SONREIR

Hoy me cuesta sonreír, una porque he pasado muy mala noche, tengo el insomnio fácil y a la mínima mi cerebro se pone a cavilar echando al sueño a patadas, si encima lo alimentamos con una vecina octogenaria sorda que enchufa la tele a cualquier hora del día y de la noche (a mi me fastidian las de la noche claro) pues tenemos una noche larga e inacabable que acaba en una mañana en la que se me hace un mundo no solo sonreír, sino simplemente existir.

Además tenía dentista, hace unos días se me partió un diente y esperaba esta visita con una mezcla de esperanza de que no fuera muy grave y pudiera salvarlo y mucho miedo de que no, de que se fuera por los aires (otro). Y ha sido que no, que no se puede salvar, que hay que quitarlo, poner un implante (otro)…

Y así estoy, de medio duelo, y con la boca medio anestesiada, con lo que todavía me cuesta más sonreír.

Así que aunque me he tomado un par de ibuprofenos, mejor me pongo algo de música optimista que suele ser infalible. Y en eso el Señor Mostaza no suele fallar, así que con un disco titulado “Podemos sonreír” tengo la sonrisa (aunque sea melancólica) garantizada.

“Momento Eterno”. A ver a quien no le hace gracia el bailecito del final.

 

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Relato: CAPRICORNIO

Capricornio. Ya estás preparado para cerrar el balance vacacional de agosto y para echar de nuevo pie a tierra y empezar a comerte el mundo.

Menuda tontería. Claro, todo el mundo sabe que en agosto no cogen vacaciones ni los Tauro, ni los Leo… nadie más que los Capricornio. Además no estoy preparada, porque mis vacaciones han sido una mierda.

Cierro el periódico y enciendo el televisor. Esta mañana he hecho un esfuerzo y he salido a comprar la prensa, devolver las 4 películas que alquilé el viernes, comprar más provisiones de pipas y una barra de pan. Hacía dos días que no salía de casa. ¡Total! ¿Para qué? Excepto el supermercado donde las cajeras apáticas van pasando los productos con cara de asco y las baraterías regentadas por chinos, no hay nada. Llevo dos semanas sin tropezarme con ningún vecino. Luego hablan de crisis.

Pienso en mañana lunes, 1 de septiembre, todos de vuelta en la oficina. Bueno, casi todos, no sé como se las arregla Pérez todos los años para disfrutar la mitad de sus vacaciones en septiembre, cuando se ha acabado la jornada intensiva y toca fichar hasta las siete de la tarde.

Pero voy a intentar ser positiva. Ya me he organizado la agenda. A partir de mañana lunes día 1 (no hay nada como empezar un lunes, aunque sea una colección de fascículos) voy a ir dos tardes a la piscina. Concretamente los martes y los jueves, están correctamente alejados del viernes y del domingo para buscar cualquier excusa que empiece con la palabra cansancio. Los lunes haré la compra semanal, verduras y comida sana para el resto de la semana, por lo menos las cenas. El miércoles por ahora lo dejaré libre, por si me surge algo. El fin de semana reactivaré mi vida social, todavía me queda agenda y la semana que viene ya habrán vuelto casi todos.

Busco en la cocina el teléfono del Telepizza más cercano. No lo encuentro. Abro la nevera pero por mucho que me empeñe no puedo cocinar nada decente. Y tengo hambre. Enciendo el portátil y busco su web.

Mientras acoto la búsqueda a mi código postal voy minimizando los pop-up que me van apareciendo. Tengo que aprender a bloquear el spam y toda esta basura.

Marco el número de teléfono y me pido una “prosciutto” mientras cierro la ventana del navegador. En el escritorio de mi portátil queda una última ventana abierta. Unos llamativos dibujos enmarcados por letras chinas invitan a conocer tu futuro según el zodiaco chino. Tengo 30 minutos hasta que traigan mi cena y nada que hacer así que introduzco el día, el mes y el año de nacimiento… mi horóscopo chino es:

DRAGÓN. Imaginativo, inteligente y ambicioso. Se siente especialmente motivado por la búsqueda de la perfección y por lo ideal. La serpiente, tu signo complementario, está a punto de entrar en tu vida. Un desconocido dispuesto a envolverte en sus brazos te hará vivir una aventura que ayer mismo no podías ni imaginar.

Seguro, y además se parecerá a Brad Pitt.

Cierro esta última ventana y apago el ordenador. Me tomaré una cerveza mientras llega. Ya empezaré mañana con la vida sana.

Llaman al telefonillo y abro sin contestar. No espero a nadie más. Mientras el ascensor sube hasta mi piso preparo el dinero para pagarle. Se abren las puertas y el repartidor con camiseta roja se acerca hacia mí mientras abre la bolsa térmica.

         Son 13,50 – me alarga el envase de cartón mientras me inspecciona de arriba abajo.

         Quédate con el cambio – le doy 15. Llevo pantalones cortos y camiseta de tirantes, y creo que no me he peinado en todo el día.

         ¡Gracias! – me sonríe. Tiene una sonrisa seductora, y lo debe saber.

Se da media vuelta y lo observo mientras camina hacia el ascensor. Una serpiente tatuada se enrosca por detrás de la oreja y baja hacia su cuello. Cierro la puerta.

– ¡A la mierda mi dieta!

ODIO

¿Qué es lo que hace que una persona que no te conoce te odie? Y todos sabemos que eso pasa, ese vecino que cuando se cruza contigo en la escalera gira la cabeza para no saludarte, eso con suerte, están los que te miran mientras arrugan la boca en un gesto mitad asco mitad superioridad, y mientras saludas por mileava vez haciendo gala de la buena educación que te dieron tus padres, recibiendo como mucho un gruñido por respuesta te preguntas en que otra vida (porque en esta no consigues recordarlo) le mataste el canario en sus narices, o le llenaste el buzón de basura, o le quemaste la ropa tendida…

Porque ese vecino que lleva ignorándome desde hace años, desde que se mudó a la finca, (encima yo llegué primero), no me conoce, no sabe que seguro voto lo contrario que él (por la gomina que lleva digo), ni que música me gusta, ni mis autores preferidos, si soy vegetariana estricta o me gustan las vísceras…

Y se que no le puedo caer bien a todo el mundo, lo se, pero reconozco que no me gusta que no me devuelvan la sonrisa, sobre todo antes del primer café.