de dormirse le invadió una profunda tristeza, sin motivo aparente, pero oscuros pensamientos se empeñaban en ocupar su mente.

Un zumo y una ducha mientras escuchaba las mismas noticias de todas las mañanas. Casi no se diferenciaban de las del día anterior, y el panorama seguía siendo tan negro como el de la pasada semana.

Pero eso no le preocupaba en exceso. Veía la crisis desde la barrera, como mero espectador. Afortunadamente a él no le había afectado, salvo que su normal desencanto hacía la clase dirigente se había agudizado.

La jornada empezó bien, unas bromas en la oficina y un almuerzo en buena compañía, pero a lo largo de la mañana su ánimo se fue ensombreciendo, de nuevo sin motivo. Estaba a punto de acabar con el trabajo acumulado que le venía agobiando desde hacía semanas, pero ni siquiera el alivio de ese desahogo le producía alegría.

A media tarde decidió escaparse de la oficina. Le costaba concentrarse. Demasiadas horas frente al ordenador. Necesitaba aire fresco y echó a andar hacía el centro. La búsqueda de un nuevo contestador automático para reemplazar el que se acababa de estropear le dio la excusa perfecta, para los demás y para él mismo.

Hacía calor en el exterior, más del que esperaba, así que eligió un camino largo pero sombreado. Cuando abandonó la Gran Vía el sol había bajado lo suficiente como para disfrutar de una temperatura agradable el resto del paseo.

Se cruzó un par de veces con una furgoneta que enarbolaba banderas nacionales y carteles pegados en su exterior. La megafonía lanzaba discursos contra el gobierno, los extranjeros y los separatistas que iban a arruinar, decían, a un gran estado. Los miró con asco y sin disimulo. Hoy precisamente lo último que necesitaba era aguantar el discurso ultraderechista de una pandilla de intolerantes paletos.

El paseo no mejoró su ánimo, pero encontró un buen contestador. Ni siquiera le apetecía quedarse a curiosear por la sección de informática, cogió el metro y volvió a la oficina. Trabajaría un rato más. No tenía planes, hoy se los habían cancelado todos, los que deseaba y los que le daban igual.

La sensación de estar estancado en un presente que se alargaba hasta formar un pasado monótono y repetitivo, le dejaba con el alma pegada al suelo. Tampoco podía ilusionarse con otro futuro, ya había conocido el amargo sabor de la decepción.

En casa se dejó ganar por la melancolía. Estaban a solas, ya no tenía que disimular. No sabía porque había venido, no la esperaba, pero la dejó pasar. Tampoco podía evitarlo. Hubiera querido eludirla marchándose de allí y dejándola sola, pero hoy no se podía escapar, sería su compañía esta noche.

Hacía tiempo que no pasaban una noche juntos. Recordarían viejos tiempos.

MADRUGAR

No me gusta madrugar. Todo el que ha convivido conmigo lo sabe. En el face soy miembro de “Mi cama tiene una fuerza sobrenatural que no me deja levantarme por la mañana” y “Yo por cinco minutos más de sueño MA-TO”, son las únicas páginas chorras con las que me siento completamente identificada.

Siempre he sido un ave nocturna. Mi momento de mayor actividad (cerebral, la física todavía no ha encontrado su momento en las 24 horas del día) es por la noche. Leer, internetear, escribir, ver una película… se me hacen la una de la madrugada y no me apetece irme a dormir, el sueño no llega. Me obligo a irme a la cama, pienso en todo lo que tengo que hacer al día siguiente… que mañana estaré echa polvo… y claro, me desvelo.

En esos momentos de insomnio absoluto estoy más despejada que después de mis tres cafés expresos de por la mañana. Se me ocurren todas esas cosas pendientes que no me apetece hacer cuando estoy levantada y es de día: organizar el armario y doblar bien la torre de ropa que cada vez está más inclinada, ordenar las fotos de los últimos 15 años, buscar la garantía que necesito para reparar el aire acondicionado…  pero no son horas.

Afortunadamente mis noches de insomnio han disminuido notablemente, tanto como la frecuencia de posts en este blog, pero sigo acostándome más tarde de lo que debería con lo que no suelo cumplir las ocho horas recomendadas de sueño (que será por eso que no luzco como las modelos esas que dicen que ese es su único secreto de belleza), y por la mañana el armonioso sonido del arpa que he elegido para tener un suave despertar siempre me parece que suena demasiado pronto… y lo apago y me doy media vuelta… cinco minutos más.

Que suelen ser quince, hasta que mi despertador de urgencia me avisa de que si no me levanto llegaremos todos tarde.

Mi hija es como yo. En cuanto me oye entrar a su cuarto se tapa la cabeza y me refunfuña unos minutos más… pero mi hijo… no sé a quien ha salido. Ningún miembro de mi familia es madrugador. Somos marmotas evolucionadas en humanos. Madrugamos por obligación. Punto.

Menos él. Hoy ha sido uno de esos días raros y escasos en los que se ha dormido y le he tenido que despertar.

Se ha enfadado consigo mismo porque ha perdido una hora de estar despierto. Y mientras desayunaba enfurruñado, su hermana y yo lo mirábamos incrédulas… ¿Qué se puede hacer mejor a las siete de la mañana que seguir durmiendo?

Y ya se me ha hecho la una de la mañana…

JUNTA

Hoy el día no prometía, ya desde primera hora de la mañana. En realidad, desde la una de la madrugada en que supe que la noche iba a ser larga. Correos, mensajes, tareas, balances, olvidos, obligaciones… tal y como aparecían en mi mente y los iba desechando, llegaban otros para sustituirlos. Incapaz de desconectar, me dejo llevar. Creo que al final me duermo porque sueño.

En el despacho miro el inmenso montón de papeles pendientes de archivar encima de mi mesa y el otro montón de correspondencia por abrir y decido salir a la calle. No he desayunado y necesito energía y alguna que otra sonrisa.

Una llamada de teléfono y me alegran la mañana. Hay momentos en los que me gustaría detener el tiempo, desaparecer, cometer una locura (otra vez) y olvidarme de todas las obligaciones (profesionales y personales). Luego me basta con haberlos tenido. Con sonreír al recordarlos.

Mis hijos aparecen por la puerta del despacho. Miro el reloj y veo que ya es más de la una. Ha sido una mañana poco productiva. He tenido un montón de visitas, todas personales. Y aún falta una por llegar.

La tarde promete laboralmente menos que la mañana. No me centro y por lo tanto no adelanto. Pero es que no tengo ganas de centrarme. Mi socio me pide que le acompañe a una Junta. Mi cabeza se pone rápidamente a cubrir los posibles imprevistos (tengo que recoger un decodificador de TDT para casa, los niños están sin tele, y no tengo cena preparada para dejarles, mi madre está en el hospital con mi padre a quien le están haciendo unas pruebas, y todavía no he llamado para ver como está, mi hermana esta a punto de ponerse de parto y sólo espero que no lo haga antes del fin de semana…)

A 20 minutos del inicio de la Junta estoy tirada en el suelo conectando el deco a mi tele, dando instrucciones a mis hijos por si tardo en volver y repasando mentalmente las cuentas que hay que dar en la reunión.

La Junta… los que viváis en una finca ya sabéis lo que pasa en ellas. Una mezcla entre “Aquí no hay quien viva” y “La Comunidad”, sólo que a veces la realidad supera la ficción. Así que unas 15 personas estamos sentadas en una vivienda portería recalentada por el sol y discutiendo por cuarta vez el mismo punto que iniciamos hace más de una hora. Mi socio dirige la reunión e intenta controlar al vecino díscolo que no está de acuerdo con nada y se va a demandar a si mismo si hace falta para fastidiar al resto de vecinos (nunca dejaré de asombrarme de la estupidez autodestructiva de algunos representantes del género humano). Tras dos horas y media de reunión, cuatro folios de notas y tres llamadas de mis hijos preguntándome si me falta mucho, que tienen hambre, se levanta la sesión. Menos mal que por lo menos estábamos sentados.

Salimos a la calle. Está lloviendo. Caminamos deprisa rezando porque Pili aún no haya cerrado. Tenemos suerte. Dos cervezas mientras me preparan unas croquetas y un par de pepitos para llevar. Al final ha sido un día demasiado largo. Son las once de la noche y aún no he llegado a casa, pero me gusta como ha acabado, de risas con mi “pedazo de socio” en la puerta de nuestro bar viendo llover.

Mañana creo que empezaré mejor el día.

HORAS

00:20 Dejo a Andréu con la palabra en la boca y me voy a la cama. Mañana quiero levantarme muy pronto para adelantar lo que en los próximos días de fiesta no podré. Algo me dice que me va a costar dormirme, pero por intentarlo…

01:04 El retumbar de un castillo de fuegos artificiales hace temblar los cristales. Cuando acaba y llega el silencio, continúan oyéndose disparos aislados. Pienso en que esto debe ser parecido a vivir en una zona de guerra (sólo por los sobresaltos claro).

01:43 Oigo un lloriqueo apagado. Me levanto y me tropiezo con mi hija en mitad del pasillo. Lleva las gafas puestas pero no me ve. Tiene una pesadilla, y aún está dormida. La empujo suavemente a su cuarto y la acuesto. Me quedo unos segundos para comprobar que se queda tranquila y me voy corriendo a mi cama. Hace frío.

02:15 Observo la luz azul de mi despertador. Los grandes números me indican que mañana estaré muerta de cansancio. Sigo sin tener sueño, dudo entre levantarme o seguir intentándolo. Me doy la vuelta y me tapo la cabeza con el edredón.

03:05 Mi vecina debe estar también desvelada porque ha enchufado la televisión. Creo que es un programa de tertulia, no distingo bien lo que dicen pero tiene el volumen lo suficientemente alto para que no pueda ignorarlo.

03:30 Sopeso la idea de tomarme una pastilla, pero es demasiado tarde y dentro de cuatro horas estaré espesísima. Lo de acabarme la botella de vodka rojo tampoco es buena idea. Sólo me faltaba ir a trabajar con resaca.

04:15 Me giro al otro lado de la cama, buscando su frescor de sábana desocupada. Hoy me gustaría tener compañía, se me haría el insomnio más entretenido. En ese momento recuerdo un sofá, caricias y una conversación. “Ojala nos hubiéramos conocido hace años. Ahora ya sé que nada es para siempre” No sé muy bien si fue exactamente así, pero esa era la idea.

Y yo, que nunca he creído en el amor eterno, tampoco he iniciado las relaciones pensando en su caducidad. Simplemente me dejaba llevar. Cuatro años, seis meses, un verano, casi un año, dieciséis años, dos años… Unas aguantaron lo justo, otras demasiado, alguna se resiste a dejarme…

En este momento de mi vida, con todo el camino que llevo recorrido he aprendido de mis errores, creo que tengo más claro lo que quiero y lo que no. Pero de lo que estoy completamente segura es que quiero sentir, emocionarme e ilusionarme con la misma intensidad que hace veinte años. Disfrutando cada instante, acumulando todos los momentos mágicos que pueda. Tengo la maleta llena de ellos, pero todavía queda sitio para muchos más.

Así que con todo lo que ahora sé, con todo lo que no quiero volver a repetir, yo prefiero haberte conocido ahora. Aunque no quiero pensar mucho en ello. Me siento a gusto. Prefiero dejarme llevar. Ya sabes, la vida es eso que te va pasando mientras te empeñas en hacer otros planes.

05:08 Mañana no me podré levantar….

Relato: DURANTE LA NOCHE

La noche se le estaba haciendo larga. Desde que era incapaz de conciliar el sueño por las noches no sabía qué hacer con tanto tiempo. El hambre solía atacarle pasadas las doce, pero una vez había comido un poco ya no sabía en qué entretenerse. Había leído varias veces casi todos los libros que tenía. Se sabía de memoria toda su colección de cine. Y la programación nocturna era un asco.

Se acordó de la primera vez que le pasó. Fue después de una noche increíble e interminable. Un viejo amigo de paso por la ciudad le invitó a una fiesta. Gente guapa, música, sustancias que nunca había probado… a partir de la madrugada sólo podía recordar momentos, instantáneas que se sucedían dentro de su mente. Una mujer de ojos negros, una cama de sabanas muy blancas, escenas de sexo que no sabía si había protagonizado o simplemente observado. A la mañana siguiente se despertó en su cama, desnudo. La cabeza a punto de estallarle. No recordaba como había llegado hasta allí. Esa fue la última vez que durmió de noche.

Al principio le dio por salir. Como nunca lo había hecho. Hasta casi el amanecer. Sus amigos de toda la vida estaban ya retirados de la marcha nocturna, y pensó en la primera noche que decidió salir solo, a aquel after. Fue entonces cuando se dio cuenta de la cantidad de noctámbulos que había por el mundo.

Durante esa época conoció gente de todo tipo, edad, raza y condición. Algunos le parecieron interesantes, otros, simplemente, unos fracasados de la vida que no tenían donde caerse muertos y por eso alargaban las noches hasta que casi las unían con el día.

 

Pero se había cansado, los años no perdonan y cada vez le costaba más salir, sobre todo en invierno. Enfrentarse al frío para intentar encontrar algo de calor humano en algún rincón de la ciudad…

Faltaban un par de horas para el amanecer y volvía a tener hambre. Le daba tanta pereza… se dirigió a la cocina y abrió la nevera. Le quedaba para un par de noches, luego tendría que volver a salir. Cogió uno de los últimos cuatro frascos y bebió hasta la última gota de sangre.

Aunque sabía que cuando se acabasen y le volviese de nuevo la sed… nada le retendría en casa.

 

 

All night long. Peter Murhpy

 


El único requisito propuesto por Jose Alberto era que eligiésemos una canción que inspirara nuestro relato. Podéis leer más relatos en los blogs de:


BLOODY, CRARIZA, CRGUARDDON, ELEFANTEFOR, ESCOCÉS, JOSE ALBERTO, PSIQUI, QUADROPHENIA, UN ESPAÑOL MAS, XARBET

SEMANA

Lunes: jornada intensiva en el trabajo. Vacaciones escolares. Voy con los niños al circo. No me puedo evadir. Tengo la cabeza llena de trabajo. Duermo mal.

Martes: trabajo atrasado, complicaciones e imprevistos. Tengo que salir a comprar regalos, no me va a dar tiempo. Stress laboral y stress pre-navideño. No duermo.

Miércoles: Uno de los problemas que me quita el sueño resuelto (temporalmente). Empiezo a creer en la Navidad. Intento acabar con el trabajo previsto. Faltan unas horas y un par de regalos. Escapada de última hora y misión cumplida, a una hora de la cena. Solo queda envolverlos. Esta noche es Nochebuena y mañana…

Jueves: …Navidad. Alegría contagiada. Paréntesis de soledad. Día casi inexistente. Intento dormir, creo que lo consigo porque sueño… 

escher3

Llego en coche a un pueblo desconocido. Tengo que encontrar un lugar determinado, una playa creo, pero no sé donde está. Pregunto y me indican una dirección. Comienzo a andar… la acera se va estrechando cada vez más, al mismo tiempo se eleva formando una escalera de caracol de extrañas y sinuosas formas. Me cuesta avanzar, me da miedo, tengo vértigo. El camino por donde voy está separado del resto, debajo hay vacío, aunque a mi alrededor haya gente y casas. Me miran y ríen. A veces está interrumpido y tengo que saltar para seguir avanzando.

Piso tierra firme de nuevo. Estoy en una especie de plaza. Un grupo de jóvenes están sentados en un banco y les pregunto de nuevo. Uno de ellos me coge de la mano y me da un beso. “Ven conmigo” y echa a correr sin soltarme. Corro a su lado, me parece amable, hasta guapo… confío en él. Llegamos a un callejón sin salida con una puerta al fondo. Entramos juntos, es una habitación oscura y fría. Me empuja y me tira sobre un banco. Me sujeta los brazos. Empiezo a tener miedo, ya no me parece amable. Se abre la puerta y aparece un hombre, contrahecho, deforme… con un cuchillo corvo en su mano. Se acerca hacía mi y su mirada me causa pánico. Me revuelvo e intento soltarme. Grito.

Me encuentro fuera. He conseguido escapar, no sé como. Llevo un camisón blanco y está desgarrado, veo que me baja sangre entre las piernas, pero no me duele nada. Me despierto angustiada.

 

Viernes: Segundo problema resuelto (gracias Alberto). Empiezo a ver luz. Trabajo y más trabajo. Me despido de los niños. Final de tarde relajante y divertida. Llego a casa y me doy cuenta de que tengo mucho sueño. Me dejo llevar. Son las 23:00 horas y me voy a la cama.

Sábado. 10:00 horas. Me despierta el flautín del afilador. Hacía años que no lo oía. Me desperezo y me levanto. Tengo que ir a adelantar trabajo al despacho, la semana que viene tengo planes, con mis hijos. Y además, esta vez tengo ganas.

 escher-01

M.C. Escher